La reforma de la ley del aborto divide tanto al PP como a su propio electorado

Mariano Rajoy, bajo la sombra de Angela Merkel.
Mariano Rajoy con Angela Merkel.

Los democristianos europeos, aun cuando están en el gobierno, no se plantean retroceder al menos medio siglo en lo que atañe al derecho a decidir de las mujeres.

La reforma de la ley del aborto divide tanto al PP como a su propio electorado

Hasta en esta cuestión de estrategia política de cara al electorado resulta aplicable aquello del "Spain is different", dado que los democristianos europeos, aun cuando están en el gobierno, no se plantean retroceder al menos medio siglo en lo que atañe al derecho a decidir de las mujeres.

 

 

 

Despedía el año en MUNDIARIO con un apunte breve sobre lo que parecía un ejercicio de sentido común en el seno del Partido Popular respecto a la polémica reforma de la ley del aborto propuesta por el ministro Gallardón.

Me refiero a la contundente afirmación que hacía el presidente Monago de que "nadie puede obligar a una mujer a ser madre". 

Sin embargo, tal afirmación -tan acertada, por otra parte- venía con letra pequeña. Monago no había olvidado apostillar uno de esos mantras tan manidos y que tanto gustan en el Partido Popular: que la culpa es de Zapatero, y que su ley del aborto había dividido a los españoles. 

Vamos, un poco más de lo de siempre,  apelando a la "herencia recibida": ¿hasta cuándo van a colarnos este mantra? Ahí lo dejo.

Una vez entrado el nuevo año, se han dejado oír en el seno del propio partido algunas otras voces discordantes con esta reforma de la ley del aborto. A título personal, considero que algunas de ellas podrían responder a convicciones ideológicas genuinas, pero me temo que tal vez otras sean más bien de "de pose política", conscientes del impacto negativo que dicha reforma pudiera causar en los votantes y en la opinión pública.

Por su parte Mar Barcón publicaba ayer otro artículo en MUNDIARIO, donde hacía especial hincapié en el hecho de que dicha reforma estaba recogida en el programa electoral con el que el Partido Popular había concurrido a las elecciones en noviembre de 2011.

En esta misma línea, resulta paradójico que uno de los pocos- por no decir el único- punto del programa electoral cumplido por el PP sea el que hoy día podría hacerle perder las elecciones. 

Sin ir más lejos, el diario El País publicaba los datos de un sondeo realizado por Metroscopia. Según estos datos de intención de voto, actualmente, el PSOE sería el partido más votado, mientras que el PP retrocedería 12,6 puntos respecto a las elecciones generales de 2011.

Así, si damos por válidos y fiables los resultados de dicho sondeo, se estaría poniendo de manifiesto una cuestión que ya se vislumbraba previamente: que la reforma de la ley del aborto podría pasar factura electoral al PP a día de hoy. 

Hago especial énfasis en este marcador temporal, ya que dicho retroceso en intención de voto podría ser  algo puramente coyuntural: lamentablemente, el votante patrio olvida pronto ( quizás demasiado) o, simplemente, se niega a ver la evidencia.

A tenor de estos datos de intención de voto ofrecidos por el sondeo, podríamos encontrarnos con otra cuestión relavante que nos informa acerca del perfil de los votantes populares que dejarían de serlo, entre los cuales habría un perfil de votante advenedizo (que cambia su voto) y otro netamente liberal (es decir, que se autodefine como liberal desde el punto de vista estrictamente económico).

Hasta en esta cuestión de estrategia política de cara al electorado resulta aplicable aquello del "Spain is different", dado que los democristianos europeos, aun cuando están en el gobierno, no se plantean retroceder al menos medio siglo en lo que atañe al derecho a decidir de las mujeres. 

Por último, los datos señalan que Gallardón es el ministro peor valorado, ya no sólo entre el conjunto del electorado, sino entre los propios votantes populares. 

El presidente Rajoy, por su parte, atendiendo a otros titulares de prensa de días anteriores, llama a filas intentando acallar las voces críticas con la reforma de Gallardón dentro del partido, en un ejercicio quizás de ingenuidad política o de verdadera necesidad de sacar al lobo que lleva bajo una indescriptible piel de cordero.

Me inclino más por esto último ya que, conviene recordar nuevamente al lector, que esta reforma formaba parte del programa del partido y  que, con él, Rajoy se presentó hace dos años como candidato a la presidencia.

La reforma de la ley del aborto divide tanto al PP como a su propio electorado
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