Sánchez bajo presión: los socios del Gobierno siembran dudas de la viabilidad de la legislatura

Gabriel Rufián, portavoz de ERC. / Congreso de los Diputados
Tras el duro enfrentamiento entre el presidente y el portavoz de ERC,  las exigencias se acumulan y la sensación de un ciclo político agotado comienza a instalarse en los principales grupos que hicieron posible la investidura.

La legislatura de Pedro Sánchez atraviesa una de sus etapas más delicadas desde su investidura, sacudida por el escándalo del caso Koldo y, más recientemente, por la implicación del exsecretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán. Aunque el presidente del Gobierno ha intentado recomponer la confianza con sus socios parlamentarios mediante una ronda de contactos en La Moncloa, el resultado ha dejado más dudas que certezas: la presión crece, las exigencias se acumulan y la sensación de un ciclo político agotado comienza a instalarse en los principales grupos que hicieron posible su investidura.

En este contexto, el encuentro con Gabriel Rufián, portavoz de ERC, resultó particularmente ilustrativo del desgaste del Ejecutivo. Aunque el republicano aceptó finalmente reunirse con Sánchez tras un tenso enfrentamiento en el Congreso, sus palabras posteriores dejaron poco margen a la interpretación: “está tocado. Aprovechemos el tiempo que nos queda”. El tono apesadumbrado y el llamamiento a cerrar filas para avanzar en cuestiones clave como la vivienda, dejó entrever que incluso uno de los socios más constantes de la legislatura ve ya en el horizonte el final de esta etapa.

“Aprovechemos el tiempo que nos quede, el tiempo que a esto le quede, para avanzar y para intentar dejar en mejor situación posible una vida digna a la gente”, pidió el portavoz de los republicanos en los pasillos del Congreso, después de reunirse con Sánchez en La Moncloa, de quien arrancó el compromiso de “ir a por las constructoras con sanciones millonarias” que incurren en delitos de corrupción.

Desde EH Bildu, la respuesta no ha sido menos crítica. La formación abertzale exigió al presidente actuar “con toda la contundencia” y adoptar “medidas concretas” para la regeneración democrática. El partido liderado por Arnaldo Otegi, en su escueto comunicado, subrayó la necesidad de articular un nuevo programa político “democrático, plurinacional y social”, dejando claro que la mera denuncia de la corrupción ajena no basta: Sánchez debe ofrecer soluciones estructurales si quiere sostener la legislatura.

El PNV, tradicionalmente más prudente, mantuvo un tono institucional, pero no menos exigente. La portavoz Maribel Vaquero trasladó al presidente su “preocupación” por las informaciones conocidas y reclamó “transparencia y ejemplaridad”. Aunque aseguró que su partido no utilizará esta crisis para obtener contrapartidas políticas, el mensaje fue claro: el Gobierno debe cumplir los acuerdos de investidura y aportar soluciones creíbles, no solo gestos simbólicos.

Podemos proclama una “legislatura muerta”

Más contundente aún fue la posición de Coalición Canaria. Su única diputada, Cristina Valido, avisó directamente al presidente de que “no puede garantizarle su apoyo”, advirtiendo que la confianza se ha quebrado no solo con su formación, sino también con la ciudadanía. Si bien Valido se mostró dispuesta a esperar más información antes de tomar una decisión definitiva, dejó claro que el Gobierno debe ir más allá de las declaraciones para recuperar credibilidad.

El gran ausente en esta ronda fue Podemos, que decidió no asistir y, en cambio, lanzó una durísima crítica al Ejecutivo. Ione Belarra, secretaria general de la formación, fue tajante al proclamar que “la legislatura está muerta políticamente”. Belarra no solo cuestionó la gestión del caso Koldo, sino que amplió su crítica al papel del PSOE en asuntos clave como la vivienda, la regeneración democrática o la postura del Gobierno sobre el conflicto en Gaza. Su sentencia fue demoledora: “el presidente ha demostrado que no puede ser parte de la solución porque es parte del problema”.

Este coro de advertencias y reproches revela un panorama parlamentario cada vez más inestable. Lejos de cohesionar a la mayoría progresista, el escándalo ha hecho aflorar diferencias latentes y agravios acumulados. La imagen de un presidente “tocado”, según la percepción compartida por varios socios, se impone como diagnóstico compartido. La idea de que el tiempo político se agota recorre ya los pasillos del Congreso.

Sánchez escucha las exigencias de sus socios

Sánchez, por su parte, ha ofrecido algunas propuestas como endurecer las sanciones a las empresas corruptoras o revisar el Código Penal para impedir que puedan volver a contratar con la Administración. Pero, como apuntaron varios interlocutores, aún no ha presentado un plan integral que articule una salida política sólida de esta crisis. La falta de medidas concretas alimenta la sospecha de que el Ejecutivo está replegado en una lógica de resistencia, más que en una estrategia de regeneración.

El caso Koldo ha dejado de ser un asunto estrictamente judicial para convertirse en un problema político de primer orden. La reacción del Gobierno, basada en el argumento del “y tú más”, ya no convence ni moviliza. La demanda de regeneración democrática es real, transversal y urgente. Y no atenderla con medidas estructurales puede poner en riesgo no solo la legislatura, sino la propia credibilidad del bloque progresista ante una ciudadanía cada vez más desconectada de sus representantes.

El mensaje de los socios es claro: o se actúa con valentía frente a la corrupción, o el margen político se disolverá aún más rápido que el apoyo parlamentario. La mayoría de la investidura no está completamente rota, pero sí profundamente erosionada. Sánchez aún tiene tiempo para reaccionar, pero cada día que pasa sin respuestas sólidas agrava la sensación de que este ciclo político ha llegado a su fin. @mundiario