Con los resultados ya oficializados, el exprimer ministro francés fue superado por Benoit Hamon, algo que lo dejaría en una posición delicada de cara para la segunda vuelta.
La izquierda francesa celebró sus comicios primarios este domingo y los resultados apuntan a que el ganador del proceso fue Benoît Hamon, representante del sector más crítico de los izquierdistas, superando parcialmente a Manuel Valls. Los conteos dejan a Hamon con un 36% de los votos, y al exprimer ministro con un 31%. El margen si bien mínimo, se complica para Valls, puesto que el tercero en discordia, Arnadu Monterbourg, quien sumó el 18% de los votos, ha hecho público que para la segunda vuelta del 29 de este mes apoyará a Hamon.
Esta potencial derrota del exfuncionario tiene varios simbolismos. Primero, el triunfo de Hamon demuestra que la militancia está cansada de François Hollande y se niegan a aceptar que Valls tome el relevo de la presidencia. El virtual ganador de esta primera ronda tiene de su lado a importantes diputados socialistas opositores fervientes de Hollande y sus huestes. No obstante, también debe tomarse en cuenta un tema que refleja una clara preocupación ya no sólo para Valls, sino para la izquierda en su conjunto: apenas 2 millones de personas acudieron a votar este domingo 22 de enero, contrastando con los 4.3 millones de seguidores derechistas que fueron a las urnas hace dos meses. Los simpatizantes están perdiendo el interés en el partido y la izquierda va en caída libre.
Pero Valls no se desanima. O probablemente no se lo permitan. El exjefe de Gobierno contaba con la bendición del Palacio del Elíseo y del núcleo fuerte del Partido Socialista. "Nada está jugado. Nada está escrito. Empieza una nueva campaña", se motivó a sí mismo.
La situación ha encendido todas las alarmas en las principales oficinas de la centenaria agrupación. Este desenlace apunta a quebrar en dos al partido, algo que los condenaría a pasar décadas enteras en el papel de oposición.
Por si el descontrol interno no fuera suficiente, la izquierda tampoco tiene nada asegurado de puertas para afuera. Según los primeros sondeos, el partido se quedaría fuera de la contienda presidencial en la primera vuelta, en abril, dejando la vía para la ultraderecha y la derecha. El escenario es idéntico al vivido en 2002 y en los despachos socialistas el recuerdo todavía merodea como un fantasma.
Todo este despropósito tiene raíces, o al menos según el criterio de Hamon, en los recientes coqueteos de Hollande y Valls con maniobras muy liberales, una hipótesis secundada por Montebourg. Los dos oponentes del favorito del presidente han manifestado en repetidas ocasiones su deseo de propugnar la reforma laboral, la nave insignia del trabajo conjunto de Hollande y Valls, precisamente.
Durante su último mitin el viernes por la noche, Valls se denominó a sí mismo como el único aspirante "con estatura de hombre de Estado". Ovacionado y aclamado por los 500.000 presentes, el aspirante dedicó un gesto de corteía a Myriam el Khomri, jefa de la cartera de Trabajo, y principal promotora de la polémica reforma laboral, la cual dicho sea de paso lleva su nombre.
Aquello fue una evidencia más de que la izquierda está dividida en dos segmentos sin la más mínima intención de estrechar lazos. Y la división de hecho, continuará, como refleja el voto polarizado y la baja participación de votantes en las primarias.
Pero esa caída en los índices de participación también pondría en una situación delicada a quien resulte ganador. Habiendo sido elegido por tan pocas personas, su autoridad y capacidad para liderar el partido serán más que cuesionadas. El mismo Hamon reconoció que la cantidad de votantes pone en entredicho si el ganador de la segunda vuelta será de verdad el gran patriarca de la izquierda.
Hamon fue expulsado del Gobierno de Hollande en 2014 tras haber criticado la "deriva liberal" que estaba adoptando la administración ejecutiva. En su exilio fue acompañado por Montebourg. El exjefe de Educación -Hamon- recibió duras críticas y ataques por promover una ayuda social universal de 600 para los ciudadanos franceses. La suma del proyecto, que oscilaba entre 300.000 y 400.000 millones de euros, espantaron al Elíseo.
Pero con todo y las críticas recibidas y su historial como activista y manifestante contra su propio jefe han pesado a la militancia al momento de decidir en las urnas. Voces apuntan a que Hamon podría buscar una alianza con Jean-Luc Mélenchon, un candidato antisistema con bases comunistas en su cuartel. @hmorales_gt