Los talibanes desafían a Trump y rechazan el regreso de EE UU a la base aérea de Bagram

Kabul adelanta que ceder territorio está “fuera de discusión” e insta a la Casa Blanca a ceñirse a los Acuerdos de Doha, que establecieron su retirada, mientras el presidente amenaza con represalias si no se cumple su exigencia.
El secretario de Estado, Marco Rubio, el presidente de EE UU, Donald Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth. / White House
El secretario de Estado, Marco Rubio, el presidente de EE UU, Donald Trump y el secretario de Defensa Pete Hegseth. / White House

El nuevo pulso entre Washington y Kabul gira en torno a la histórica base aérea de Bagram, símbolo de la presencia militar estadounidense en Afganistán durante dos décadas. Las declaraciones del presidente Donald Trump, quien exige la devolución de la instalación, han provocado una respuesta inmediata de los talibanes. Estos recuerdan a EE UU los compromisos adquiridos en el Acuerdo de Doha, que demandaban la retirada estadounidense, y alertan contra cualquier intento de “repetir errores del pasado”.

El comunicado oficial del Emirato Islámico fue categórico: “La independencia y la integridad territorial de Afganistán son prioridades absolutas”. El mensaje busca reforzar la idea de que, pese a su difícil situación económica y de gobernabilidad, el régimen talibán no está dispuesto a aceptar ningún retorno de fuerzas extranjeras. Esta postura fue respaldada públicamente por el jefe del Estado Mayor del Ministerio de Defensa, Fasihuddin Fitrat, quien declaró que “ceder incluso una pulgada de nuestro suelo es imposible”.

Trump, por su parte, ha elevado la presión en un tono que recuerda su estilo de negociación más agresivo. A través de su plataforma Truth Social, advirtió: “Si Afganistán no devuelve la base aérea de Bagram a quienes la construyeron, los Estados Unidos de América, ¡PASARÁN COSAS MALAS!”. Aunque no detalló qué acciones tomaría, dejó entrever que no descarta ninguna opción y reiteró que quiere la base “de inmediato”. 

A pesar de las afirmaciones del mandatario, la base aérea de Bagram, ubicada en la provincia de Parván, al norte de Kabul, fue construida originalmente por la Unión Soviética durante la década de 1950 y ampliada en los años 1970. El complejo se utilizó principalmente como base militar estratégica durante la invasión soviética en los años 80.

El presidente sostiene que recuperar Bagram es clave para la seguridad de EE UU, no solo por su valor estratégico —a 60 kilómetros de Kabul y en un punto neurálgico para operaciones en Asia Central—, sino también como símbolo de rectificación tras lo que ha calificado como la “catastrófica retirada” de las tropas en 2021 bajo el mandato de Joe Biden. En sus declaraciones, Trump ha insistido en que “ellos necesitan cosas de nosotros”, sugiriendo que podría usar incentivos económicos o diplomáticos para forzar una negociación.

El problema para Washington es que la posición de los talibanes no se limita a una negativa retórica. Desde su regreso al poder, han usado Bagram como escaparate de su victoria, incluso celebrando el tercer aniversario de su toma con un despliegue militar de equipo abandonado por la coalición internacional. Permitir el regreso de tropas estadounidenses sería, para el Emirato Islámico, un golpe a la narrativa de soberanía que ha tratado de consolidar en el país, hacia su base de apoyo y hacia la población reprimida.

Más allá de las advertencias, las declaraciones de Trump abren interrogantes sobre su estrategia exterior en un eventual segundo mandato. ¿Sería viable reabrir una presencia militar en Afganistán sin desatar una escalada de violencia? ¿O se trata más bien de un gesto político dirigido a mostrar firmeza en la política exterior frente a China, como comentó? La ausencia de detalles concretos sobre las supuestas conversaciones con Kabul sugiere que, por ahora, la iniciativa está en fase de presión pública.

El Acuerdo de Doha de 2020, que sentó las bases para la retirada de las tropas, es otro punto de fricción. Los talibanes insisten en que Estados Unidos se comprometió a no usar la fuerza ni amenazar la integridad territorial del país. Reabrir el debate sobre Bagram podría ser interpretado por Kabul como una violación directa de ese pacto, lo que dificultaría los esfuerzos para mantener abiertos otros canales de diálogo, como las negociaciones sobre rehenes y los intercambios de prisioneros.

Desde el punto de vista estratégico, Bagram tiene un peso que va más allá de Afganistán. Su posición geográfica lo convierte en una plataforma de proyección de poder hacia Irán, Pakistán y Asia Central. Recuperarla significaría que EE UU volvería a tener una base de operaciones en el corazón de Eurasia, algo que podría alterar el equilibrio regional y la relación con potencias como China y Rusia.

Sin embargo, la amenaza de Trump podría ser también una maniobra de presión para forzar concesiones en otros frentes. Afganistán atraviesa una grave crisis económica y busca activamente aliviar su aislamiento internacional, lo que podría darle a Washington palancas de negociación sin necesidad de recurrir a una intervención directa. @mundiario

Comentarios