El enemigo invisible del verano: cómo detectar y frenar un golpe de calor
El verano ya no es lo que era. Antes, el calor extremo era un invitado de julio y agosto; hoy, aparece sin previo aviso incluso en mayo o septiembre. El cambio climático ha roto los calendarios, y las olas de calor se han convertido en un enemigo cotidiano. Lo más inquietante es que su peligro no siempre se percibe: el golpe de calor, silencioso y traicionero, puede pasar de un mareo a la muerte en cuestión de minutos. Y mientras el sol quema desde el cielo, las cifras hablan: entre mayo y julio de 2025, 1.180 personas han perdido la vida en España por altas temperaturas, un aumento de más del 900% respecto al año anterior, según datos del Ministerio de Sanidad.
El golpe de calor no es una simple insolación. Es una crisis vital en la que el cuerpo pierde la capacidad de enfriarse. Cuando la temperatura interna alcanza los 42 °C, los mecanismos de termorregulación colapsan y el organismo entra en un estado de fallo multiorgánico. Y lo peor: cualquiera puede verse afectado, aunque ciertos grupos son mucho más vulnerables.
Los adultos mayores —especialmente los mayores de 80 años—, los niños pequeños, los enfermos crónicos y quienes dependen de medicamentos que alteran la percepción del calor forman la primera línea de riesgo. No es solo biología: también es una cuestión social. La soledad, la falta de recursos o la ausencia de aire acondicionado convierten el calor en una condena silenciosa.
Reconocer los síntomas es la primera defensa
Identificar un golpe de calor a tiempo puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. El signo más claro es el aumento rápido de la temperatura corporal acompañado de piel seca y caliente. La confusión mental o los desmayos son señales de alarma máxima. Si la persona afectada está consciente, se debe trasladar a un lugar fresco, hidratarla y aplicar agua en la piel para facilitar la pérdida de calor.
Cuando hay pérdida de conocimiento, el margen de acción se estrecha. En ese caso, es vital colocar a la persona de lado en posición lateral de seguridad, llamar al 112 y mantenerla fresca hasta que llegue asistencia médica.
La mejor forma de combatir un golpe de calor es evitar que ocurra. Beber agua incluso sin sed, evitar las actividades físicas intensas en las horas centrales del día, ventilar bien la vivienda y buscar refugios climáticos son prácticas sencillas, pero decisivas. También conviene optar por comidas ligeras y ricas en agua, vestir ropa fresca y protegerse del sol con sombreros o sombrillas. @mundiario


