¿Miente Putin y quiere recomponer un estado como fue la Rusia soviética?

Vladímir Putin, presidente de Rusia. / RR SS.
Putin como Stalin.
Vladimir Putin ataca a un país soberano del mismo modo que lo hizo Hitler en el pasado con idéntico cinismo justificatorio.
¿Miente Putin y quiere recomponer un estado como fue la Rusia soviética?

Para justifican su ataque a Ucrania, una nación soberana, sin previa declaración de guerra, como hacía Hitler, Putin ha ido enlazando una serie de razones, a cual más insólita. Primero, que es un ataque forzoso en defensa de la propia seguridad de Rusia para poner “fin a un alargado conflicto”. Por si fuera poco, alude a la defensa de los derechos humanos de las minorías rusas de algunas regiones de Ucrania y su “derecho a la autodeterminación” y, por supuesto, culpa del conflicto a la propia Ucrania, a los Estados Unidos y al resto de Europa. Lo del “derecho de autodeterminación” suena a aquella vieja cantinela del discurso de Stalin sobre A Cuestión nacional, documento que llegó a ser citado por el mismísimo Castelao y que la UPG distribuyó ampliamente en los años setenta dentro de los Cuadernos de Educación política de Ediciones Terra e Tempo.

Para algunos analistas, Vladimir Putin quiere reconstruir no ya aquel ensayo federal posterior a la liquidación de la URSS, sino la URSS misma, de ahí que choque todavía más su alusión a la “autodeterminación de los pueblos” para reconocer la independencia de parte de los territorios de Ucrania e incorporarlos de iure y facto a su imperio, como ya ha hecho anteriormente, o bien colocar a un gobierno títere al frente del país. Primero reconoció a las autoproclamadas repúblicas separatistas pro rusas de Donetsk y Lugansk, en el este de ese país y con notable cinismo invadió un país soberano por tres frentes en “funciones de mantenimiento de la paz”.

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La población civil sufre los efectos de esta guerra.

Es importante fijarse en alguno de los párrafos significativos del discurso con que Putin justifica la invasión, al tiempo que descalifica al Gobierno de Kiev y lo acusa de perseguir a las minorías rusa con métodos “nazis”. Y al tiempo recuerda que pondera a los residentes en Crimea y Sebastopol que quisieron volver al seno de la madre Rusia. Empero afirma: Respetamos y seguiremos tratando con respeto a todos los países surgidos en el espacio postsoviético. “Respetamos y seguiremos respetando su soberanía, y un ejemplo de ello es la asistencia que brindamos a Kazajistán, que enfrentó eventos trágicos que desafiaban a su condición de Estado e integridad. Pero Rusia no puede sentirse segura, desarrollarse, existir con una amenaza constante que emana de territorio de la Ucrania moderna. […] Nuestros planes no incluyen la ocupación de territorios ucranianos. No vamos a imponer nada a nadie por la fuerza. […] El dolor de la gente fueron para nosotros el principal motivo principal para tomar la decisión de reconocer las repúblicas populares del Donbás".

El invocado derecho a la autodeterminación

El derecho a la libre determinación de los pueblos se menciona de forma expresa en los artículos 1.2 y 55 de la Carta de la ONU, sin que exista a lo largo del texto una sola referencia a su contenido o formas de aplicación, por lo que, sin duda, su inclusión en su texto constitucional suponía la incorporación de un principio que habría de inspirar en el futuro la filosofía de la Organización. Pero es evidente que se refiere a la de los países sometidos a un régimen de dominación colonial por parte de otras naciones. Pero es invocado por los movimientos independentistas como de forma bien sabida conocemos en España, especialmente en el caso de Cataluña, donde por cierto han calado antes y ahora alguno de los discursos y acciones de Putin.

El profesor Juan Francico Soroeta Liceras, en un trabajo titulado “El derecho a la libre determinación de los pueblos en el siglo XXI: entre la realidad   y el deseo” escribe sobre la descomposición de la URSS y la aparición de nuevas repúblicas independientes que, luego del proceso de independencia de los Estados Bálticos, se extendió al resto de las repúblicas. “En este camino –destaca- fueron habituales las referencias a las sucesivas Constituciones soviéticas, en las que las referencias a la libre determinación eran una constante. Así, la Constitución de la URSS de 1936 señalaba en su artículo 17 que, «cada República federada conserva el derecho de separarse libremente de la URSS». Posteriormente, la Constitución de 7 de octubre de 1977 mantuvo este mismo planteamiento, al señalar en sus artículos 70 y 72 el derecho que asistía a cada República a «separarse libremente de la URSS [...] en virtud del derecho de libre autodeterminación». Sin embargo, el tiempo se encargaría de demostrar el carácter puramente teórico de este derecho, y que si las diferentes repúblicas que componían la URSS no trataron de ejercerlo hasta los años noventa del siglo pasado no fue por otra razón que por la imposibilidad real de su puesta en práctica”.

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El mundo entero apoya a Ucrania salvo las dictaduras de Iberoamérica.

Y más adelante, precisa: “El acceso a la independencia del resto de las Repúblicas que pertenecieron a la URSS, que siguieron el camino abierto por las bálticas, se plasmó en los acuerdos de Minsk y de Alma Ata, a los que siguió la dimisión de su presidente, Gorbachov, el 25 de diciembre de 1991, y la admisión en las Naciones Unidas de los Estados que componían la URSS. Aclara Soroeta que el proceso de desmembramiento “las referencias constitucionales a este derecho eran simples consignas de reconocimiento a los pueblos por su lucha contra el yugo capitalista (veáse lo que dice Stalin al respecto). Y que, desde el punto de vista del Derecho internacional se trata simplemente “del desmembramiento de un Estado Federal”.

El derecho a la independencia en las constituciones rusas

Este especialista en Derecho Internacional insiste en que “El hecho de que la Ley Fundamental de 1977 de la URSS fuera una de las pocas constituciones federales que reconocían el derecho a la secesión de las Repúblicas federadas, o de que la Ley de 3 de abril de 1990 estableciera un procedimiento para su puesta en práctica, permitiendo en el plano interno un procedimiento de acceso a la independencia para las repúblicas integrantes de la URSS, no debe llevarnos al error de aceptar tales planteamientos como propios del Derecho internacional. En estos casos no cabe referirse al derecho a la libre determinación de los pueblos, como tampoco cabe afirmar que el Derecho internacional reconozca, aunque sea sólo en este caso, el derecho de secesión”. En enero de 1990, en una visita a Lituania, el entonces dirigente soviético Mijail Gorbachov prometiera la elaboración de un mecanismo que posibilitara que las repúblicas bálticas recuperaran su independencia. Y a ese proceso siguió el desmembramiento del resto de la URSS, a través de sucesivos referendos. Pero ya entonces se advirtió que en algunos de los nuevos países que iban a surgir existían grupos nacionales compactos de otros territorios como sucedería en Ucrania. Hay un interesante documento, de la propia embajada de Rusia en España, donde se resume el proceso que condujo a la desaparición de la URSS y de la Confederación de Estados Independientes que siguió. Se inicia el proceso con los cambios económicos que introdujo Gorbachov (Perestroika y Glásnost).

A finales de los años 1980, las repúblicas que componían de la Unión Soviética comenzaron legalmente un movimiento hacia una declaración de soberanía sobre sus territorios, citando el Artículo 72 de la Constitución de la URSS, que indicaba que cualquier república componente era libre de separarse. El 7 de abril de 1990 fue aprobada una ley, por la cual una república podría separarse, si más de dos terceras partes de los residentes de la república votaban a favor de ello en un referéndum. Muchas liberalizaron primero las elecciones de la era soviética para sus propias legislaturas nacionales en 1990. Un referéndum para la conservación de la URSS fue celebrado el 17 de marzo de 1991, con la mayoría de la población que votó por la conservación de la Unión en nueve de las quince repúblicas. En el verano de 1991, el Nuevo Tratado de la Unión fue diseñado y fue acordado para ocho repúblicas que se habrían inclinado a convertir la Unión Soviética en una federación mucho menos rígida.

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Las más vulnerables, víctimas de la guerra,

Sucesivamente, Lituania (1990) y Letonia y Estonia (agosto de 1991) recuperaron su independencia y demostraron que era posible volver a ser países soberanos fuera de la federación rusa. El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belovesh que declaró la Unión Soviética disuelta y se estableció la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en su lugar. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov renunció como presidente de la URSS, declarando a la URSS disuelta. El día siguiente, el Soviet Supremo de la URSS, el cuerpo gubernamental más alto de la Unión Soviética, reconoció el desplome de la Unión Soviética y se disolvió, lo que supuso la disolución final de la Unión Soviética como un estado.

Putin quiere volver atrás la historia

Pero parece que ahora Putin quiere volver atrás. En este momento, hemos de ser conscientes de que vivimos el mayor conflicto en Europa desde la II Guerra Mundial y las guerras de los Balcanes. Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN, ha advertido lo que sin duda parece evidente:  "los objetivos del Kremlin no están limitados a Ucrania" poco después de que Moscú haya amenazado a Finlandia y Suecia con “consecuencias políticas y militares” si deciden unirse a la OTAN”. Putin pretende que la Alianza Atlántica retire a sus tropas hasta las fronteras de la misma de 1997. “Tenemos que tomarnos esto en serio”.

Los ucranianos se quejan de que, salvo las medidas económicas, Occidente no ha hecho nada efectivo para ayudarlos desde que Putin anunciara que Rusia iba a invadir Ucrania, añadiendo que cualquiera que se interpusiera sufriría “consecuencias que jamás han visto en su historia”, lo que se entendió como una amenaza de uso de armamento nuclear. Ese es el temor que justifica la decisión de no desplegar la OTAN en Ucrania para devolver los tanques rusos a la frontera. Claro que nos sitúa en un escenario terrorífico, no en vano, el ministro de Exteriores de Francia ha manifestado “Creo que Vladimir Putin también debe entender que la Alianza Atlántica es una alianza nuclear”. @mundiario.

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