En el periodismo, lo mejor está por llegar, y más pronto que tarde, sin duda
No es un canto a la esperanza, es algo más, es la conclusión a la que llego tras observar, estudiar e investigar sobre la profesión en los últimos diez años.
¿Está lo mejor por llegar en el periodismo? Probablemente, sí. Y no es un canto a la esperanza, es algo más, es la conclusión a la que llego tras observar, estudiar e investigar sobre la profesión en los últimos diez años.
Que los buenos periodistas llevan dentro la “buena pluma”, la ironía, el talante y el talento podemos intuirlo. Si a esas cualidades le añadimos una impecable formación académica tendremos ante nosotros un magnífico comunicador. Pero la mayoría de las veces todo eso queda anulado por la presión que ejerce sobre ellos el día a día en las redacciones, por las voluntades de ciertas líneas de trabajo o por la propia autocensura personal al intentar no ser políticamente incorrecto.
Pues lo dicho. Actualmente y con tendencia al alza, los canales de comunicación se multiplican, los modelos de información se despliegan y la interacción empieza a ser constante. Un periodista por sí mismo puede conocer el alcance de su trabajo, las opiniones de “sus” receptores de forma individual, y lograr, por fin, poner en valor su trabajo, su talento o su profesionalidad. En definitiva, convertirse en referencia y ser accesible sin necesidad de una cabecera que lo ampare.
Recuperamos al antiguo “gacetero” y al periodista de sucesos, recuperamos la esencia de la información confidencial, y todo en pleno siglo XXI porque a los modelos de comunicación, que están inventados y son maravillosos les añadimos nuevos medios. Hoy en día un periodista dispone de infinidad de de vías y canales para publicar su trabajo en todo el mundo y al mismo tiempo cumplir con el artículo 20 de la Constitución Española según el cual todo ciudadano tiene derecho a ser informado.
Sin abandonar las claves del buen periodismo, el comunicador profesional encontrará su público, generará su comunidad y su trabajo destacará entre el “ruido”.
Porque todos cantamos, pero hay cantantes profesionales, todos cocinamos, pero hay cocineros profesionales. Y sí, todos opinamos y contamos historias, pero existen los profesionales también, periodistas que de ahora en adelante no precisan de ninguna empresa, grupo o canal para demostrar su talento y su valía.
Creo que entre tanto ruido, el comunicador profesional que haga un buen trabajo, independientemente de su faceta como “opinador” destacará siempre, y lo más importante y necesario es que la sociedad será capaz de valorarlo. Será entonces cuando ese valor intangible se transforme en tangible y los periodistas puedan vivir de su profesión. Eso es lo que está por llegar, pero más pronto que tarde, sin duda.
Adjunto este enlace como ejemplo. Es sólo el comienzo.