Valls representa el transfronterismo europeo
El discurso tradicional en las elecciones locales está agotado. Se necesitan candidatos que abran nuevas perspectivas en las ciudades. Ahora llega el alcaldable Manuel Valls, como síntoma. Con el mínimo coste, Albert Rivera marca la agenda política.
La sorprendente propuesta de Ciudadanos para que la lista municipal de Barcelona la encabece quien fue Primer Ministro de Francia, nada menos, tiene varias lecturas políticas. La más evidente, que Ciudadanos está surfeando con inteligencia la cresta de la ola demoscópica que puede llevarlo a gobernar España sin antes haber demostrado su capacidad en ninguna institución. Es el fenómeno Macron, conscientemente perseguido. La apuesta por Valls, si llega a materializarse, ha conseguido ya que se la tomen en serio sus posibles rivales. Así, una vez más y con el mínimo coste, Rivera marca la agenda política.
Por otra parte la denodada búsqueda de candidatos para las principales ciudades está poniendo de manifiesto la carencia de cuadros en los partidos políticos, luego de muchos años de repliegue y aislamiento social. El alejamiento entre las organizaciones políticas y los ciudadanos es mayor que nunca. Bajo esas premisas los candidatos que aporten bagaje propio al significado de sus siglas son el objetivo de la búsqueda. A veces de forma chusca, como el tanteo socialista con Manuela Carmena. Con un electorado más volátil que nunca, con los grandes partidos en crisis y ante una sociedad que ha cambiado profundamente por efecto de la crisis, las elecciones municipales son una incógnita en muchas ciudades importantes.
Pero Valls también representa el transfronterismo europeo. Un candidato de otro país cuyos lazos con Barcelona son tan tenues que sirven sólo como pretexto. La fuerza de la candidatura reside precisamente en que viene de otro país con sus propios méritos. Por primera vez en nuestra historia, se formaría una candidatura europea, con proyección más allá de las fronteras estatales, algo que no ha conseguido ni el Parlamento europeo, circunscrito a cuotas por países.
Ciudadanos está surfeando con inteligencia la cresta de la ola demoscópica que puede llevarlo a gobernar España sin antes haber demostrado su capacidad en ninguna institución
El discurso tradicional en las elecciones locales, está agotado. No caben obras faraónicas y la cobertura de equipamientos sociales, deportivos o culturales es altísima. Se necesitan candidatos que abran nuevas perspectivas en las ciudades: modelos de transporte combinado, políticas de vivienda innovadoras, estándares de calidad más elevados, competitividad económica, etc.
Si Rivera consigue unos pocos fichajes más con ese nivel de prestigio, puede plantear unas elecciones municipales inéditas, con un mensaje “macroniano”, superador de las diferencias entre partidos para centrarlo en unos pocos problemas transversales. Véase el inteligente discurso del Presidente francés días pasados ante la Cámara europea. Si funciona, tendría alfombrado el camino a la Moncloa.
La diosa Fortuna juega a su favor. Es posible que los dos problemas principales, Presupuestos Generales del Estado y normalización institucional en Cataluña, queden resueltos antes de esas elecciones. El PNV ha comenzado ya a moverse para no perder lo mucho que espera obtener, y aún podría estar añadiendo acuerdos no publicables sobre la política penitenciaria una vez disuelta ETA. Del lado catalán parece que habrá nuevas elecciones con Puigdemont al frente, en todo caso imposibilitado para ejercer y por lo tanto abocado antes o después a facilitar un gobierno real. No es el mejor escenario pero permitiría dar por concluida la intervención estatal sobre el gobierno autonómico.
Nada está decidido aunque Albert Rivera es el hombre del momento. El gran trabajo de Inés Arrimadas en las elecciones catalanas será capitalizado en las elecciones generales. Todo hay que decirlo, con la colaboración por incomparecencia de sus rivales, que en aras de una política de gestos han evitado una política pragmática como demandaban los últimos resultados en elecciones generales. Si Albert Rivera es el próximo Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias pueden atribuirse una parte del éxito. Dicho de otra forma, será el fracaso del PP y de Mariano Rajoy, pero también de una izquierda que ha renunciado a gobernar. @mundiario