España arde: las causas detrás de los megaincendios y el eterno epicentro en Ourense, Zamora y León

La segunda ola de calor del verano, con temperaturas que rozan los 45 grados centígrados, agrava la situación y la Aemet ya la califica de histórica: no hay precedentes de un periodo tan cálido en España en agosto.
Camión de bomberos de la UME. / @UMEgob
Camión de bomberos de la UME. / @UMEgob

Tres muertos, cuatro heridos en estado crítico, tres graves, casi 10.000 evacuados y miles de personas confinadas. Esa es la fotografía humana y dramática de una crisis ambiental que, año tras año, se repite con intensidad creciente. España arde de norte a sur, con especial virulencia en el noroeste peninsular, y las provincias de Ourense, Zamora y León vuelven a situarse en el epicentro de las llamas.

A última hora del martes, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunció que el Gobierno había solicitado a la Unión Europea un módulo con dos aviones Canadair —capaces de descargar 5.500 litros de agua cada uno— para reforzar la lucha contra el fuego. La petición llegó horas después de que Alberto Núñez Feijóo reclamase al Ejecutivo actuar con mayor rapidez. El destino de estos medios aún no se ha concretado, pero el criterio del Ministerio es enviarlos “donde sea prioritario”.

Unas 10 comunidades autónomas luchan contra focos activos. Las evacuaciones masivas, cortes de carreteras y trenes, el colapso de servicios básicos como el suministro eléctrico o de agua, y la pérdida de viviendas, ganado y masa forestal dibujan un mapa de devastación. La segunda ola de calor del verano, con temperaturas que rozan los 45 grados centígrados, agrava la situación. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ya la califica de histórica: no hay precedentes de un periodo tan cálido en España entre el 1 y el 20 de agosto.

A este calor extremo se suman tormentas secas, capaces de generar nuevos focos mediante rayos, y un riesgo extremo de incendio que tiñe de rojo la práctica totalidad del país. Según el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales, en lo que va de 2025 se han calcinado 105.106 hectáreas, más del doble de lo que ardió en todo 2024, aunque aún lejos de los dramáticos registros de 2022.

El patrón que se repite: Ourense, Zamora y León

El fenómeno no es nuevo. En la última década, Castilla y León ha perdido más de 195.000 hectáreas en 13.600 incendios, con Zamora como una de las provincias más golpeadas —en 2022 se quemó un 6 % de su superficie—. Pero el caso más dramático es el de Ourense: desde 2015, ha concentrado más de la mitad de las hectáreas quemadas en Galicia, superando los 43.000 incendios y 230.000 hectáreas arrasadas desde el año 2000.

No es únicamente el cambio climático el que explica esta recurrencia. La combinación de veranos secos y calurosos, abundancia de especies inflamables como eucaliptos y pinos, un relieve montañoso que canaliza el viento, y la fragmentación de la propiedad rural conforma un escenario ideal para que el fuego se propague con rapidez.

Como señalan expertos en biología y ecología, no toda vegetación arde igual. La forestación masiva con pinos y eucaliptos desde mediados del siglo XX ha incrementado la carga de combustible en la mitad occidental de la península. Estas especies arden con facilidad y se regeneran rápidamente, perpetuando el ciclo del fuego.

El abandono rural también es clave. La despoblación y el cese de actividades agrícolas y ganaderas han eliminado cortafuegos naturales, permitiendo que el bosque gane terreno y cree una continuidad vegetal que facilita incendios de gran extensión. Menos pastoreo significa más matorral; menos actividad humana, menos prevención.

Olas de calor y “sequía térmica”

El cambio climático amplifica este problema. Los expertos describen un fenómeno conocido como sequía térmica o flash drought, en el que el calor extremo deseca la vegetación en cuestión de días, incluso sin falta prolongada de lluvias. Este año, además, una primavera lluviosa ha generado abundante vegetación que, al secarse, se convierte en combustible instantáneo.

Aunque la coincidencia de decenas de fuegos pueda sugerir conspiraciones, los especialistas descartan cualquier red coordinada de pirómanos. Cuando el calor, la sequedad, el viento y la topografía se alinean, las igniciones —por negligencias agrícolas, rayos o causas accidentales— pueden multiplicarse en pocas horas. @mundiario

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