Somos eternos viajeros de un tiempo presente, esclavos de un reloj que avanza...
Sueños que nos esperan al girar la próxima esquina y oportunidades que aún no están escritas. Nuevo relato de esta colaboradora.
Sueños que nos esperan al girar la próxima esquina y oportunidades que aún no están escritas. Nuevo relato de esta colaboradora.
Lo recuerdo. De hecho, creo que sería imposible olvidarlo el resto de mi vida. Me estrujaste entre tus brazos, en silencio, como solías hacer los días que hacías nuestros. Me estrujabas tanto que te sorbía a instantes, dos minutos en los que pude reproducir nuestra historia, llena de altibajos y recorridos de montaña rusa.
Imaginé nuestra estúpida idea de hacernos nuestros el resto de la vida, el buscarnos y reencontrarnos.
Pero los reencuentros y las despedidas son ciclos. Esos ciclos de amor que a veces, no terminan cerrándose. Y quizás no los cerramos porque sabemos que volvemos para encontrarnos.
Somos eternos viajeros de un tiempo presente, esclavos de un reloj que avanza y moribundos de almas que aman.
Reencuentros que vuelven a recordarnos momentos pasados, que nos confirman por qué nos fuimos y por qué caminamos.
Miradas que nunca acaban, llamas que ya no se apagan y estrechas manos que no quieren soltarse jamás.
Sueños que nos esperan al girar la próxima esquina y oportunidades que aún no están escritas. Pocas palabras para tantos sentimientos que anidan dentro del alma.
Que aman, que amamos mientras somos los eternos viajeros de un tiempo presente.