A Mariano Rajoy y a su gobierno parece que le disgustan los refugiados

Lázaro Cárdenas, ex presidente de México.
Lázaro Cárdenas, ex presidente de México.

Decenas de miles de refugiados españoles pudieron huir y fueron acogidos en todo el mundo generosamente, sin cuotas de asilo ni excusas. México dio cobijo a más de 20.000 refugiados.

A Mariano Rajoy y a su gobierno parece que le disgustan los refugiados

Decenas de miles de refugiados españoles pudieron huir y fueron acogidos en todo el mundo generosamente, sin cuotas de asilo ni excusas. México dio cobijo a más de 20.000 refugiados.

Desde la transición, los grandes partidos se han llenado la boca con la palabra reconciliación, en aparente propósito de restañar las heridas causadas por el golpe de Estado militar de 1936, que provocó una guerra civil y acabó con la democracia en España, liquidando la 2ª República. Los ganadores se comportaron con violencia extrema: persiguieron a los vencidos a los que encarcelaron, depuraron, encarcelaron y mataron. Decenas de miles pudieron huir y fueron acogidos en todo el mundo generosamente, sin cuotas de asilo ni excusas. México, presidido entonces por Lázaro Cárdenas, dio cobijo a más de 20.000 refugiados.

A Rajoy y a su gobierno le disgustan los refugiados, a los que consideran chusma. Curtidos por el exilio español propiciado por sus ancestros, algunos de ellos vivos, solo ven a esos desgraciados que huyen de la muerte como menesterosos y delincuentes, a quienes hay que prestar ayuda a cambio de nada. Como dijo la diputada Fabra, digna hija de un corrupto, ¡que se jodan!

Pero esos bribones se ven engullidos por la vorágine de los hechos; arrastrados por ellos, dicen rechinando los dientes que acogerán a los que diga la  Comunidad Europea. Con siniestros métodos, eso sí legales, que les gusta, los mantendrán en un limbo jurídico y condiciones materiales infames, a la espera de la concesión de asilo, que por excesivos y complejos trámites, al modo de palos en las ruedas, no resolverán hasta que pasen las elecciones generales.

Rajoy dictará que lo perentorio del asunto no puede amparar una ilegalidad: los trámites han de cumplirse. Será curioso comprobar lo que tarden otros países y el número final de asilos que concedan.  ¿A qué estaremos a la cola?

Mientras Rajoy cavila como burlar la recomendación europea, la sociedad civil muestra un ejemplar sentimiento humanitario, supliendo la dejadez del gobierno con hechos, sin trámites burocráticos. A quienes ven un peligro en abrir la puerta (delincuentes, asesinos, holgazanes) o hablan de goteras por el alto paro que disfrutamos, les recordaré el viejo dicho: Cuando hay sitio en el corazón, lo hay también en la casa.

Sed bienvenidos quienes solo tenéis voluntad y esperanza. Los españoles os recibimos para compartir y aliviar vuestra desgracia.

A Mariano Rajoy y a su gobierno parece que le disgustan los refugiados
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