Dominica merece una visita más larga que el día que nos concede un crucero

Scott's Head village, Dominica. / AdanaMi
Scott's Head village, Dominica. / AdanaMi

La volcánica isla de Dominica se ha librado el turismo de masas, en gran parte debido a que hay muy pocas playas de arena y no hay vuelos internacionales directos.

Dominica merece una visita más larga que el día que nos concede un crucero

El 3 de noviembre de 1493 era domingo, por tal razón cuando ese día Cristóbal Colón avistó este trozo de tierra lo llamó Dominica (Domingo en latín). La isla fue reclamada por Francia en 1635, siendo misioneros franceses sus primeros habitantes europeos. Fue la última isla del Caribe en ser colonizada debido a su accidentada orografía y a la feroz resistencia de los indios caribes nativos. Por el Tratado de París de 1763 el control de la isla pasó a los británicos, convirtiéndose en una nación independiente en 1978.

Este país insular se encuentra en el centro de la cadena de islas que conforman las Antillas Menores, en el Mar Caribe, entre Guadalupe al noroeste y Martinica al sureste. La isla tiene una superficie de unos 750 kilómetros cuadrados, con una población de poco más de 70.000 habitantes y su capital, Roseau, se asienta en la costa suroccidental.

Dominica es belleza natural. Es el sueño de los buzos y un paraíso para los excursionistas. Es sendero a la aventura y al descubrimiento que la diferencia de cualquier otro destino en el Caribe. Picos volcánicos, aguas hirvientes y manantiales de burbujas bajo el agua. Cascadas que rompen formando espuma y corren en arroyos por la selva tropical. Música, arte y flores. En resumen, es la “Isla de la Naturaleza”.

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