Urge recuperar la dokimasia o prueba superada por un cargo público en la antigüedad

El presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy.
El presidente del PP y del Gobierno de España, Mariano Rajoy.

En la Atenas clásica se examinaban los antecedentes familiares, la vida y el carácter de los que aspiraban a puestos en una institución, además de la cuantía de sus bienes.

Urge recuperar la dokimasia o prueba superada por un cargo público en la antigüedad

Todos ansiamos que el peso de la ley caiga sobre los políticos corruptos y que se cumpla así la voluntad popular. Sería lo justo, lo muy justo. Sin embargo, nadie espera un final feliz al final del túnel. El pueblo se ha conformado con tener a los corruptos en el banquillo, aunque sueña verlos entre rejas. Sabe que la justicia se deja querer por el poder, mas anhela su ecuanimidad y que el principio de la ley es igual para todos sea real.

Realmente todos tenemos puesta la esperanza en los magistrados, de los que esperamos sentencias ejemplares y ejemplarizantes. Ruz, Castro, Alaya, Silva representan de facto al pueblo, y no los diputados del Congreso. Las Cortes, viciadas de viciosos, han dejado de encarnar la soberanía popular y han hecho una transferencia peligrosa de parte de su poder.

Por eso, desde aquí, a los próceres de la justicia, como Rajoy a Bárcenas, les pedimos: “Sean fuertes”. No se dejen sus señorías presionar y sean valientes y sacrificados. Sin duda, es mucho pedir, pero es lo moralmente correcto, lo que la conciencia reclama y el prestigio y reconocimiento exigen. Mas estos señores sobre los que pende la espada de Damocles también deben sentir la ayuda del resto del pueblo. 

Teniendo esto en cuenta, hay que destacar que la Audiencia Provincial de Madrid anuló la instrucción del juez Elpidio Silva por el caso Blesa, en la que aquel había ordenado ingresar en prisión al expresidente de Caja Madrid, el señor Blesa, amigo íntimo de José María Aznar. También cabe recordar que el juez Castro fue investigado por presuntas filtraciones a la prensa en el caso Nóos, en el que está implicado el yerno del rey. Es decir, que todo aquel que anda con cosas de palacio, más que andar despacio, debe hacerlo con mucho ojo.

Una mirada a Stéphane Hessel

Decía que también debemos ayudar a estos señores de la justicia. ¿Pero cómo? Como dejó escrito Stéphane Hessel en su librito Indignaos, movilizándonos, revolucionándonos, cambiando el viejo sistema, ideando uno nuevo; todo, menos el dolce fare niente

Y aunque no lo creamos, un nuevo sistema social va a ser la inevitable consecuencia de la ingente corrupción. No inmediatamente, pero va  a ocurrir. Eso sí, los cambios los vamos a crear nosotros. Vamos a tener que estrujar nuestras cabezas para lograr mejoras en nuestra sociedad. Y debemos hacerlo ya.

Sería bueno, por ejemplo, aprovechar las nuevas tecnologías y las redes sociales para crear una democracia más participativa. En lugar de que sean nuestros representantes los que voten las leyes en las Cortes, deberíamos hacerlo nosotros directamente, al menos con aquellas iniciativas legislativas de gran impacto social. En algunos países, como Suiza, existen referéndums al respecto. 

Además, urge eliminar privilegios a nuestros representantes, como el contar con un sueldo vitalicio o votar las subidas de sus salarios. Tampoco estaría de más que se recuperase una medida de la democracia de la Atenas clásica: la dokimasia o examen al que se sometía el que iba a desempeñar un cargo público. La prueba en cuestión se hacía delante de una especie de Senado y se investigaba la ascendencia del candidato, su vida, su carácter y la cuantía de sus bienes. 

Y es que si para ser diputado se requiriese una prueba de conocimientos y otra de capacidades, como para cualquier otro trabajo, no habría tamaña cantidad de afanados mafiosos y trepas en el hemiciclo. La facilidad con la que se accede a un puesto público y las prebendas de las que disfrutan han facilitado que sean los arribistas los que busquen ser diputado, como quien es comerciante, pero sin invertir un euro. 

Así pues la economía de los comisionados del pueblo debería ser examinada rigurosamente, a la par que su comportamiento ético. El cargo público debería ser ocupado por los mejores, los brillantes, honestos y trabajadores, generosos preocupados por el bien común. En su lugar, nuestros delegados fomentan la trampa, el subterfugio, el vivir a costa de lo público, de nosotros. Pero esto tiene que cambiar. Tenemos que hacer que cambie. No lo olvide.

Urge recuperar la dokimasia o prueba superada por un cargo público en la antigüedad
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