PP y Vox reactivan los pactos autonómicos mientras la Moncloa explota el giro estratégico de Feijóo

Feijóo intenta recomponer su relación con Abascal para garantizar las investiduras de Guardiola y Azcón, pero el acercamiento otorga munición ideológica para Sánchez, quien busca capitalizar la alternativa a un bloque conservador cada vez más alineado.

Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Santiago Abascal, líder de Vox. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo, líder del PP y Santiago Abascal, líder de Vox. / Mundiario

La política española vuelve a girar en torno a un eje conocido, la relación entre el PP y Vox y su impacto en la gobernabilidad autonómica y nacional. El movimiento estratégico de Alberto Núñez Feijóo para reconducir las negociaciones con Santiago Abascal ha abierto una nueva fase en la derecha española. El objetivo es asegurar estabilidad institucional en las comunidades donde los populares dependen de la formación de derecha radical. El efecto colateral, sin embargo, es igualmente ofrecer al Gobierno un argumento renovado para reforzar el relato de polarización.

En Génova sostienen que el nuevo “documento marco” no es una cesión ideológica, sino un intento de fijar reglas claras. La dirección nacional del PP, con el secretario general Miguel Tellado al frente de las conversaciones, busca evitar la improvisación territorial y garantizar compromisos estables, especialmente en materia presupuestaria.

El planteamiento incluye el compromiso explícito con la legalidad vigente y el marco constitucional, acuerdos presupuestarios para toda la legislatura en las comunidades donde haya pactos y coincidencias programáticas en inmigración, política fiscal, energía nuclear o simplificación regulatoria.

La estrategia responde a una lectura pragmática, tras los ciclos electorales en territorios como Extremadura, Aragón y el próximo en Castilla y León, el PP asume que necesita entenderse con Vox si quiere gobernar.

Pero Feijóo intenta cambiar el marco narrativo. En lugar de un “PP contra Vox”, la apuesta es proyectar un “PP y Vox frente a Pedro Sánchez”. Es un movimiento táctico que busca frenar la fuga de votantes hacia la derecha radical y, al mismo tiempo, integrar a Vox en dinámicas institucionales.

Abascal: cooperación sin subordinación

Desde la dirección de Vox la reacción ha sido ambivalente. Aunque reconocen coincidencias en materias como inmigración irregular, rebajas fiscales o revisión de políticas climáticas, el tono público de Abascal ha sido crítico. El líder de Vox rechazó la idea de que su partido deba ser “domado” o tratado como sospechoso de deslealtad constitucional.

La tensión luce estratégica. Vox necesita mostrar firmeza ante su electorado para evitar diluir su perfil propio después de haber hecho campaña contra los populares, a quienes acusó de sostener el bipartidismo que supuestamente produce la degradación de España y de pactar con el PSOE en Bruselas. El riesgo para Abascal es parecer benevolente con el PP, el riesgo para Feijóo es que cualquier cesión refuerce el discurso de que los populares asumen el marco ideológico de Vox.

Pese al ruido, las conversaciones continúan. Ambas formaciones comparten incentivos claros como evitar los bloqueos institucionales como el que se está formando en Extremadura, con la primera investidura de María Guardiola perfilándose como posiblemente fallida. De no lograr un acuerdo, es probable que la comunidad autónoma se vea abocada a una repetición electoral.

Moncloa activa el relato del “bloque”

En el entorno de La Moncloa interpretan el acercamiento como una oportunidad política. La imagen de entendimiento entre PP y Vox facilita al Ejecutivo reactivar el discurso del “bloque conservador”, útil para movilizar a su electorado y cohesionar a sus socios parlamentarios.

El argumento gubernamental ha evolucionado: ya no se trata solo de advertir sobre una eventual coalición con Vox, sino de presentar al PP como ideológicamente indistinguible de su socio potencial. Desde esa óptica, el documento marco sería una prueba de alineamiento.

Este enfoque busca reactivar a los votantes progresistas desmovilizados y plantear la próxima contienda electoral como una elección entre dos modelos cerrados y opuestos. La estrategia no es nueva, fue el as bajo la manga que ayudó a Pedro Sánchez a amortiguar el golpe del auge de las derechas e impedir que el PP alcanzara la mayoría suficiente para gobernar.

La batalla por el centro político

El dilema de Feijóo es complejo. Si endurece discurso y pactos, puede consolidar gobiernos autonómicos y frenar la competencia electoral por la derecha. Pero corre el riesgo de erosionar su atractivo en comunidades donde el electorado es más moderado, como Galicia o Andalucía.

Para Vox, el desafío es distinto porque necesita mantener su identidad antisistema sin quedar fuera del poder institucional. Su crecimiento electoral se ha apoyado en una narrativa de ruptura, pero la gestión exige pragmatismo.

La recomposición entre PP y Vox responde a una lógica de gobernabilidad territorial. Sin embargo, el movimiento tiene repercusiones nacionales. Cada fotografía de entendimiento alimenta el debate sobre el futuro equilibrio político en España. @mundiario

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