El PSOE normaliza a Bildu en las instituciones

José Luis Ábalos. / PSE
José Luis Ábalos. / PSE
Se dirá que es una conquista democrática que quienes ayer mataban hoy se sienten a la mesa del poder. Sin duda es una mejora. Pero también es un oprobio para las familias de los 800 muertos, tres mil heridos y un número desconocido de afectados de otras formas como extorsión, exilio o marginación.
El PSOE normaliza a Bildu en las instituciones

El Secretario de Organización del Partido Socialista y ministro de Fomento ha defendido este jueves la normalización institucional de Bildu, el partido de la izquierda radical vasca que nunca ha condenado el terrorismo, heredero de anteriores formaciones que fueron ilegalizadas precisamente por no condenar la violencia. José Luis Ábalos ha recurrido a una extraña comparación con el golpe de Estado de 1981, tratando de hermanar las figuras de Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo.

Es una  comparación forzada. En aquel día funesto ambos llevaban años firmemente comprometidos contra la violencia política. Es cierto que habían luchado en bandos distintos en la Guerra Civil. Mellado como militar franquista desde la retaguardia republicana y Carrillo como alto dirigente político, involucrado directamente en la matanza de Paracuellos del Jarama, donde fueron asesinados entre mil y dos mil presos políticos de las cárceles republicanas.

El ministro debería de haberse referido a otros hechos más relevantes. Por ejemplo a la explícita renuncia a la violencia de las fuerzas políticas que pactaron el final del franquismo así como a las leyes de amnistía, piedra angular de la reconciliación democrática. Una y otras permitieron construir un sistema político homologable con los países más avanzados que ha deparado el mayor período de progreso de nuestra historia.

Es cierto que muchos grupos procedentes de la lucha armada, llámese terrorista o de otra forma, se han incorporado a la vida democrática. En Irlanda del Norte, en Colombia, en la República Sudafricana y en otros muchos. En casi todos hubo una renuncia explícita a la lucha armada. En el caso del País Vasco, el terrorismo continuó matando hasta entrado el siglo XXI, siendo sus objetivos durante la última etapa, los representantes democráticamente elegidos. De todo ello Bildu no ha querido abjurar ni menos condenar. Gestos simbólicos de menor nivel han sido protagonizados por algunos de sus representantes en actos locales.

No puede decirse que el ministro Ábalos nos sorprenda. Con la mediación del PNV, el socialismo vasco lleva años dialogando con Bildu, de igual forma que el Gobierno socialista de Navarra está apoyado por dicha formación. Se nos dirá que es una conquista democrática que quienes ayer mataban hoy se sienten a la mesa del poder y sin duda es una mejora. Pero también es un oprobio para las familias de los 800 muertos, tres mil heridos y un número desconocido de afectados de otras formas como extorsión, exilio o marginación. A ellos también habrá que explicárselo.

La normalización parlamentaria de Bildu plantea dos problemas más. De un lado la inevitable aceptación de que Vox es un partido con credenciales incluso mejores, pues no ha estado defendiendo la violencia, y por tanto no debería ser execrado, ni marginado, ni tampoco sus posibles socios de gobierno o aliados. De otro la llamada Memoria Histórica. Si ésta por definición es materia política más que histórica, la explicación necesaria sobre el terrorismo tendrá que ser muy alambicada, y por tanto muy poco veraz, para contentar a víctimas y verdugos. @mundiario

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