La cepa de Manaos afecta a pacientes entre 19 y 49 años

<p>La cepa de Manaos es 2,5 veces más contagiosa que la cepa original y tiene la capacidad de re-infectar a las personas que ya padecieron la enfermedad</p>
La cepa de Manaos es 2,5 veces más contagiosa que la cepa original.

En Argentina, la cepa de Manaos impulsa un vertiginoso avance de contagios que pueden llegar a colapsar el sistema de salud.

La cepa de Manaos afecta a pacientes entre 19 y 49 años

Los virus, que en latín significa toxina o veneno, son partículas infecciosas muy pequeñas, unas 100 veces más que una célula eucariota típica, que actúan como parásitos, ya que necesitan infectar células de otros organismos vivos (como plantas, animales, bacterias -organismos unicelulares-, hongos, parásitos o incluso al ser humano)  para reproducirse o para completar su ciclo vital, donde utilizarán todos los elementos de la célula huésped (como las proteínas, ribosomas, etc.); de lo contrario mueren. Los virus tienen diferentes formas o tamaños y pueden afectar diferentes tipos de células, por lo que van a producir diferentes enfermedades. Por ejemplo, el virus de la poliomielitis, que en Argentina generó varias epidemias, entre 1936 y 1956, afecta al sistema nervioso y la movilidad, mientras que este coronavirus afecta al sistema respiratorio, muy especialmente a los pulmones.

Estos microorganismos, en su estructura, que es bastante sencilla, tiene un genoma o nucleoide (con ADN o ARN), donde se encuentra toda la información genética -es el manual de instrucciones con sus características o capacidad infecciosa y la forma como se va a multiplicar-, y un envoltorio de proteínas llamado “cápside”. También, pueden presentar, o no, una envoltura (es una bicapa lipoproteica que deriva de la membrana nuclear o de la membrana citoplasmática de la célula infectada u hospedadora ) que es externa a la cápside, y los clasifica en virus envueltos o virus desnudos; los virus envueltos, como es el caso del SARS-CoV-2, son sensibles a los solventes lipídicos, jabones o detergentes.

Como lo expresé, los virus carecen de los elementos necesarios para formar una célula, por ello no pueden multiplicarse por sí solos sino que para hacerlo necesitan infectar la célula de otro organismo vivo. Cuando el virus infecta una célula, se multiplica y luego infectan otras células vecinas y así se extienden por el organismo huésped; durante este proceso pueden realizar cambios (menores o mayores) para mejorar su adaptación al medio en el que se encuentran o para sobrevivir: es entonces cuando decimos que mutan. Esos cambios pueden incluir variaciones en sus proteínas, en la cápsula o alterar su información genética que se encuentra en una molécula de ácido desoxirribonucleico (ADN)  o en una molécula de ácido ribonucleico (ARN).


 

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Los virus ARN tienden más a los cambios en su carga genética y presentan tasas de mutación muy altas, pues carecen de ADN polimerasas, unas enzimas capaces de detectar y corregir los errores durante la copia; estos cambios o mutaciones se dan mientras el virus pasa de una persona a otra; en estos casos, cuando el virus invade a un huésped, este  trata de defenderse; por ejemplo, el ser humano, puede desarrollar anticuerpos que bloquean las proteínas exteriores del virus y así evitan que ingrese a sus células. En este punto, el virus busca evadir a estas defensas o encontrar otros huéspedes donde reproducirse (en cantidad y en velocidad) y, para ello, necesita cambiar sus características o lo que es lo mismo va a mutar nuevamente. Los virus evolucionan constantemente y de forma muy rápida, esto explica lo que sucede con la gripe estacional o el virus de la influenza, donde nos obliga a que la vacunación se realice anualmente.

Dentro de esos cambios existen los pequeños o menores que producen variantes, pero cuando se produce un cambio mayor o sustancial comenzamos hablar de una cepa; cuando se forma una cepa aparece una nueva especie de virus; es decir, la estructura inicial cambia sus proteínas para poder parasitar en aquellos lugares donde antes no podía; en definitiva está sufriendo un proceso de evolución darwiniana. Para explicar este proceso tenemos que recordar al naturalista británico Charles Darwin, quien propuso la "teoría de la evolución biológica por selección natural"; es decir, que las especies cambian a lo largo del tiempo, dan origen a nuevas especies y comparten un ancestro común, sin ninguna intervención divina.

En definitiva, la aparición de un nuevo virus es un proceso de evolución darwiniana donde existe un organismo (en este caso un coronavirus) que no está adaptado a un entorno (el huésped), por lo que apela a la mutación (que es el cambio genético) y a la selección natural (requiere que existan variaciones heredables en un grupo y  favorece a aquellos individuos que mejor se adapten al nuevo huésped), con la que llega a adaptarse al huésped y así producir, o como en este caso extender, una enfermedad.

De este modo, si hablamos del SARS-CoV-2,  podríamos explicar  el surgimiento de la cepa de Manaos que afecta a una franja etaria mucho más numerosa y que no ha sido vacunada, presentando un ambiente favorable para su desarrollo dentro de la denominada segunda ola, y que está ocurriendo en algunas provincias de Argentina con resultados que pueden ser peores a los imaginados (en La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, tres de cada cuatro personas fueron infectadas con esta cepa).

<p>Para cortar el ciclo epidemiológico es necesario mantener la distancia social de 2 a 3 metros, reducir el número de personas en circulación, mantener una ventilación cruzada y constante o ventilar cada una hora.</p>

Personas con mascarilla.

Por citar un ejemplo, según las valoraciones hechas por el Comité de Crisis de la provincia de San Luis, que trabaja en forma conjunta con científicos de la Universidad Nacional de San Luis -UNSL-, y que producen alarma, indican que esta mutación es 2,5 veces más contagiosa que la cepa original y tiene la capacidad de re-infectar a las personas que ya padecieron la enfermedad (en una proporción que varía entre el 25 al 65 %); otros datos, indican que actualmente el 66,12 % de los pacientes que se diagnostican tienen entre 19 y 49 años (algo que en la primera ola no sucedió), advirtiendo que la mayoría de los casos se complican con neumonías bilaterales que requieren de un ingreso hospitalario, y muchos de ellos terminan en terapia intensiva, lo que representa mayores complicaciones, ya que aumenta la necesidad de camas y aparatologia. Además, los cuadros comparativos muestran que en la primera ola de la enfermedad se llegaban a 100 contagios diarios, mientras que actualmente existen semanas con más de 500 y 600 casos, lo que pone en evidencia la difícil situación que atraviesa, en este caso, la provincia de San Luis.

<p>Es importante cortar el circuito epidemiológico de contagios con el fin de evitar males mayores.</p>

Lavado de manos.

Esta cepa, junto a otras variantes que están en circulación, pueden generar nuevas variantes, por lo que es importante cortar el circuito epidemiológico de contagios con el fin de evitar males mayores. A la vez, y como algo lógico, es necesario subrayar que necesitamos actuar a conciencia, cumpliendo con los protocolos y tomando las medidas preventivas que ya fueron puestas en consideración al inicio de la pandemia: lavado de manos con agua y jabón o el uso de alcohol en gel, uso correcto del tapa nariz-boca, mantener la distancia social de 2 a 3 metros, reducir el número de personas en circulación, mantener una ventilación cruzada y constante o ventilar cada una hora. Con esto quiero expresar que debemos tener una mayor responsabilidad individual, que a la vez debe tornarse colectiva; esto no solo ayudará al sistema de salud sino que permitirá que baje la curva de contagios.

Para finalizar, vale tener en consideración que un contacto estrecho tiene que aislarse durante 10 días; esto es muy importante, porque en ese período de tiempo pueden comenzar los síntomas y/o puede contagiar; de allí que las personas que son casos positivos deben declarar sus contactos estrechos. @mundiario

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