El PP desestabiliza al Gobierno con una enmienda que reabre la guerra por Almaraz
La política española ha encontrado en la energía nuclear un nuevo campo de batalla. El cierre de la central de Almaraz, que parecía un asunto zanjado entre los socios de Gobierno, ha vuelto a poner en evidencia las fisuras de la coalición. El Partido Popular ha logrado colar una enmienda en la ley de movilidad sostenible —una norma crucial para desbloquear 10.000 millones de euros de fondos europeos— que pospone el apagón definitivo de Almaraz, Ascó I y Cofrentes. La maniobra ha sido tan inesperada como estratégica: una jugada que descoloca al Ejecutivo y enfrenta de nuevo a PSOE y Sumar sobre un tema que simboliza sus diferencias más profundas.
No se trata solo de una disputa técnica sobre fechas o kilovatios, sino de una cuestión política y simbólica. Almaraz representa el dilema de un Gobierno que promete una transición energética justa, pero que choca con los límites de la realidad: la dependencia energética, la presión de las eléctricas y la falta de consenso territorial. La enmienda del PP ha reabierto la caja de Pandora, y con ella, los reproches cruzados dentro del propio Ejecutivo.
El Senado, con mayoría absoluta del PP, aprovechó su ventaja numérica para introducir el cambio en una ley que nada tenía que ver con la energía. Pero la maniobra no es inocente: busca forzar al PSOE a posicionarse entre la ortodoxia climática de sus socios y la pragmática necesidad de garantizar el suministro eléctrico. Es, en el fondo, un test de coherencia y de poder.
El resultado es una tensión que trasciende el plano legislativo. Podemos y Alianza Verde han pedido bloquear la enmienda, aunque fuentes parlamentarias reconocen que no hay base para hacerlo. Sumar, por su parte, acusa al PP de “legislar por la puerta de atrás”, mientras el PSOE oscila entre el discurso verde y la tentación de conceder la prórroga que piden las eléctricas. Pedro Sánchez, en una entrevista reciente, dejó abierta la puerta a “estudiar la alternativa” si se garantiza la seguridad y no se traslada el coste a los ciudadanos.
Una maniobra política con más carga que voltaje
El PP no solo ha puesto contra las cuerdas al Gobierno, sino que ha introducido un elemento de presión estratégica. De acuerdo con el diario EL PAÍS, si Junts decide apoyar la enmienda, el texto podría salir adelante en el Congreso, generando un escenario explosivo para la coalición. El Ejecutivo teme que el partido de Carles Puigdemont vea con buenos ojos la propuesta, ya que también afecta a la central de Ascó I, en Tarragona.
En el PSOE, mientras tanto, las señales son confusas. Aunque en el Senado rechazaron la modificación, voces internas, como la del candidato extremeño Miguel Ángel Gallardo, ya dan por hecho que el Gobierno “va a prorrogar” la vida de Almaraz. Un mensaje que refuerza la sensación de que el Ejecutivo busca ganar tiempo y evitar una ruptura mayor con las empresas propietarias de las centrales.
La batalla por Almaraz es mucho más que una disputa sobre el calendario nuclear: es una metáfora de las contradicciones de la izquierda en el poder. Sumar defiende una transición acelerada hacia las renovables, mientras el PSOE se enfrenta a la presión territorial —especialmente en Extremadura— para mantener la planta como motor económico y símbolo de estabilidad energética. @mundiario


