Rematar a un palestino

Soldados en la localidad de Hebrón. / Pixabay
Soldados en la localidad de Hebrón. / Pixabay

Nadie hace nada por solucionar de verdad el conflicto histórico entre israelíes y palestinos.La paz no interesa a las multinacionales energéticas. Mientras Oriente Medio sea un polvorín controlado, el petróleo está garantizado para Bruselas y Washington.

Rematar a un palestino

Sucedió en Hebrón el pasado mes de marzo. Un sargento sanitario israelí de 20 años de edad dio un tiro en la cabeza a sangre fría a un joven palestino de 21 años, malherido, indefenso y en el suelo tras un intento de apuñalamiento del último a un soldado de Israel. La escena fue grabada en vídeo y la fiscalía acusa ahora al primero de homicidio. Ya ha habido manifestaciones a favor del militar encausado, al que los sectores más rancios y ultraderechistas del gobierno y la sociedad judía ensalzan como héroe nacional.

No es de extrañar esta postura extrema e irracional, a la que se ha sumado el primer ministro Netanyahu: contra los palestinos, todo vale. De hecho, la teoría israelí del asesinato selectivo abona tales conductas. Si los hechos hubieran tenido lugar en Venezuela (o Cuba o Bolivia o Ecuador o Corea del Norte, pongamos por caso) la noticia hubiera merecido honores de titular de portada y sobre sus responsables políticos habrían caído críticas severas e inmediatas de dictadores y sanguinarios hasta ser colgados en la picota mediática de manera unilateral y uniforme. Pero Isarel merece la consideración de aliado preferente del mundo occidental, de los poderosos de la globalización, siendo una pieza fundamental en la desestabilización y crisis permanente de los países árabes.

El odio alimentado por los sionistas entre su juventud es colosal. Con la coartada antisemita por bandera usan y abusan de su enorme fuerza de represión para mantener confinados en bantustanes al pueblo palestino. Les han robado todo, con la connivencia y el silencio cómplice de EE UU y la Unión Europea: su pasado, sus hogares, sus tierras, su propia palabra y su futuro. Y nadie hace nada por solucionar de verdad el conflicto histórico. Los intereses en juego son muchos. La paz no interesa a las multinacionales energéticas. Mientras Oriente Medio sea un polvorín controlado, el petróleo está garantizado para Bruselas y Washington. Habrá más tiros cobardes en la cabeza a otros palestinos, haya por medio una acción agresiva o no por parte de éstos.

Palestina sobrevive en medio de unas condiciones cotidianas, sociales, económicas y políticas, insostenibles, agazapados en campos de concentración que los reducen a la mínima expresión vital. Sus conatos de tomar aire son obligados ante tanta humillación y odio lanzados en pleno rostro por Israel. Estamos asistiendo desde hace décadas a un robo sostenido y programado de la identidad palestina, de sus recursos y de sus medios de vida. Y nadie hace nada. Y se quiere, además, que las mujeres y hombres de Palestina se resignen a su suerte y se encojan de brazos ante la ocupación ilegal israelí. Se pretende también que entreguen mansamente hasta su dignidad, lo único que ahora mismo les queda. La guerra solapada y los asesinatos selectivos de Israel seguirán su curso. Y, por supuesto, las intifadas y la ira palestina irán en aumento. No les dan otra oportunidad.

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