Entre la reconciliación y la expulsión de migrantes: el plan político de Feijóo

En el Foro La Toja, Alberto Núñez Feijóo desplegó su idea de “reparar” España con un discurso que mezcló críticas al Gobierno, promesas de reconciliación y propuestas polémicas sobre inmigración. Sus palabras buscan perfilarse como alternativa política en un clima de tensión creciente.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP ante la Junta Directiva Nacional. / Partido Popular.
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP ante la Junta Directiva Nacional. - Partido Popular(3)

Alberto Núñez Feijóo ha convertido la palabra “reparar” en su nuevo eje discursivo. En el Foro La Toja, el líder del Partido Popular insistió en que España vive atrapada en una dinámica de confrontación artificial que, según él, responde a una estrategia deliberada del Gobierno. Su promesa consiste en derribar los muros que dividen a la ciudadanía y devolver la “cordura” a la política. El problema es que este relato de reconciliación convive con propuestas que pueden ahondar precisamente en esa división.

No se puede obviar que la política española atraviesa una etapa marcada por la polarización y la desconfianza hacia las instituciones. Sin embargo, atribuir en exclusiva al Ejecutivo la responsabilidad de ese clima ignora que la crispación se alimenta desde ambos bloques. Cuando Feijóo denuncia la tentación de responder en el mismo terreno, reconoce implícitamente que su partido también participa de ese juego, aunque acto seguido rehúye esa autocrítica. La política se convierte así en un espejo deformado donde se reparte más culpa de la ajena que responsabilidad propia.

El foco en la inmigración y los riesgos del populismo punitivo

Uno de los anuncios más concretos de Feijóo fue su plan de reforma migratoria. Plantea expulsar a las personas extranjeras que entren en España declarándose menores si no lo son y tipificar en el Código Penal el fraude de nacionalidad. De nuevo, el mensaje suena a firmeza, pero conviene contextualizarlo. El número de casos de supuesta manipulación de edad es muy reducido en comparación con el total de menores migrantes. Además, los protocolos de verificación ya existen y se realizan bajo supervisión judicial y médica.

Convertir esos episodios en el eje del debate público corre el riesgo de reforzar prejuicios y estigmatizar a colectivos vulnerables. La política migratoria es un asunto complejo, que requiere de recursos, integración y cooperación internacional. Resumirlo en un discurso de “fraudes y expulsiones” es atractivo en clave electoral, pero resulta insuficiente como solución real. El verdadero reto pasa por garantizar derechos a quienes llegan y por asegurar que las comunidades de acogida disponen de medios adecuados para integrarlos.

Reconstrucción o confrontación encubierta

El discurso de la “reparación” tiene fuerza retórica, pero está cargado de ambigüedad. Feijóo se presenta como un líder que apela al sentido común frente a un Gobierno atrapado en intereses particulares. Sin embargo, al mismo tiempo alimenta la narrativa de la decadencia institucional y el enfrentamiento constante. El riesgo de este doble movimiento es claro: la supuesta llamada a la unidad puede convertirse en un mensaje que sigue polarizando, solo que con un envoltorio más amable.

España necesita menos relatos simplistas y más propuestas que aborden de forma técnica y realista los problemas sociales. Hablar de reconciliación exige abrir espacios de diálogo real, reconocer la pluralidad del país y construir consensos básicos. Eso implica también asumir la parte de responsabilidad que corresponde a la oposición en el actual clima de confrontación. Prometer “reparar” España sin admitir esa corresponsabilidad puede sonar más a marketing político que a proyecto de país.

Si el objetivo es elevar a categoría política lo que en la calle es normal —como reivindicó Feijóo citando a Adolfo Suárez—, el primer paso es recuperar la confianza ciudadana con propuestas viables y sin convertir la inmigración o la tensión social en armas arrojadizas. La reconciliación no puede basarse en expulsiones ni en diagnósticos parciales. De lo contrario, el muro que dice querer derribar no hará más que crecer. @mundiario

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