El PSOE intenta encajar la entrada en prisión de Ábalos e insiste en agotar la legislatura
La entrada en prisión preventiva de José Luis Ábalos, antiguo secretario de Organización y durante años mano derecha de Pedro Sánchez, ha desatado un nuevo terremoto político en el PSOE. La reacción interna combina dos sentimientos: la convicción de que el partido actuó con contundencia y rapidez, y la preocupación por la imagen que proyecta la presencia de un nuevo exsecretario socialista en la cárcel en menos de una semana.
Fuentes de la cúpula socialista subrayan que Ábalos fue expulsado del partido ya en febrero de 2024, tras el estallido de la trama conocida como caso Koldo, y recuerdan que Sánchez lo apartó tanto de la dirección del partido como del Gobierno en 2021. Esa distancia política, aseguran, permite al PSOE evitar un desgaste estructural como el que generó el caso de Santos Cerdán, cuya caída sí implicó directamente a la actual planta noble de Ferraz y provocó la renovación de la Secretaría de Organización aprobada en un convulso Comité Federal.
Aun así, dirigentes territoriales y parlamentarios admiten que el golpe reputacional es profundo, especialmente porque Ábalos fue quien defendió la moción de investidura que desbancó a Mariano Rajoy en el Congreso, en 2018, precisamente centrado contra la corrupción en el PP. El impacto se multiplica, señalan, porque afecta a la secretaría de Organización, un área clave de Ferraz que fue ocupada sucesivamente por Cerdán y Ábalos mientras el presidente delegaba en ellos buena parte del control interno.
En el entorno del presidente sostienen que Sánchez está “tranquilo” y convencido de que la única salida a esta crisis es “gobernar y tomar decisiones en positivo”. La respuesta se vio en su presencia en la firma del acuerdo que permitirá subir un 11 % el salario de los empleados públicos hasta 2028, una aparición interpretada como un intento explícito de transmitir normalidad institucional.
Moncloa confía en que los avances en materia social y económica refuercen al Gobierno frente al discurso de la oposición, aunque internamente admiten que la imagen del PSOE se ha resentido y que la situación es especialmente delicada en un año preelectoral, y con las elecciones en Extremadura fijadas para el 21 de diciembre, donde los socialistas esperan un duro resultado tras la imputación de su líder, Miguel Ángel Gallardo, en la causa contra el hermano de Sánchez.
El daño interno: inquietud territorial y críticas históricas
En varias federaciones socialistas cunde la inquietud. Algunos dirigentes recuerdan que la concatenación de escándalos en torno a exresponsables de Organización proyecta una sensación de descontrol que dificulta la acción política en el territorio. Las críticas del presidente socialista de Castilla-La Mancha Emiliano García-Page y las alusiones del expresidente Felipe González en el Senado vuelven a evidenciar la fractura entre Ferraz y una parte del socialismo histórico.
Pese a ello, la mayoría de los barones coincide en que Sánchez no convocará elecciones a corto plazo. La consigna dominante es resistir, recomponer la credibilidad y mantener el foco en la agenda legislativa hasta, al menos, las elecciones andaluzas de junio.
La prisión preventiva de Ábalos añade un factor más de incertidumbre en el Congreso. Aunque mantiene su acta, quedará suspendido de derechos y no podrá votar, lo que deja al Gobierno con un diputado efectivo menos. Con la mayoría absoluta situada en 176 escaños y la relación con Junts en un momento crítico, cada votación se vuelve más incierta.
La Mesa del Congreso deberá decidir si la mayoría absoluta se mantiene en 176 o se ajusta a la ausencia de Ábalos. Los precedentes apuntan a que no habrá cambios, lo que incrementaría la presión sobre el Ejecutivo, obligándolo a obtener no solo la abstención, sino el voto afirmativo de Junts en cada iniciativa clave.
Un golpe político que el PSOE intenta amortiguar
La dirección socialista insiste en que esta crisis no altera el rumbo de la legislatura y que el Gobierno presentará los Presupuestos aunque se arriesgue a una derrota parlamentaria. En Moncloa creen que, incluso si son rechazados, permitirán confrontar con la oposición un proyecto económico identificable.
Mientras tanto, la cuestión Ábalos sigue abierta. Sus ataques recientes a Sánchez y sus insinuaciones sobre otros casos añaden inquietud en la dirección federal, que intenta desmarcarse de cualquier vínculo reputacional. El mensaje oficial es que Ábalos no tiene nada que revelar y su estrategia responde únicamente a su situación judicial.
El PSOE afronta uno de los peores momentos de la legislatura, con tensiones internas comenzando a aflorar, un deterioro progresivo de imagen y una mayoría parlamentaria quebrada. Pero, lejos de mostrarse dispuesto a un adelanto electoral, el partido se aferra a la continuidad y a la acción de gobierno como vía para recuperar estabilidad. @mundiario