¿Cuál es el origen del accidente del funicular en Lisboa?: las conclusiones de la investigación
El informe preliminar sobre el accidente del funicular de Lisboa, ocurrido el pasado 3 de septiembre y que dejó 16 víctimas mortales, confirma lo que muchos temían: la tragedia fue consecuencia de una cadena de fallos que se acumularon a lo largo del tiempo, tanto en la elección de materiales como en la supervisión y mantenimiento del sistema.
El documento, elaborado por el Gabinete de Prevención e Investigación de Accidentes con Aeronaves y Accidentes Ferroviarios (GPIAAF), revela graves deficiencias en la gestión de Carris, la empresa pública responsable de los funiculares históricos y del resto de la red de transporte urbano lisboeta.
El punto de partida del siniestro fue la rotura del cable de tracción que conectaba las dos cabinas del funicular de la Glória, una pieza clave en su sistema de funcionamiento. Según los investigadores, el cable instalado no estaba certificado para “utilizarse en instalaciones de transporte de personas” ni cumplía las especificaciones exigidas por la propia compañía. Se trataba de un material inadecuado para su uso con pivotes en los extremos, un detalle que debería haber sido detectado durante el proceso de compra.
Fallos en el sistema de frenado
A las irregularidades en la elección del material se suman los fallos en los sistemas de frenado. Ninguno de los frenos —ni el neumático ni el manual— respondió durante el accidente, pese a la rápida reacción del guardafrenos André Marqués, una de las víctimas mortales.
El sistema de emergencia, que se activa cuando se rompe el cable de tracción, que conecta ambas cabinas (se desplazan por contrapeso, de forma que el descenso de una facilita el ascenso de la otra). El día del accidente el sistema se activó y cortó la energía eléctrica, “lo que debería haber tenido como efecto desencadenar un frenado de emergencia para lograr su inmovilización”. Pero eso también falló.
Los peritos del GPIAAF subrayan que “se constató que incluso entre los técnicos más antiguos en el servicio no hay recuerdo en la empresa de haberse testado el freno de emergencia en caso de fallo en el cable”. El mantenimiento del funicular también queda en entredicho. Desde hace más de dos décadas, Carris externaliza estas tareas a empresas privadas, y el informe advierte de que algunas labores registradas como “cumplidas” no coinciden con las efectivamente realizadas.
“Las inspecciones previstas para el día del accidente están registradas como ejecutadas, aunque la investigación tenga evidencias de que no fueron realizadas en el periodo horario indicado en la correspondiente hora de registro”, señala el informe. Los investigadores añaden que la zona donde se produjo la rotura del cable no era accesible a simple vista, lo que dificultaba las revisiones sin desmontar parte de la instalación, una limitación que nunca fue abordada por la compañía.
Los errores ponen en entredicho la seguridad del funicular
La falta de estándares definidos para evaluar el deterioro de componentes mecánicos, excepto en el caso de las zapatas, y la informalidad en el registro de anomalías reflejan un patrón de desatención prolongado. Aunque los guardafrenos mantenían una “buena interacción” con la empresa de mantenimiento y recibían respuestas rápidas ante incidencias, los procedimientos internos de control y documentación resultaron claramente insuficientes.
El informe del GPIAAF, aunque preliminar, plantea una conclusión preocupante: el accidente del funicular de la Glória fue consecuencia de una concatenación de fallos humanos, técnicos y administrativos que erosionaron la seguridad del sistema. La tragedia ha llevado a la suspensión de los ascensores turísticos de la capital portuguesa y a la desmantelación del propio funicular, inaugurado en 1885, símbolo histórico de Lisboa.
Mientras se esperan las conclusiones finales de la investigación, el caso reabre el debate sobre la sostenibilidad y seguridad del patrimonio de transporte público en las ciudades europeas, donde la modernización de infraestructuras antiguas se enfrenta al reto de preservar la tradición sin comprometer la vida de los usuarios. @mundiario





