¿Quién dijo que ser demócrata era fácil...?

Duelo a garrotazos. / Goya
Duelo a garrotazos. / Goya
Desde Aznar a Pedro Sánchez, con escalas técnicas en ZP y MR, además de pintar la mona, dicho sea con todos los respetos, hemos ido pintando versiones psicópatas actualizadas de aquel cuadro de Goya que no era una circunstancial pintura negra, sino una siniestra profecía.
¿Quién dijo que ser demócrata era fácil...?

Salvo que uno de los efectos secundarios de convivir con la Covid-19 afecte a la cabeza, asunto que dejo al criterio de ese Comité de Expertos de cuyos nombres parece no acordarse nadie, ningún progresista, conservador, simple observador o pasota, en su sano juicio, naturalmente, puede extraer la conclusión de que lo que es bueno para Junqueras, para Otegi, para Puigdemont, para kale borrocas vascas, catalanas, navarras, valençiás, galegas, balears, gente así, puede ser bueno para España. Otra cosa sería que no quisiéramos ser españoles, oye. Pero esa duda es muy sencilla de despejar en una de esas encuestas del CIS, a poder ser poco hechas, poco cocinadas, vamos, si Iván Redondo le permitiese a Tezanos incluir una obvia e inofensiva primera pregunta: ¿Quiere usted seguir siendo español?

Con cierta razón cuantitativa, el cogobierno que vino al mundo, en una extravagante sesión de investidura, apela a la legitimidad de la mayoría en cada ocasión en la que la oposición intenta poner en duda su dimensión cualitativa. No sé a ustedes, pero a mi solo se me ocurre otra pregunta para despejar esa incógnita (si es verdad, toda la verdad y nada más que la verdad que, en los gobiernos del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, eso que los gobernantes llaman los ciudadanos, además de tener derecho al voto cada cuatro años, tienen derecho a voz, en directo, personal, intransferible, a lo largo de cada legislatura) ¿Cuándo le echaremos un par de huevos democráticos para que un CIS, otro tipo de CIS, claro, se convierta en el contrapeso de un BOE que, a mis escasas luces, inclina de manera flagrante la balanza del Estado al albur de las ocurrencias de los elegidos y anula los sucesivos cambios en el estado de ánimo de los soberanos electores?

Segunda inofensiva pregunta: ¿Se siente usted bien gobernado, con equidad, con justicia, con eficacia, con transparencia, con coherencia, con correspondencia de los sesudos legisladores a los anhelos mayoritarios de 47 millones de ciudadanos?

Francamente, señoras y señores, era inimaginable que en pleno siglo XXI pudiésemos seguir acudiendo a las urnas a depositar cheques en blanco, durante cuatro años, para los sucesivos vencedores. Es alucinante, en el siglo de las luces tecnológicas, que la soberanía civil se reduzca a 24 horas de reflexión y unos minutos de cola en los colegios electorales. Es humillante que nos hagan votar a listas cerradas, a representantes anónimos, a diputadas y diputados propuestos clandestinamente a dedo, a candidatos a presidentes con inmunidad para incumplir sus solemnes contratos con esa abrumadora parte contratante a la que llaman pueblo. Es desconsolador que, tan pocos, decidan el destino de tantos, administren la cotidianidad de nuestro pan de cada día, conviertan los sueños de la gente corriente, the ordinary people, en pesadillas, nos ordeñen, tributariamente hablando, como a rumiantes que, eso sí, podemos mugir por las calles, lamentarnos a través de las redes sociales, aferrarnos al clavo ardiendo, abrumadoramente inútil, je, de un contencioso administrativo, pero despojados de cualquier indicio de presunción de inocencia, ay, si no “pasamos por ventanilla”

Tercera pregunta: ¿Se siente usted una mujer o un hombre verdaderamente libre?

Y luego está esa inquietante sensación de que los Presidentes/as, los Ministros/as, los diputados/as, los alcaldes/esas, los concejales/as, los/las articulistas, los tertulianos/as de radio y televisión, los sesudos editoriales de ámbito estatal, autonómico o local saben, minuto a minuto, lo que pensamos, lo que queremos, lo que soñamos la inmensa mayoría de los españoles ¿Déjennos en paz, coño! Si se aburren (personalmente creo que se aburran, con perdón), ¡pídanle a Papa Noel una marioneta! ¡Dejen de hablar tanto por nosotros y empiecen hablar mucho más de nosotros, ¡oh, los españoles!, por un lado sumisos cómplices y por otro víctimas propiciatorias de una historia que se resume en un conmovedor cuadro de Goya: “Duelo a garrotazos”.

Última pregunta, por hoy: ¿Quién dijo que ser demócrata era fácil...? @mundiario

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