Vox se frena en Andalucía: el desgaste que puede alterar mayorías y reconfigurar el tablero

El avance del partido de Abascal encuentra su primer obstáculo estructural este ciclo electoral, donde los sondeos comienzan a rebajar las expectativas de su ascenso sin parangón a nivel nacional a raíz de la figura de Moreno al frente del PP.
Santiago Abascal, líder de Vox. / @Santiago_ABASCAL.
Santiago Abascal, líder de Vox. / @Santiago_ABASCAL.

Durante meses, Vox había construido una narrativa de ascenso sin parangón, alimentada por resultados crecientes en distintas comunidades autónomas. Sin embargo, tras su desempeño en Castilla y León, donde logró cifras históricas, pero por debajo de las expectativas, comenzaron a emerger señales de desaceleración. Los últimos datos demoscópicos confirman esa inflexión. No se trata de un desplome, sino de un cambio más sutil pero significativo de que, por primera vez en este ciclo electoral, Vox deja de crecer. Sin embargo, el parón sería aparentemente ligero en cuestión de décimas según el último barómetro del CIS.

La caída en intención y estimación de voto en el último barómetro de cara a las elecciones andaluzas recientes apunta a una estabilización del electorado, acompañada de una menor fidelidad y un aumento del trasvase hacia el Partido Popular. La encuesta proyecta que el partido de Santiago Abascal obtendría el 8,8 % de los votos, y esto implica que Vox empieza a competir más por retener que por ampliar su base en esta comunicad.

El caso andaluz es especialmente revelador. Vox no solo se estanca, sino que muestra síntomas más acusados de debilidad relativa. Las encuestas lo sitúan en porcentajes similares —o incluso inferiores— a los obtenidos en 2022, rompiendo la lógica ascendente observada en otros territorios.

Este fenómeno tiene un protagonista claro, el presidente de la Junta Juan Manuel Moreno Bonilla. Su perfil moderado y su consolidación como figura central del tablero político han contenido la fuga de votantes hacia Vox, reforzando al PP como opción dominante en la derecha. A diferencia de otros contextos autonómicos, donde Vox ha capitalizado el desgaste de los partidos tradicionales, en Andalucía se enfrenta a un liderazgo sólido que reduce su margen de crecimiento.

El dato más significativo es el trasvase porque más de una cuarta parte de sus votantes de 2022 (27,8 %) se inclinan ahora por el PP. En el sentido contrario, las fugas se estiman por debajo del 5 %.

Un actor decisivo… incluso en retroceso

Paradójicamente, el freno de Vox no implica irrelevancia. Al contrario, su posición puede resultar aún más determinante. En varias provincias andaluzas, el comportamiento electoral del partido ultra puede inclinar la balanza en dos direcciones opuestas como impedir la mayoría absoluta del PP, si su crecimiento se produce a costa de los populares, o acentuar la debacle del PSOE, si logra captar voto socialista en territorios clave.

Esta condición convierte a Vox en un actor bisagra, incluso sin aumentar significativamente su peso. Su capacidad de redistribuir escaños entre bloques es ahora más relevante que su expansión. Otro elemento que explica el frenazo es la erosión interna del electorado. La fidelidad de voto de Vox en Andalucía se sitúa por debajo de otras comunidades, lo que sugiere una base menos consolidada.

Además, su rendimiento por franjas de edad refleja un debilitamiento puntual de su tradicional fortaleza entre los jóvenes, sin compensación en otros segmentos. A partir de los 45 años, su posición cae hasta quedar relegado a cuarta o quinta fuerza en algunos casos. Este patrón indica que Vox enfrenta dificultades para ampliar su atractivo más allá de nichos específicos.

Factores políticos que explican el desgaste

El cambio de tendencia no responde a una única causa, sino a la combinación de varios factores que han vapuleado a la formación ultra en los últimos días. El más obvio es el bloqueo institucional y las negociaciones prolongadas para formar los gobiernos autonómicos con el PP en Aragón y Extremadura, donde incluso la presidenta ganadora, María Guardiola, vio frustrado su primer debate de investidura toda vez que Vox votó en contra, con el PSOE y Unidas por Extremadura.

Por si fuera poco, Bambú continúa viviendo una auténtica guerra intestina entre la cúpula de Abascal y la corriente de críticos y purgados, en los que se encuentran dirigentes históricos como el exsecretario general Javier Ortega Smith y el exportavoz en el Congreso Iván Espinosa de los Monteros, que han sido expulsados de la militancia.

También Vox ha venido a rebajar el tono en su alineamiento internacional con Donald Trump, principalmente al posicionarse en contra de la guerra en Irán. Además, los resultados electorales en Castilla y León demuestran que, después de que se produjera el bloqueo en los primeros territorios donde se celebraron comicios, las apelaciones al voto útil de Alberto Núñez Feijóo rindieron sus frutos. @mundiario

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