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Sánchez impone el estado de alarma, con el respaldo de diez autonomías, frente al PP

​Con este prorrogado estado de alarma, algunos sectores económicos reciben respuesta a sus demandas: están condenados.
Sánchez impone el estado de alarma, con el respaldo de diez autonomías, frente al PP
Pedro Sánchez. / Mundiario
Pedro Sánchez. / Mundiario

José Luis Méndez Romeu

Pedagogo y columnista.

La semana había sido bien diseñada por La Moncloa: moción de censura para retratar al PP, visita al Papa para avanzar en el electorado católico conservador, estado de alarma pedido por la mayoría de las comunidades, propiciando de nuevo la sobreexposición mediática, y por último la aprobación inicial de los Presupuestos Generales.

Pero los demás actores en esa representación no siguieron el guión monclovita. Casado no sólo no hizo lo que se esperaba sino que inauguró una confrontación despiadada con Vox. El Papa endosó un discurso de fuerte contenido político y está por ver la votación del PP sobre el estado de alarma. En cuanto a los Presupuestos, Unidas Podemos está exigiendo medidas sobre la política de vivienda que suscitan dudas legales relevantes y escasa confianza en su eficacia.

El discurso del Papa es una llamada de atención sobre la situación política española que la Santa Sede ha procurado difundir. Partiendo del libro de un intelectual italiano comunista, cuya lectura ha recomendado a la Embajadora de España, Francisco recuerda el deterioro de la República de Weimar que dio paso al nazismo. Con críticas nada veladas a las actuales tendencias políticas de nuestro país, derecha, izquierda y nacionalismos. Que el Presidente del Gobierno haya estado una semana citando con cualquier excusa al Papa para terminar recibiendo en persona una severa crítica a la situación del país, es algo poco comprensible.

El estado de alarma, solicitado por diez Autonomías, da una idea de la situación dramática en la que estamos, con las peores cifras de Europa y, según los expertos, iniciando todavía la fase peor. Mantener las medidas de restricción de la movilidad durante seis meses y medio implica bloquear la actividad turística del puente de la Constitución, Navidades, Carnavales y Semana Santa, además de alterar el tradicional encuentro navideño las familias españolas. La consecuencia más inmediata es de fácil previsión: el malestar ciudadano se va a expresar abiertamente, lo que a priori beneficia a Vox más que a ningún otro grupo político, pues es el único que no gobierna en ningún lugar.

La postura del PP no puede ser negativa ante un clamor comunitario. Puede votar a favor, difícil cuando han pedido una normativa legal diferente y cuando sólo han transcurrido unos pocos días desde la moción de censura. Votar a favor es exponerse a una crítica fácil de entreguismo. La abstención constructiva puede ser la única alternativa real. Además, el Gobierno desea evitar el desgaste parlamentario mediante una única votación de prórroga que evite a nacionalistas catalanes y vascos retratarse cada quince días como defensores del Ejecutivo central. Un motivo más para la abstención popular sin que ello suponga desgaste.

Con este prorrogado estado de alarma, algunos sectores económicos reciben respuesta a sus demandas: están condenados. Todos los servicios de ocio y de turismo, alojamiento, restauración, hostelería, espectáculos de todo tipo, fiestas populares, transportes, etc, están obligados a convivir muchos meses con restricciones tan severas que obligarán a reducir drásticamente la oferta con el consiguiente efecto sobre el empleo y sobre la subsistencia de una fracción importante del censo de empresas de cada sector. Como en toda crisis, ya vamos conociendo a los ganadores y a los perdedores, siendo éstos muchos más numéricamente.

Sánchez ha subrayado los objetivos: reducir los encuentros sociales y la movilidad nocturna, a su vez ámbito de socialización. Estamos ante un ejercicio obligado por salud, de ingeniería social, un cambio de hábitos de ocio y de socialización, precisamente en uno de los países donde la vida social y callejera forma parte natural de las costumbres. Se hará pero se criticará. @mundiario