Puente admite una “posibilidad innegable” de un defecto en la vía tras el accidente de Adamuz
Apenas tres días después del grave siniestro ferroviario de Adamuz, que involucró a un tren de alta velocidad de Iryo y a un Alvia de Renfe, el ministro de Transportes Óscar Puente ha puesto palabras a una de las hipótesis que hasta ahora se manejaban con cautela: las marcas de rozadura halladas en las ruedas del convoy accidentado podrían estar vinculadas a un problema en la vía. No se trata, subrayó Puente, de una conclusión técnica, pero sí de una posibilidad que ya no puede descartarse.
“Estamos ante un problema seguramente más complejo de lo que podemos imaginar”, afirmó el ministro en una comparecencia desde el Ministerio, en la que insistió en evitar especulaciones prematuras, y en compañía de de Ángel García de la Bandera, director de Tráfico de Adif, y José Alfonso Gálvez, director de Operaciones de Renfe. El reconocimiento de que los denominados “mordiscos” en los sistemas de rodadura del Iryo pueden tener su origen en la infraestructura supone, no obstante, un punto de inflexión en el relato oficial: por primera vez, el propio titular de Transportes admite públicamente que el foco de la investigación no se limita al tren ni a una eventual incidencia puntual.
Uno de los elementos que más peso está ganando en las pesquisas es que marcas similares a las del Iryo accidentado han sido detectadas en al menos otros tres trenes que circularon previamente por ese mismo punto de la línea Madrid-Sevilla. Este dato, confirmado por el propio Puente, introduce la variable inquietante de que, si las señales de rozadura se repiten, la hipótesis de un defecto localizado en la vía cobra mayor relevancia.
Aun así, el ministro fue explícito al marcar distancias con cualquier conclusión precipitada. “Sería muy aventurado decir que las marcas existentes en los bogies suponen automáticamente un defecto en la infraestructura”, afirmó, recordando que ni siquiera los técnicos de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) han cerrado aún un diagnóstico. El hecho de que las marcas aparezcan en el lado izquierdo y no en el derecho del tren implican, según Puente, un análisis más complejo.
📺 TV en DIRECTO | Puente: "No tenemos en este momento la respuesta, si es causa o efecto. Hay que delimitar si ese es el primer punto en el que se producen los hechos que dan lugar al descarrilamiento" https://t.co/WnS6IktG9W pic.twitter.com/PrnnSElWhL
— EL PAÍS (@el_pais) January 21, 2026
Segundos decisivos y un choque casi simultáneo
Desde Adif, el gestor estatal de la infraestructura, se ha defendido que el tramo de Adamuz había sido renovado en mayo y sometido a varias inspecciones posteriores, la última en noviembre, sin que se detectaran anomalías relevantes. El propio ministro ha descartado, por ahora, que el accidente pueda atribuirse a una falta de inversión, a obsolescencia de la red o a un déficit de mantenimiento.
Sin embargo, si la infraestructura estaba revisada y cumplía los estándares, pero aun así aparecen indicios que apuntan a un posible defecto en la vía, la investigación deberá aclarar si se trata de un fallo sobrevenido, de un problema difícilmente detectable o de una interacción inesperada entre la vía y el material rodante.
Puente también ha aportado un dato clave para contextualizar el accidente. El tiempo transcurrido entre el descarrilamiento de los vagones de cola del Iryo y el impacto con el Alvia que circulaba en sentido contrario fue inferior a nueve segundos. Esta precisión pretende explicar por qué el maquinista del Iryo, en las primeras comunicaciones con el centro de control, hablaba de un “enganchón” y no era consciente de la colisión.
Según el ministro, cuando el tren se detuvo y el maquinista alertó de la incidencia, el choque ya se había producido más atrás, fuera de su campo de percepción, en un contexto de oscuridad total. Este elemento es relevante para entender la secuencia de decisiones operativas y las comunicaciones que ahora están siendo analizadas con lupa.
Transparencia, prudencia y presión política
Más allá de los aspectos técnicos, la comparecencia de Puente tuvo un claro componente político. El ministro se comprometió a dar explicaciones en el Congreso, a acompañar a las víctimas y a no eludir responsabilidades. “No me voy a esconder”, aseguró, consciente de que el accidente abrirá un debate intenso sobre la seguridad ferroviaria, el mantenimiento de la red y el impacto del aumento del tráfico tras la liberalización del sector. Vox ya reclama su dimisión, y el PP comienza a emitir síntomas de querer resquebrajar la tregua política implícita que se instaló después de conocerse la tragedia.
Al mismo tiempo, Puente pidió separar ese debate estructural de las conclusiones concretas sobre Adamuz. La investigación sigue abierta y deberá determinar si las marcas en las ruedas son causa o consecuencia del descarrilamiento, y si el origen del siniestro está en la vía, en el tren o en una combinación de factores.
El reconocimiento de que un defecto en la vía es una “posibilidad innegable” no prejuzga el resultado final de la investigación, pero sí marca un cambio de tono. El Gobierno admite así que la hipótesis de la infraestructura ya no es marginal y que deberá ser examinada.
Más allá de las responsabilidades que puedan derivarse, el accidente de Adamuz obliga a revisar con profundidad los sistemas de control y prevención. La verdad técnica aún está por llegar, pero el propio ministro ha dejado claro que el foco ya no puede limitarse a una sola pieza del engranaje ferroviario. @mundiario


