Las venas de América Latina siguen abiertas tras la muerte de Eduardo Galeano

El ensayo 'Las venas abiertas de América Latina', publicado por Galeano en 1971, enfatiza la explotación de los recursos naturales de Latinoamérica por parte de los imperios. 

El escritor Eduardo Galeano.
El periodista y escritor Eduardo Galeano.

El ensayo 'Las venas abiertas de América Latina' publicado por Galeano en 1971, enfatiza la explotación de los recursos naturales de Latinoamérica por parte de los imperios. 

Volvemos a Galiza dejando atrás una América Latina que todavía se desangra por sus venas abiertas, como hace 41 años tituló su libro de profundo impacto el periodista y escritor Eduardo Galeano, fallecido hace unos días. La sangre ya no fluye a chorros, pero las venas aún no se han cerrado. ¿Por qué esta situación multisecular? “España tenía la vaca, pero otros tomaban la leche,” denuncia el ensayista uruguayo.

Galeano se remonta a los tiempos de Colón, Cortés y Pizarro, con sus magras  tropas de guerreros y frailes, la cruz en la empuñadura de la espada aunque la técnica en exclusiva: los arcabuces, las culebrinas, los caballeros a lomos de caballos, que los indígenas creían centauros; la catarata incesante de oro y plata, la cual en su mayor parte pasaba del Tesoro de Indias a las bolsas de los prestamistas centroeuropeos, que adelantaban el derroche monetario en “picos, palas y azadones” de las guerras imperialistas.

Porque no España sino primero la doble alianza de Castilla y Aragón, después el Carlos romano-germánico.

No era el francés ni el inglés ni los futuros EEUU. Era la árida y corrompida metrópoli de los “Castillas.”

Galeano se extiende en la escalofriante explotación mineral de la materia prima, vuelta pingüe riqueza para los explotadores que se la llevaban cruzando el océano, la elaboraban y la exportaban: “La diosa Tecnología no habla español,” constata el uruguayo.

Esta es la verdadera cuestión. Los latinoamericanos – y los españoles de la Península – deberían preguntarse por qué al referirnos a América la llamamos Latinoamérica, o Hispanoamérica, y no América Anglosajona a USA y Canadá.

Ellos promovieron la técnica, restablecieron la democracia ya tradicional en ellos y practicaron un imperialismo pragmático.

Aquello del unamuniano “que inventen ellos”, en vez de una arrebatada profesión de espiritualismo, devino una nefasta premonición.

           

Comentarios