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El pin parental de Vox o cómo segarle la hierba bajo los pies al Partido Popular

Vox prosigue en campaña electoral. Su rival no es la izquierda, sino el PP. Fagocitado Ciudadanos, por escorarse hacia el radicalismo, ahora está consiguiendo que el Partido Popular siga ese camino. Es lo mejor que le podía ocurrir al PSOE.
El pin parental de Vox o cómo segarle la hierba bajo los pies al Partido Popular
Santiago Abascal. / Vox
Santiago Abascal. / Vox

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

En la sumamente polarizada política española, el acuerdo del Gobierno autonómico de Murcia para autorizar el llamado pin parental, exigido por Vox para aprobar los Presupuestos, ha sido una bomba política absoluta. Con un solo disparo ha simplificado hasta la caricatura el debate político. El ministro de Fomento, habitualmente comedido, ha ido al lugar para calificarlo de “laboratorio de la ultraderecha”, el Consejo de Ministros anuncia medidas legales y el debate sube decibelios en toda España. Para sorpresa de todos, el PP a través de Pablo Casado y de otros dirigentes, respalda ese tipo de medidas.

El ruido bélico no permite entenderse. El origen del conflicto se encuentra en la campaña electoral, cuando Vox denuncia que se utilizan actividades complementarias de los centros escolares para impartir contenidos ideológicos vinculados con la sexualidad o la moral. Generalizando se propone que las familias, individualmente, puedan ejercer el veto sobre la asistencia de sus hijos a esas actividades. Llegados al Gobierno, imponen sus propuestas. Tras una negociación parece ser que las medidas aprobadas serían más flexibles, dejando en manos de los directores de los centros de enseñanza la decisión final pero diluyendo la posibilidad del veto individual.

El daño ya está hecho. En el peor lugar posible, los centros de enseñanza, se introduce una polémica política basada en discursos y no en hechos. Y en la que se anima a que cada ciudadano pueda introducir vetos o denuncias. De prosperar esa actitud, sencillamente los centros de enseñanza irían al colapso, con denuncias constantes sobre contenidos reales o inciertos. El camino perfecto para liquidar el sistema de enseñanza y liquidar lo único realmente importante: la curiosidad de los menores por el conocimiento.

La Constitución garantiza el derecho a la libertad de enseñanza y a la libre elección de centro escolar por parte de la familia. La primera está modulada por la legislación educativa, bastante estricta en cuanto a contenidos que deben ser impartidos, organización de las enseñanzas y desempeño profesional de los docentes. La libre elección de centro es una realidad en las zonas urbanas, donde existe una amplia oferta de centros concertados y libres, pero no en el medio rural. Con 8 millones de estudiantes y 700.000 profesores, el número de denuncias por contenidos impropios es mínimo y habitualmente los recursos de la Administración educativa son suficientes para controlar, supervisar y en su caso corregir cualquier disfunción. Luego ¿existe un problema real? No lo parece.

Lo real es que Vox prosigue en campaña electoral. Su rival no es la izquierda, sino el PP. Fagocitado Ciudadanos, por escorarse hacia el radicalismo, ahora está consiguiendo que el Partido Popular siga ese camino. Es lo mejor que le podía ocurrir al PSOE y por eso se apresura a ahondar la brecha, alimentar el escándalo, no dejar que se apague. Si Vox manda en la derecha el país agudiza la polarización pero electoralmente ganaría la izquierda siempre, como indican los datos del CIS desde hace décadas.

Todo lo cual es sabido por el PP y solo se explica su posición por la preocupante ausencia de ideas que demuestra. Los mamporreros de la política no lo saben, pero los dirigentes lúcidos lo tienen presente: un país necesita siempre un buen Gobierno y al mismo nivel una buena oposición que pueda ser relevo mañana. El Gobierno actual es como es, de aluvión obligado por las circunstancias, pero la oposición no parece querer enterarse de cuál es su papel. Solo Vox tiene una idea, explosiva, beligerante, pero definida: devorar al PP. Casado y los suyos creen que lo evitarán haciéndole el juego pero les han tomado la delantera. Esta misma semana, mientras el PP rechazaba negociar la renovación de las instituciones, Vox se prestaba a ello. Han iniciado un reparto de funciones entre los ultramontanos de Murcia o Madrid y los pragmáticos instalados en el Congreso.

¿Y la mejora de la educación, la reducción del fracaso y del abandono, la lucha por la excelencia?  Cuestiones irrelevantes ante una batalla de trincheras, buenos contra malos, da igual cual sea el bando. Y así vamos. @mundiario