Sánchez, cargado de hipotecas; Casado, sin crédito a la vista

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Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Se ha insiistido mucho en el error de comparar al presidente Sánchez con Casado, dirigente del PP: Lo que no se puede negar es que coinciden en una cosa: ninguno de los dos se ha ocupado realmente de manera continuada en en mercado de trabajo fuera de la política.

Sánchez, cargado de hipotecas; Casado, sin crédito a la vista

Uno de los signos del empobrecimiento de la vida pública en España es el alistamiento en cargos de elevada responsabilidad de personas que han hecho de la política su oficio sin el contraste del ejercicio de una actividad profesional en la que uno ha de rendir todos los días, ya ganándose en empleo en el mercado de trabajo o, en su caso, superando una oposición, como tienen que hacer los ayudantes de albañil para ingresar en la nómina de un Ayuntamiento. Y no se trata de reclamar un determinado título, sino un oficio, una experiencia, un contraste.

Desde mi propia experiencia de haber trabajado 30 años en el ámbito privado, y tras pasar una oposición, otros 23 en la Universidad, siento la misma sensación cuando examino el devenir de Pedro Sánchez o el de Pablo Casado. Ninguno de los dos ha trabajado realmente en nada, fuera del muelle acomodo de la política, ya en cargos diversos o en misiones propias de funcionarios de partido. Y en este sentido, demando un poco de decoro a los turiferarios del PSOE, pues la breve estadía de Sánchez en la docencia universitaria privada no parece concordar con considerarlo un “profesor”, luego de que no conocemos su obra, los artículos científicos que ha escrito, sus libros (ya sé que tiene uno) o los proyectos de investigación que ha dirigido. En cuanto a Casado está dado de alta como abogado, sin que sepamos que haya pisado el foro en su vida.

Y he de reconocer que tienen razón los que afirman que no se puede comparar a Sánchez con Casado. Totalmente de acuerdo: En el caso de Sánchez la cosa es peor: El PSOE, que lleva colgada la “O” de obrero, se definía como un partido de trabajadores manuales e intelectuales, de gentes con oficio, en suma.  Claro que el no haber trabajado en nada propiamente es rasgo común en gran parte de sus dirigentes, desde Susana Diaz, a Patxi López, Iceta, Zapatero o en inefable Pepiño Blanco, que para mayor burla fue ministro de Fomento. En el PP la nómina es parecida. Es decir, que los don “nadie” de abultados corriculos de pega florecen en todos los abrevaderos. Pero al menos, el nuevo presidente del PP no engaña: es lo que es y deja claro lo que quiere ser (aparte del vergonzoso episodio de los másteres). Es la derecha de siempre.

Dos varas de medir

Pero este aspecto es apenas uno de los que denota que algunos manejan una diferente vara de medir cuando hacen panegíricos sobre la diferencia entre derecha e izquierda, desarrollando una especie de teología moral de ida y vuelta que alcanza a los propios votantes de las diferentes opciones: En la izquierda y sus votantes se residencia la ética, la moral, el sentido objetivo del bien; la derecha es siempre abyecta, malvada, egoísta, insolidaria e inmoral. Es una dicotomía tan simple que no merece ni ser analizada. Los votantes de la derecha gustan de dar su respaldo a corruptos y bandidos; por lo visto, en la izquierda puebla un alertado sentimiento depurador que evita que incurran en parecidos yerros. No sé yo donde ubican a los votantes que, según el caso, votan a unos o a otros.

Yo he escrito que Rajoy merecía salir por la puerta de atrás de la historia y que el efecto negativo que la corrupción tolerada del PP tardará muchos años en redimirse, aparte de causar un daño en la imagen y la confianza en la clase política que no se superará en generaciones. Y ahora resulta que la corrupción sólo está en la derecha.

Pero no ha habido una sola institución del Estado, desde el Banco de España al BOE, el Ministerio del Interior, o la Guardia Civil, comisiones del AVE, la Renfe, donde no medrara la corrupción de la etapa felipista. Es decir, es una parte de la historia del PSOE. El primer ministro de la etapa democrática que fue a la cárcel fue el socialista Barrionuevo, y Urralburo, de Navarra, el segundo presidente de la comunidad autónoma encarcelado por ladrón. ¿Es que nos hemos olvidado del GAL y sus crímenes. ¿Y los EREs?. ¿Cómo se pueden dictar análisis morales con tan flaca memoria? ¿Cómo es eso de condenar a la derecha corrupta y a quienes la votan y tender un cordón sanitario los que prefieren votar a la izquierda? Adóbese de paso con unas cuentas fintas y lenguaje pseudocientífico y habremos establecido un nuevo orden escolástico entre el bien y el mal. La cosa no es tan sencilla. Hay fango en los dos lados.

Dicen una cosa y hacen otra

Apenas unas semanas antes de que Pedro Sánchez fuera elegido presidente gracias a los votos de Bildu-ETA, el PNV, Podemos y los independentistas catalanes, José Luis Ábalos, como portavoz del PSOE, hacía unas declaraciones en las que, de modo taxativo, dijo nunca se aceptarían tales votos con tal fin, porque como partido constitucional no se podría aceptar tal disparate, pues en nada se coincidía con ellos en la concepción de España. Ya antes Sánchez dijera que nunca votaría con Podemos o se retrataría ante la bandera de España para afirmar que Cataluña es una nación o hacer suya la definición de Zapatero de que “España es una nación de naciones” y el concepto de “nación” discutible y discutido. ¿En qué quedamos?

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Los de Puigdemont le piden a Sánchez más que palabras.

Y no es que Sánchez titubee en la defensa de la Constitución, es que traiciona los propios fundamentos del PSOE en dos sentidos, lo que es especialmente grave cuando está dispuesto a aceptar que los españoles sean diferentes, según la comunidad donde vivan, en fueros y derechos, o que, en contra de lo que decía Fernando de los Ríos, se acepte llegar a la presidencia del Gobierno a cualquier precio.  Sin duda ignora lo que de los Ríos escribió sobre las prioridades de un socialista, primero España; luego el partido, por ultimo uno mismo. ¿Cómo es posible que ofrezca resucitar que Cataluña tenga una estructura judicial propia, que el castellano sea lengua secundaria o que el Estado no pueda legislar para aquella comunidad en aspectos no cedidos o compartidos?  Todo eso se eliminó por no constitucional del Estatuto de 2006 y Sánchez ha ofrecido reponerlo. No sé cómo desde luego. ¿Acaso nos lo hemos inventado? Claro que ya sabemos que puede decir una cosa y la contraria, al tiempo.

Da la sensación de que el endeble Sánchez, que se sube a los Falcon sin haber ganado unas elecciones con un programa que mereciera el consenso de la mayoría de los españoles, es un prisionero de los que lo llevaron a la Moncloa y sus gestos denotan que no tiene otro remedio que ir liquidando cuentas, ya sea transfirieron las prisiones (cosa que ningún presidente previo de izquierda o derecha se atrevió a consumar) al PNV, con traslado de los criminales de ETA al País Vasco y potencial revisión de las penas, o enviando a Cataluña a dos aliadas de su partido que votaron a favor del derecho a decidir, sea la Batet o la camarada que ostenta la delegación del Gobierno.  Y ahora, el fugado Puigdemont lo emplaza y le dice desde Bruselas “que haga los deberes”. Por lo pronto, Sánchez ya admitió que en la primera reunión técnica del Gobierno que preside con la Generalitat se hablara de presos y de autodeterminación.  No se llegó a parte alguna, pero de momento. Los del lazo amarillo no se rinden y ante tan endeble oponente, al que hicieron presidente, hasta diría que hacen bien. De entrada, ya entrego a los rebeldes presos a sus compañeros que administran las prisiones de aquella comunidad. Y se han burlado de él, diciéndole que ellos tienen un gobierno fuerte y Sánchez no. Es más, su estabilidad y futuro depende de ellos.

Es cierto, comparar a Sánchez con Casado es un error. @mundiario

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