El PP, ante una inédita consulta directa a la militancia previa al congreso

Mariano Rajoy en un acto de campaña en Pontevedra junto a Alberto Núñez Feijóo y Ana Pastor. / Facebook PP
Mariano Rajoy en un acto de campaña en Pontevedra junto a Alberto Núñez Feijóo y Ana Pastor. / Facebook PP

Ana Pastor, para muchos la persona de máxima confianza de Rajoy, a la que considera amiga además de estrecha colaboradora, confiesa que se llevó "un disgusto gordo" por la decisión del presidente de la Xunta.

El PP, ante una inédita consulta directa a la militancia previa al congreso

Mariano Rajoy prometió que sería neutral y lo está cumpliendo a rajatabla. De su boca no ha salido por ahora ni una sola palabra sobre a quien preferiría como sucesor en la presidencia del PP. De vuelta a su plaza de registrador de la propiedad en Santa Pola (Alicante), al menos en apariencia, no muestra preocupación alguna por los derroteros que está tomando un proceso que, porque él así lo quiso, abre en canal el partido que lideró en los últimos diez años y en el que milita desde hace casi cuarenta. Parece confiar en que la organización salga reforzada del ejercicio de democracia interna en el que está metida con la celebración de una inédita consulta directa a la militancia previa al congreso extraordinario de mediados del mes que viene, del que en última instancia saldrá su nueva cabeza visible.

Sin embargo, podemos suponer que no le gustó el paso atrás o a un lado de Alberto Núñez Feijóo. Hay un claro indicio: Ana Pastor, para muchos la persona de máxima confianza de Rajoy, a la que considera amiga además de estrecha colaboradora, confiesa que se llevó "un disgusto gordo" por la decisión del presidente de la Xunta. Ella, como muchos notables y barones territoriales del PP, confiaba en que presentaría su candidatura. Era una candidatura que tenía todas las de ganar, incluso sin necesidad de integrar a alguno de sus sectores que le ofrecieron su ayuda desinteresada a fin de evitar un desgarro interno como el que inevitablemente va a generar la batalla a cara de perro entre Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores De Cospedal.

Si uno se para a pensarlo, el disgusto de la presidenta del Congreso no deja de evidenciar una incongruencia en quien a su vez también esgrime el sentido de la responsabilidad institucional a la hora de descartarse como candidata, a pesar de reconocer que se lo pidieron muchas personas en los últimos días, antes y después de la inesperada "espantada" de Feijóo. Mientras Don Alberto adujo que no podía incumplir su compromiso de cuatro años con los gallegos que en 2016 le dieron su tercera mayoría absoluta, Doña Ana sugiere que entrar en la batalla por la presidencia del PP le obligaría a bajarse de la mesa del hemiciclo, abandonando a mitad de legislatura la encomienda que recibió de los diputados y diputadas después de las elecciones de 2016.

Lo que no dice la señora Pastor es que su renuncia daría lugar a la elección de una nueva mesa que con toda probabilidad dejaría de estar controlada por la oposición al gobierno de Sánchez. Y eso es algo que no le conviene al PP, ni a Ciudadanos, al centro derecha en general, puede que tampoco a ninguna de las fuerzas minoritarias que no apoyaron la moción de censura contra Rajoy. Es probable que abrir ese melón, justo ahora, tampoco le viniera bien al PSOE y a sus aliados en precario, por más incómoda que les pueda resultar la correlación de fuerzas de la mesa del Congreso a la hora de tramitar leyes, iniciativas, mociones, comparecencias, etc.

Al parecer, hubo un momento -breve pero lo hubo- en que a Ana Pastor le sonó agradable eso de que la propusieran como sucesora casi natural de su "amigo" Mariano, encarnando la llamada tercera vía, la que evitaría el temido choque de trenes. Había cierto consenso en que, con la renuncia de Feijóo, también ajena a la guerra de guerrillas Soraya-Cospedal y a las conspiraciones de Génova y Moncloa, ella podía ser la persona adecuada para liderar un PP refundado o al menos reconstruido. Es obvio que quienes lanzaron la idea o la dieron por buena pasan por alto la naturaleza gregaria de la doctora Pastor. Es una secundaria de lujo, eficaz pero sobria. Lo suyo nunca ha sido la primera línea. No aspira a lucir el maillot amarillo. Si se sitúa a la cabeza del pelotón, es para ayudar a su jefe de filas, el que sea. En ese papel, nunca le faltará trabajo. Al menos eso cree ella. @mundiario

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