El móvil y la impaciencia, los grandes enemigos del peatón en la ciudad
Caminar debería ser el gesto más sencillo y seguro de la vida urbana. Sin embargo, en las ciudades españolas se ha transformado en una actividad de alto riesgo, marcada por una combinación tan cotidiana como peligrosa: el teléfono móvil y la impaciencia. Los datos lo confirman con crudeza. El atropello es ya la principal causa de muerte por siniestros de tráfico en zonas urbanas y, detrás de muchos de estos accidentes, no hay grandes imprudencias espectaculares, sino hábitos normalizados que pasan desapercibidos.
El último estudio sobre el comportamiento del peatón en los cruces, presentado en una jornada técnica de la Dirección General de Tráfico, inaugurada por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, dibuja un retrato inquietante. Uno de cada tres peatones reconoce que no presta la atención necesaria al cruzar pasos señalizados. No se trata solo de despistes puntuales: el uso del móvil mientras se camina se ha integrado en la rutina diaria hasta el punto de que más de un tercio de los peatones lo utiliza incluso cuando cruza con semáforo.
La paradoja es evidente. La percepción del riesgo es alta —el 86% admite que el móvil reduce la atención—, pero esa conciencia no se traduce en conductas más seguras. Leer mensajes, contestar una llamada o mirar la pantalla unos segundos se percibe como algo inocuo, cuando en realidad puede ser la diferencia entre llegar a casa o acabar en urgencias.
A esta distracción tecnológica se suma otro ingrediente igual de humano: la prisa. Cruzar en rojo “solo un momento”, atajar fuera del paso de peatones o asumir que “aquí nunca pasa nada” son decisiones que se repiten a diario. El resultado es un paisaje urbano en el que el peatón, teóricamente el eslabón más protegido, se expone de forma constante al peligro.
El móvil como extensión del cuerpo
El estudio confirma lo que cualquiera puede observar en la calle: el teléfono se ha convertido en una prolongación del cuerpo. Un tercio de los peatones lo usa mientras camina y más del 35% lo mantiene activo incluso al cruzar un paso regulado por semáforos. La acción más frecuente son las llamadas, seguida de la lectura de mensajes. No se trata de mirar vídeos o redes sociales durante minutos, sino de microinteracciones que fragmentan la atención justo en el momento más crítico.
Esa distracción es especialmente peligrosa en entornos urbanos complejos, donde confluyen coches, bicicletas, patinetes y autobuses. Basta una fracción de segundo para no percibir un vehículo que se aproxima o un semáforo que cambia.
Impaciencia y falsa confianza
La impaciencia actúa como catalizador del riesgo. Un 38% de los peatones reconoce que cruza en rojo de forma frecuente u ocasional y casi la mitad admite que no siempre utiliza los pasos habilitados. A menudo, estas conductas se justifican por la familiaridad con la zona. Conocer el barrio genera una falsa sensación de control que reduce la percepción del peligro real.
Esa confianza excesiva explica por qué muchos accidentes ocurren en trayectos cotidianos: el camino al trabajo, al supermercado o al centro de salud. Lugares conocidos donde la guardia se baja.
Pasos de peatones: necesarios pero insuficientes
Los peatones aprueban los pasos de peatones, pero con matices. Aunque la valoración media es notable, cuatro de cada diez consideran que su seguridad es mejorable. La visibilidad sigue siendo uno de los grandes problemas: solo la mitad cree que los cruces están suficientemente bien señalizados. De ahí la demanda casi unánime de zonas de despeje que eliminen obstáculos visuales antes y después del cruce.
El mensaje es claro: la infraestructura importa, pero no puede compensar por sí sola comportamientos de riesgo normalizados.
Mayores, los más vulnerables
Los datos de siniestralidad añaden una dimensión emocional difícil de ignorar. En 2024 murieron 207 peatones en vías urbanas y el 65% eran mayores de 65 años. Personas que, en muchos casos, no habían cometido ninguna infracción. Caminar despacio, tener menos capacidad de reacción o simplemente necesitar más tiempo para cruzar convierte a los mayores en víctimas especialmente expuestas en ciudades diseñadas para la velocidad.
¿Campañas o sanciones?
Siete de cada diez peatones apoyan campañas informativas sobre el uso del móvil al cruzar y dos de cada tres ven con buenos ojos que se sancione esta conducta. La sociedad empieza a asumir que mirar el teléfono al cruzar no es un gesto inocente, sino una imprudencia con consecuencias potencialmente mortales.
Las experiencias de ciudades como Madrid o Bilbao muestran que reducir la velocidad, ampliar aceras y priorizar al peatón salva vidas. Pero el cambio no es solo urbanístico, también cultural. Mientras la prisa y la pantalla sigan gobernando los desplazamientos a pie, la ciudad seguirá siendo un espacio hostil para quien simplemente quiere caminar. @mundiario

