El trumpismo carga contra Sánchez: fricciones diplomáticas y aislamiento de España frente a Irán
La decisión del Gobierno de Pedro Sánchez de no autorizar el uso de las bases de Rota y Morón para la ofensiva de Estados Unidos contra Irán ha desencadenado una reacción política y mediática en el entorno del presidente Donald Trump.
Más allá del gesto simbólico, el movimiento ha abierto un escenario de fricciones diplomáticas que combina críticas desde el universo MAGA, incomodidad en capitales europeas y un posicionamiento español que se distancia de la mayoría de aliados occidentales en plena escalada militar en Oriente Próximo.
En el ecosistema político afín a Trump, la respuesta fue inmediata. El senador Lindsey Graham cargó contra la postura española y afirmó: “En momentos como estos, se descubre la verdadera naturaleza de los aliados. Espero que el actual gobierno español sea una aberración, no la norma. La historia marcará la situación de España mientras el presidente Trump y otros intentan derrocar al régimen más sanguinario desde la II Guerra Mundial”.
El tono no fue aislado. El columnista Marc Thiessen, uno de los principales afines a Trump publicó en X que se debía “Expulsar a España de la OTAN”, mientras que el activista Tom J. Fitton denunció “la conducta traicionera del gobierno izquierdista de España en este tiempo de guerra”.
Estas reacciones, amplificadas por influencers y cuentas de gran alcance en redes sociales y X, configuran lo que podría denominarse una “ola antiespañola” dentro del movimiento MAGA. Aunque no equivalen a decisiones formales de la Administración estadounidense, sí generan presión reputacional y consolidan una narrativa de España como aliado poco fiable en un momento de confrontación directa con Teherán.
El trasfondo jurídico es relevante. El convenio bilateral con Estados Unidos establece que las operaciones desde bases españolas requieren autorización previa. Según la ministra de Defensa, Margarita Robles, “Los aviones cisterna que había en Morón o en Rota ni han realizado, ni van a realizar, ninguna actuación de mantenimiento o de apoyo”, lo que explicaría el traslado de al menos 11 aeronaves hacia Alemania.
Este movimiento técnico, sin embargo, ha sido interpretado por sectores conservadores estadounidenses como un desaire político en plena ofensiva.
En paralelo, el posicionamiento español ha generado inquietud en algunas capitales europeas. Mientras Reino Unido, Francia, Alemania e Italia han expresado alineamientos claros con Washington, Moncloa ha insistido en la defensa del derecho internacional y en la desescalada.
Sánchez sostuvo que “Se puede estar contra un régimen odioso y, a la vez, contra una intervención militar injustificada y peligrosa”. Esa línea contrasta con el giro estratégico de varios socios que priorizan la disuasión y la cohesión atlántica ante una amenaza que consideran expansiva.
El contexto europeo añade complejidad. Tras el ataque con drones a la base británica de Akrotiri en Chipre, y con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, subrayando que la Alianza “defenderá cada centímetro del territorio de la OTAN”, varios países han reforzado su cooperación militar.
Alemania y Francia han impulsado un grupo de diálogo para fortalecer la defensa nuclear europea, al que España no se ha sumado. Esta autoexclusión refuerza la percepción de distancia estratégica en un momento en que la seguridad del continente vuelve al centro del debate.
José Manuel Albares, ministro de Exteriores, sobre si EE.UU. habría usado las bases de Rota y Morón en esta operación
— RTVE Noticias (@rtvenoticias) March 1, 2026
🗣️"Las bases de uso conjunto, pero de soberanía española, no se van a usar para nada que no esté incluido dentro del tratado ni que esté fuera de la Carta de la… pic.twitter.com/cC5GWRYM1h
Además, la cancelación de la participación española en el ejercicio Red Flag en la base de Nellis, en Nevada —considerado uno de los entrenamientos aéreos más avanzados del mundo— añade otro elemento a la secuencia. Aunque fuentes militares apuntan a una menor participación internacional como motivo operativo, la coincidencia temporal con la crisis refuerza la lectura política de un enfriamiento en la cooperación militar bilateral.
Al mismo tiempo, el Gobierno ha tratado de equilibrar su postura convocando al embajador iraní en Madrid para trasladar su condena a los ataques contra países de la región, incluido Chipre. No ha hecho lo propio con la representación estadounidense o israelí, una asimetría que también ha sido observada en círculos diplomáticos. Teherán, por su parte, advirtió de que cualquier colaboración europea con la ofensiva sería considerada “un acto de guerra”.
El resultado es un escenario de aislamiento relativo. En Washington, el discurso dominante en el entorno de Trump sitúa a España bajo sospecha. En Bruselas y otras capitales, se percibe una posición diferenciada que no logra articularse como liderazgo alternativo.
Y en el plano doméstico, la firmeza frente a la intervención puede reforzar la identidad política del Ejecutivo ante su electorado. La cuestión estratégica de fondo es si esta combinación de fricciones externas y rédito interno será sostenible en un conflicto que, lejos de estabilizarse, amenaza con prolongarse y redefinir los equilibrios de la seguridad euroatlántica. @mundiario


