¿Realmente la ministra González Laya quiere darle lecciones a EE UU, o a España?

Arancha González Laya. / Mundiario
Arancha González Laya. / Mundiario
La verdad es que hace falta atesorar intrepidez y arrojo o sentirse pagada de sí misma para intentar darle lecciones a Estados Unidos –el país de los checks and balances– desde el Gobierno de España.
¿Realmente la ministra González Laya quiere darle lecciones a EE UU, o a España?

Lecciones desde la colina del Capitolio. Así se titula un artículo de la ministra de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Gobierno de España –ahí es nada–, Arancha González Laya, publicado en el diario El Paísdonde al tiempo que enumera una serie de cosas bastante obvias sobre lo que es –y debe ser– una democracia, subyace el propósito de dar ella misma lecciones.

La verdad es que hace falta atesorar intrepidez y arrojo o sentirse pagada de sí misma para intentar darle lecciones a Estados Unidos –el país de los checks and balances– desde el Gobierno de España, pero bueno, hay que respetar todas las posiciones. Entre otras cosas, porque EE UU es uno de los contados países del mundo que jamás ha visto interrumpida su democracia. Como el Reino Unido, por cierto. Otros, en este tipo de ligas de la democracia, deben ser algo más modestos, ya que no siempre se mantuvieron en Primera División, sino que a veces bajaron a Segunda e incluso a Tercera Regional.

Un lenguaje políticamente correcto –correctísimo habría que decir– no impide ver las verdaderas intenciones de Arancha González Laya: menospreciar a Donald Trump como Presidente –sin duda un razonable propósito político, si lo hubiera hecho a tiempo, no ahora que está acabado–, hacerle la pelota a Joe Biden y a su vicepresidenta Harris y explicar que ella sabe lo que es la democracia. Poco menos que como si en EE UU no lo supieran. Es como si un recién ascendido a Primera tras muchos años en regional quisiera explicarle al Real Madrid y al Barça cómo se juega en la Champions. Francamente, algo tan pretencioso como ridículo.

Pero hay algo más que osadía en esta ministra de perfil político más bien bajo que ahora lleva la cartera que tuvieron en sus manos figuras de la política española como Francisco Fernández Ordóñez o Javier Solana.

Es más que dudoso, por ejemplo, que una ministra del Gobierno de España pueda jactarse –sin ruborizarse– de la división de poderes, el Estado de derecho y las instituciones independientes. Porque en España, dando por hecho que sea un Estado de derecho, es más que cuestionable su división de poderes y aún más la independencia de sus instituciones, empezando por las intromisiones del Ejecutivo al que ella pertenece en ámbitos institucionales como la Justicia o en otros como los medios de comunicación, que ella menciona por cierto como un elemento básico de una democracia. Por lo demás, a cualquiera que conozca un poco el funcionamiento de los EE UU le daría la risa comparar sus reguladores con los de España, más bien meros apéndices del Gobierno de turno.

¿No hay nada aprovechable en el políticamente correctísimo artículo de Arancha González Laya al hilo del lamentable episodio en el Capitolio de los Estados Unidos y del delirio populista de Donald Trump? Hay tres lecciones –suyas– que además de aplicárselas a los EE UU le vendrían bien a España, "lecciones importantes", dice ella, "que debemos extraer para conjurar algunos de los fantasmas que hemos visto de cerca últimamente": La primera es que el desprecio por las instituciones, la banalización de las reglas y los procedimientos y la frivolización con el lenguaje —abusando de la mentira y de expresiones racistas, xenófobas o de incitación al odio—, terminan mal. La segunda lección tiene que ver con las transiciones políticas, esos momentos de traspaso de poderes en los que debe cristalizar la legitimidad que desde cada partido o sector ideológico se concede al rival en democracia. La tercera lección atañe a la propia democracia, que a ojos de tantos ciudadanos aparece deslucida como sistema eficaz para afrontar los retos, generar bienestar y garantizar derechos y libertades.

Dicho queda, ministra. @J_L_Gomez

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