Adamuz: las llamadas revelan que 20 minutos después nadie sabía que el Alvia había descarrilado

La cronología oficial difundida por el Ministerio de Transportes muestra que, al menos varios minutos después del accidente ferroviario de Adamuz, Adif y Renfe todavía creían que el Alvia solo había sufrido un frenazo de emergencia.
Trenes de alta velocidad de Iryo y Alvia en Adamuz. / Guardia Civil
Trenes de alta velocidad de Iryo y Alvia en Adamuz. / Guardia Civil

El accidente de Adamuz no solo ha puesto bajo escrutinio el estado de las infraestructuras ferroviarias, sino también la capacidad del sistema para comprender qué ocurre cuando todo falla a la vez. Las llamadas internas entre Adif y Renfe, ahora hechas públicas por el propio Ministerio de Transportes, dibujan un escenario en el que la información crítica llegó tarde, fragmentada y, en algunos momentos, claramente equivocada. Unos 20 minutos después del siniestro, las dos grandes empresas públicas del ferrocarril aún no sabían que el tren Alvia había descarrilado.

La cronología oficial sitúa el accidente a las 19.43 horas. Sin embargo, hasta las 20.03, según reconoce el Ministerio, se asumía que el Alvia había activado el sistema de seguridad por un frenazo brusco tras el descarrilamiento del Iryo. La diferencia no es menor: no es lo mismo gestionar heridos por una deceleración que afrontar un segundo descarrilamiento con vagones caídos por un talud de hasta cuatro metros, pasajeros atrapados y víctimas mortales. Esa confusión inicial condicionó todo lo que vino después.

El documento difundido por Transportes —apenas un folio y medio y repleto de siglas técnicas— se corta precisamente en ese punto, sin aclarar cuándo se confirmó la magnitud real del daño sufrido por el Alvia. La ausencia de ese dato resulta significativa. La cronología pretende responder a las críticas sobre la tardanza en la asistencia, pero no desmiente que los servicios sanitarios tardaran más de una hora en llegar a los coches más afectados, como relatan supervivientes y confirman fuentes de emergencia.

Las llamadas reflejan una cadena de suposiciones. A las 19.57, Adif comunica a Renfe el descarrilamiento del Iryo y menciona heridos en el Alvia, aunque sin conocer su gravedad. Minutos después, desde los centros de gestión se insiste en la hipótesis del frenazo provocado por el sistema LZB. Incluso cuando el 112 pregunta por la localización exacta, la información que se traslada sigue siendo incompleta y basada en conjeturas. En ningún momento se comunica con claridad que el Alvia ha salido de la vía.

Alvia acumula la mayoría de víctimas

Este vacío informativo no se limita a una cuestión técnica: tiene consecuencias humanas. Los testimonios de pasajeros del Alvia describen una espera prolongada, llamadas reiteradas al 112 y desplazamientos a pie por las vías para buscar ayuda, guiándose por las luces de emergencia del Iryo, situado a unos 800 metros. Mientras tanto, los equipos de rescate concentraban sus esfuerzos en el primer tren siniestrado, convencidos de que el segundo solo había quedado detenido.

La gestión de emergencias en España se basa en protocolos que reparten responsabilidades entre administraciones. En Adamuz, una vez activado el plan, el liderazgo operativo recayó en la Junta de Andalucía y la Guardia Civil. Pero ese relevo se produjo cuando, según la propia versión oficial, aún no se tenía una imagen completa de la situación.

Nada de esto implica señalar culpabilidades antes de tiempo. La investigación técnica de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) deberá determinar causas y responsabilidades. Sin embargo, las llamadas ya conocidas permiten una conclusión provisional: el sistema tardó demasiado en comprender que había dos trenes descarrilados y que uno de ellos, el Alvia, acumulaba la peor parte de las víctimas. @mundiario

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