¿Conoce la sociedad la situación de las universidades?

Alfonso III de Fonseca, donde fundó la Universidad de Compostela. / RR SS
Alfonso III de Fonseca, donde fundó la Universidad de Compostela. / RR SS

España tiene muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan y un modelo productivo que, en buena parte, descansa en el empleo de baja cualificación, orientado a economías virtuales más que a economías reales de apreciable valor añadido.

¿Conoce la sociedad la situación de las universidades?

España  se sitúa, en el contexto europeo y mundial, en un puesto poco relevante en materia de educación a todos los niveles. Duplicamos la media europea respecto al porcentaje de jóvenes que no concluyen la enseñanza secundaria y lo mismo sucede respecto al paro juvenil. Tenemos muchos jóvenes que ni estudian ni trabajan y un modelo productivo que, en buena parte, descansa en empleo de baja cualificación, orientado a economías virtuales más que a economías reales de apreciable valor añadido.

Por otra parte,  existe un importante desequilibrio entre el número de estudiantes/titulados universitarios y los que están estudiando o  poseen una titulación de  enseñanza profesional. Muchos de los jóvenes titulados universitarios, normalmente entre los mejor preparados y con buena base de idiomas, tienen que emigrar al no encontrar trabajo  en nuestro país. Ese fenómeno tiene la parte positiva de que pueden incrementar su formación y conseguir una visión más global del mercado de trabajo, pero, al mismo tiempo, estamos perdiendo una parte importante de nuestro capital humano, muy necesario para un progreso sostenido, después de una importante inversión de recursos públicos en su formación. Al mismo tiempo, un porcentaje alto de los titulados universitarios entre los 25 y 35 años trabajan en puestos que están por debajo de sus capacidades.

En fin, la oferta de recursos humanos formados no es acorde con las necesidades del mercado de trabajo, coexistiendo muchas personas jóvenes con déficit de formación y otras muchas con cualificación sobredimensionada para la demanda existente. No hemos tenido una adecuada planificación del número de universidades ni de sus titulaciones. Se ha pensado muy poco en las necesidades y potencialidades del mercado real. Es preciso plantearse si realmente España necesita alrededor de ochenta universidades, entre ellas más del 55%  públicas, con unas plantillas que superan los 85.000 empleados, unos presupuestos que rondan los 7.000 millones de euros y  unos niveles de calidad que posicionan a la mejor universidad española en un puesto 190/200 entre todas las del mundo. En Galicia tenemos tres universidades con siete campus, titulaciones similares que, en un diámetro de 150 Km. llegan a repetirse más de cuatro veces y, al mismo tiempo, varias titulaciones con un déficit de demanda tal que el número de profesores casi iguala al de los alumnos.

Es evidente que urge una reforma realista y consensuada de nuestro sistema educativo, con vocación de permanecer y actualizarse razonablemente a lo largo del tiempo, sin saltos en el vacío de nuevas estructuras/normas educativas que nacen sin haberse desarrollado la que está vigente. Prácticamente una reforma cada cambio de color político  del gobierno. Necesitamos un sistema que priorice un modelo eficiente de formación profesional, especialmente la dual, y que propicie el acceso a los estudios universitarios de las personas que realmente están capacitados para optar a ellos. En todo caso, es fundamental que la reforma  sea elaborada  por expertos educativos con el concurso de representantes de la sociedad, especialmente del mundo empresarial real, que prácticamente nunca ha sido implicado en el diseño de nuestro sistema educativo.

En cuanto a cuestiones más específicas, son claves las ideas de integración y equilibrio. Es necesaria una relación más intensa entre los diferentes niveles de enseñanza. No es posible tener una visión global para generar estrategias universitarias sin tener un conocimiento adecuado y profundo de los otros niveles de educación. Es preciso tener una constante anticipación que permita la actualización dinámica de las titulaciones y un equilibrio sostenido entre docencia e investigación.

Al mismo tiempo, en todo el planteamiento es indispensable destacar la importancia del alumno, principal destinatario de todo el sistema y, a través de él, la importancia de la sociedad,  con especial atención al sistema empresas-entidades-instituciones. Muchas veces prevalecen intereses de los profesores sobre las verdaderas necesidades de la sociedad. Reitero, no cabe ninguna excusa para que universidad y entorno no estén claramente integrados, empezando por los docentes e investigadores que deben tener una clara visión de la situación y expectativas del mundo real. Y, en muchas materias, resulta indispensable la experiencia de  profesores verdaderamente implicados en el mundo real de las empresas.

Otra cuestión fundamental es la dimensión y especialización de las universidades y la conexión adecuada entre universidades públicas y privadas. Deberíamos pensar seriamente en una reorganización que implicaría la especialización de sus campus, evitando duplicidades y, en algunos casos, propiciando fusiones o acuerdos de integración. Esa reorganización puede aconsejar la desaparición de algunas universidades. Desgraciadamente, como en muchas otras infraestructuras, equipamientos y organismos, ha primado el localismo sobre el  necesario rigor y  visión estratégica. No ha prevalecido una actitud de optimización de los recursos disponibles.

Tenemos que reconocer que es muy deficiente el nivel de información de la sociedad respecto a los estudios universitarios, como es también bastante llamativa la absoluta ausencia de  marketing/publicidad sobre lo que produce la universidad. Es preciso informar constantemente de los resultados que se alcanzan en las universidades en todos los aspectos. Al mismo tiempo, es necesario tener “antenas” que permitan detectar la evolución de las necesidades del mercado, tanto de la cualificación especifica de personas formadas que se demandan, como de las líneas de investigación aplicada que deben desarrollarse. Todo ello debe complementarse con análisis comparativos respecto a otras universidades. Es bueno imitar lo bueno y corregir lo malo.

Al mismo tiempo, es preocupante que persistan en la universidad estructuras y funcionamientos en los que prima más la endogamia que una adecuada y productiva integración en el entorno. Un ejemplo típico de disfuncionalidad lo produce, en muchos casos,  el sistema matricial formado entre los  Departamentos y los Centros/Titulaciones que ha sido y es mal utilizado, habiendo producido, en bastantes ocasiones, más inconvenientes que ventajas.

En cuanto al alumnado, las universidades han de ser más realistas respecto al aprovechamiento de  sus  alumnos si realmente pretendemos lograr el nivel que la sociedad  demanda. Para ello, nuestras universidades deberían ser capaces de atraer, seleccionar  y becar a los más capaces, para que algunas titulaciones recuperen el prestigio que tuvieron y las nuevas sean realmente adecuadas para el servicio a su entorno de empresas y entidades. Es preciso ponderar con rigor y seriedad el nivel de méritos vinculados a la formación y aprovechamiento que puedan demostrar los aspirantes a becarios.

En cuanto a la estructuración y contenidos, tanto de los Grados como de los Posgrados, conviene insistir en  el importante desconocimiento mutuo que existe entre los distintos niveles de estudios (Universidad, FP, Bachillerato, Primaria….) y la falta de participación real de la sociedad en la definición de esas estructuras  y contenidos. La definición de los mismos no puede ser fruto de la participación exclusiva de los profesores. En numerosas ocasiones se han decidido titulaciones, estructuras, contenidos o localización de espaldas a los intereses de la sociedad, siguiendo más los intereses políticos de autoridades locales o de algunos  núcleos de poder dentro del profesorado. ¿Cuál ha sido la participación real de la sociedad en las sucesivas reformas del  sistema educativo? ¿Y qué decir, por ejemplo,  de la formación en idiomas y la formación práctica de nuestros titulados universitarios?  Sorprende comprobar cómo algunos titulados universitarios realizan un  módulo de FP para tener más posibilidades a la hora de encontrar trabajo. @mundiario

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