EE UU investiga el motivo tras el ataque en Washington a manos de un afgano que trabajó para la CIA

Dos efectivos de la Guardia Nacional fueron emboscados por un refugiado afgano que había trabajado con la agencia de inteligencia durante la guerra contra los talibanes, hasta la retirada ordenada por la Casa Blanca.
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House.
Donald Trump, presidente de EE UU. / White House.

El ataque perpetrado en vísperas del Día de Acción de Gracias contra dos miembros de la Guardia Nacional en Washington ha puesto a los servicios de seguridad estadounidenses ante una prioridad: entender qué llevó a Rahmanullah Lakanwal, un hombre afgano de 29 años con pasado de colaboración militar con EE UU, a abrir fuego a pocas calles de la Casa Blanca.

El caso, aún en fase preliminar de investigación, no solo ha despertado alarma institucional, sino que ha reavivado tensiones políticas sobre la admisión de refugiados tras la desastrosa retirada de Afganistán.

El FBI, a través de su Fuerza de Tarea Conjunta contra el Terrorismo (JTTF), lidera la investigación para esclarecer el móvil del ataque. Los primeros elementos apuntan a un escenario premeditado —los oficiales lo calificaron como una “emboscada”—, lo que orienta las pesquisas hacia posibles motivaciones ideológicas, personales o relacionadas con su trayectoria militar. Esta línea de análisis intenta separar los hechos de las reacciones políticas inmediatas, especialmente tras las declaraciones del presidente Donald Trump, quien definió el atentado como un “acto de terror” y vinculó el caso con controversias sobre inmigración.

La identidad de Lakanwal ha sido uno de los puntos más sensibles de la investigación. De acuerdo con autoridades de seguridad y testimonios de familiares, el atacante sirvió durante diez años en el ejército afgano y colaboró con fuerzas especiales estadounidenses en Kandahar. Según declaraciones del director de la CIA, John Ratcliffe, en Fox News, formó parte de una “fuerza asociada” durante la guerra contra los talibanes, realizando tareas de apoyo operativo y, en algunos casos, entrenamientos con personal estadounidense.

Este perfil lo convirtió en beneficiario del programa Operation Allies Welcome, una iniciativa implementada tras la retirada militar estadounidense en 2021 para evacuar y reasentar a miles de afganos en riesgo. La deportación de personal colaborador habría supuesto represalias del régimen talibán, lo que impulsó su admisión en territorio estadounidense. Una vez establecido, Lakanwal habría llevado una vida aparentemente estable: no registraba antecedentes criminales y trabajaba para Amazon.

Primeras hipótesis: radicalización, trauma y antecedentes militares

El ataque se produjo en una zona comercial muy transitada, a pocos bloques de la Casa Blanca y junto a una estación de metro. Tras los disparos, la residencia presidencial entró en protocolo de seguridad preventivo. Los soldados heridos, un hombre y una mujer desplegados en Washington como parte de una misión de seguridad ordenada por el gobierno federal, fueron hospitalizados y sometidos a cirugía. El agresor fue detenido tras responder al fuego y presenta heridas que no amenazan su vida, según las autoridades.

La respuesta del Ejecutivo fue inmediata: el secretario de Defensa anunció el envío de 500 efectivos adicionales de la Guardia Nacional, elevando el contingente ya movilizado en la capital. La medida fue construida como un paso “de urgencia” para evitar que el incidente tenga réplicas y fortalecer la presencia militar en áreas clave.

En esta etapa, la prioridad para el FBI no es únicamente el vínculo de Lakanwal con las instituciones militares estadounidenses, sino la reconstrucción de su estado psicológico, sus redes personales y posibles señales previas de radicalización. Las autoridades se concentran en revisar sus interacciones digitales, comunicaciones recientes y, sobre todo, la transición entre su pasado operativo y su vida civil en EE UU.

Investigadores especializados advierten de que el historial de colaboración con agencias estadounidenses no implica un perfil predecible. Excombatientes y colaboradores afganos han experimentado desplazamientos, rupturas sociales, traumas y dificultades de integración que no siempre son visibles en los registros migratorios.

A ello se suma un factor complejo: el silencio institucional en torno a las misiones encubiertas en Kandahar, especialmente aquellas relacionadas con unidades paramilitares operadas en conjunto con la CIA. La opacidad documentada sobre este tipo de operaciones dificulta contextualizar cómo estas experiencias pueden influir en la salud mental o la conducta posterior de los colaboradores.

El Departamento de Seguridad Nacional no incluyó otros detalles de su registro de inmigración, pero un funcionario de la administración Trump que habló bajo condición de anonimato dijo que Lakanwal solicitó asilo en diciembre de 2024 y fue aprobado el 23 de abril de este año, tres meses después de que Trump asumiera la presidencia.

La investigación y las reacciones políticas: dos velocidades distintas

Mientras el FBI se concentra en motivaciones verificables, el ámbito político ya ha producido consecuencias tangibles. Minutos después del incidente, Trump exigió revisar a todos los refugiados afganos admitidos bajo la Administración Biden y calificó la inmigración como “la mayor amenaza de seguridad nacional”. Su vicepresidente, J.D. Vance, respaldó esta tesis, utilizando el ataque como argumento para reforzar la agenda de deportaciones.

El Departamento de Ciudadanía e Inmigración anunció la suspensión indefinida de solicitudes de residencia de ciudadanos afganos, alegando la necesidad de revisar protocolos de seguridad y su respectivo veto. Este paso administrativo, ejecutado de forma inmediata, ha creado incertidumbre para miles de solicitantes cuyo estatus legal dependía de trámites ya iniciados. Los críticos señalan que la respuesta ha sido reactiva y generalizada, afectando a individuos sin relación con el caso.

El ataque adquiere una dimensión singular porque fue dirigido contra miembros uniformados de la Guardia Nacional en territorio estadounidense, fuera de un contexto de conflicto o protesta. La rareza del hecho refuerza la necesidad de entender si la motivación del agresor responde a un patrón o a un caso aislado. @mundiario

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