Lo que revela la caja negra: Adif y el maquinista de Iryo desconocían el choque fatal con el Alvia
El análisis de las grabaciones extraídas de la llamada “caja negra” del tren Iryo 6189 arroja luz sobre uno de los aspectos más inquietantes del accidente ferroviario de Adamuz: durante un intervalo decisivo, ni el maquinista del convoy descarrilado ni el centro de control de Adif en Atocha sabían que el Alvia de Renfe ya había impactado contra los últimos vagones del Iryo.
Esa falta de conciencia compartida sobre la magnitud real del siniestro marca el relato técnico de los hechos y condiciona la interpretación de lo ocurrido en los segundos posteriores al descarrilamiento.
Las conversaciones, adelantadas por elDiario.es, muestran una secuencia progresiva de comprensión del incidente. En el primer contacto, el conductor del Iryo informa de un “enganchón” y de que el tren ha quedado bloqueado. El tono es calmado, acorde con un escenario que, en ese momento, se percibe como una incidencia aún por evaluar.
El propio maquinista explica que ha bajado los pantógrafos y solicita permiso para abandonar la cabina y revisar la situación, tal y como establecen los protocolos de seguridad. No hay, en ese instante, referencia alguna a un descarrilamiento grave ni a la invasión de la vía contraria.
Ese primer intercambio es relevante porque refleja un diagnóstico incompleto, compartido también por el centro de mando. Desde Atocha se actúa como ante una avería o un incidente de circulación, no como frente a una emergencia de alto riesgo sistémico. La información disponible en ese momento no permite anticipar que varios coches del tren han salido de la vía ni que se ha generado un peligro inmediato para otros convoyes.
Es en la segunda llamada cuando el escenario cambia de forma abrupta. El maquinista comunica de manera explícita que se trata de un descarrilamiento y que su tren está invadiendo la vía contigua. El tono se vuelve urgente y aparecen nuevos elementos: un incendio en uno de los coches y la existencia de heridos.
Ante esa advertencia, el conductor pide de forma directa la interrupción inmediata del tráfico ferroviario. La respuesta del centro de control —“no hay ningún tren llegando”— sintetiza el núcleo del problema: el sistema no detecta, o no transmite en ese momento, la presencia del Alvia que ya había colisionado segundos antes con los vagones del Iryo.
Ese desfase temporal y operativo es uno de los puntos más delicados que deberán analizar los investigadores. El choque entre ambos trenes se produjo apenas unos 20 segundos después del descarrilamiento inicial, en un tramo recto y renovado de la línea Madrid-Sevilla, por el que ambos convoyes circulaban a velocidades cercanas a los 200 kilómetros por hora, dentro de los límites permitidos.
Según la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF), el Iryo habría recorrido alrededor de 500 metros fuera de la vía antes del impacto del Alvia, un dato que subraya la rapidez con la que se desencadenó la tragedia.
EXCLUSIVA | El audio de la llamada del maquinista del Iryo al centro de mando tras el descarrilamiento: “He sufrido un enganchón a la altura de Adamuz” https://t.co/Z5BlQypiua pic.twitter.com/GAFPciRiqQ
— elDiario.es (@eldiarioes) January 20, 2026
Las grabaciones no son concluyentes sobre las causas últimas del descarrilamiento, pero sí aportan información clave sobre la gestión del riesgo en tiempo real. La investigación se centra ahora en el vagón número 6 del Iryo, el primero en descarrilar, y en la posibilidad de un fallo técnico del tren o de la infraestructura.
Al mismo tiempo, se analizará cómo fluye la información entre los sistemas de detección, el centro de control y los maquinistas cuando se produce una situación extrema en una línea de alta capacidad.
El maquinista actúa conforme a lo que ve y entiende en cada momento; el centro de mando responde en función de los datos de los que dispone. El resultado, sin embargo, es que durante un breve pero decisivo intervalo nadie tiene una visión completa del peligro ya materializado. @mundiario


