El drama del Deportivo no tiene fin

Grada de general del estadio Abanca Riazor antes del comienzo de la final Deportivo-Albacete. / Mundiario
Grada de general del estadio Abanca Riazor antes del comienzo de la final Deportivo-Albacete. / Mundiario
El equipo coruñés pierde en casa y en la prórroga la final del ascenso a Segunda ante el Albacete tras ir ganando y sumará otro curso fuera del fútbol profesional. El Villarreal B también sube.
El drama del Deportivo no tiene fin

"El drama regresó una vez más a Riazor, donde el Deportivo se quedó en la orilla del regreso al fútbol profesional. Sucumbió el histórico equipo gallego en la prórroga ante el Albacete, al que no valía el empate y venció (1-2) ante la frustración colectiva de una afición y una ciudad volcada con el equipo como en sus mejores tiempos, ahora más lejanos que nunca. En la otra final de la promoción de ascenso a Segunda, el Villarreal B ganó al Nàstic de Tarragona (2-0)". (...) 

"El ascenso en A Coruña tenía tanto de alivio como de triunfo. El Deportivo, que ya había bajado del segundo escalón del fútbol español en 1974 y 1980, nunca había pasado dos campañas consecutivas en la tercera categoría. La experiencia fue tan dura como se podría imaginar para uno de los nueve campeones de Liga, pero la pasión no se perdió en ese camino. El Deportivo tiene más de 20.000 abonados y Riazor colgó el cartel de no hay billetes en el duelo decisivo para escapar de la Primera RFEF."

"La historia del club dice que al Deportivo jamás le resultó sencillo lograr sus objetivos. La entidad todavía arrastra 55 millones de euros de deuda, pero la sensación en A Coruña es que la mochila pesa menos desde que Abanca, el banco nacido de las cenizas de las cajas de ahorro gallegas y controlado por el venezolano Juan Carlos Escotet, pasó de máximo acreedor a dueño. Por el camino se perdió la propiedad colectiva repartida en pequeñas participaciones accionariales." (...) 

"El Deportivo se articula hoy en torno a un consejo de administración remunerado y presidido por Antonio Couceiro, un expolítico y presidente de la cámara de comercio local que carece de bagaje futbolístico y, en realidad, ejerce como un portavoz. La gestión está en manos de un ejecutivo del banco, David Villasuso, un tipo que puede pasear por A Coruña sin que le reconozcan. El club, tras varios años de convulsiones, agradece un perfil bajo que, sin embargo, no tiembla a la hora de tomar decisiones: la temporada empezó con un ERE para liquidar el oneroso legado en el vestuario y algunos contratos de trabajadores de larga trayectoria. En lo deportivo tampoco hubo prevenciones y se le encargó el plantel y la elección del entrenador a Carlos Rosende, que dos años antes trabajaba como periodista. Rosende, que acaba de cumplir 34 años, entró en el club en el verano de 2019 para encargarse de la captación de talentos en el fútbol base, pero su rigor, pasión, prudencia, conocimiento y frescura casaban con la nueva línea que buscaba Villasuso."

"Un plan radicalmente diferente al que había fracasado el año anterior en A Coruña. Llegaron futbolistas con tablas en la categoría, talento joven a préstamo al que se agregaron los estandartes del equipo juvenil que acababa de ser campeón de España. Varios veteranos sobrevivieron al proyecto anterior (Héctor Hernández, Borja Granero, Miku o el eterno capitán Álex Bergantiños). Y en el banquillo, Borja Jiménez, de 37 años, sin pasado como futbolista, aunque ya había ascendido a Segunda con el Mirandés y el Cartagena, un tipo con un carácter fuerte en la caseta, pero que no deja de sonreír en las ruedas de prensa. Hasta que llegó un nuevo final teñido de dolor. Ahí, donde se festejó un título de Liga y múltiples hazañas continentales, donde también se masticaron duras derrotas, el Deportivo se quedó en la orilla de un regreso que era esperado y necesario, pero por el que habrá que aguardar al menos un año más." (Extractos de El País). @mundiario

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