Los partidos no quieren cambiar: ¿es Susana Díaz un claro ejemplo?

Susana Díaz.
Susana Díaz.

Asistimos al enorme esfuerzo que realizan los partidos tradicionales cambiando todo lo necesario para conseguir que nada cambie aunque algo nos dice que esta vez están condenados al fracaso.

Los partidos no quieren cambiar: ¿es Susana Díaz un claro ejemplo?

Asistimos al enorme esfuerzo que realizan los partidos tradicionales cambiando todo lo necesario para conseguir que nada cambie aunque algo nos dice que esta vez están condenados al fracaso.

 

El ascenso del partido surgido del movimiento 15-M, el que quería delegar soberanía sin perderla y lograr lo que denominaban "Democracia Real", sembró la alarma en los partidos tradicionales que habían asistido como tranquilos espectadores al fenómeno provocando movimientos hacia la democratización interna y en contra de la corrupción, tendencia que paralizaron en cuanto Podemos tocó techo y dejó de subir en las encuestas. Lo estamos comprobando en Andalucía. Allí Susana Díaz se vio vencedora y el PSOE rechazó la propuesta del PP para que se dejase votar a la lista más votada. Era Andalucía a cambio de Madrid, y dijo "no" convencida de que Podemos o Ciudadanos le darían el poder.

Pronto vio Susana Díaz que Podemos tenía demasiadas exigencias y que no cedía en ninguna de ellas, pero le quedaba Ciudadanos que es el partido estrella de las futuras alianzas, el socio moderado que no aspira a entrar en el poder si no lo ha ganado y que su programa es bastante asumible. Grave error del PSOE porque Ciudadanos no ha cedido en su exigencia de que no haya imputados en las listas o en los cargos públicos y que en el caso andaluz se centraba en Griñán y en Chaves, expresidentes de la Junta de Andalucía en el momento del caso de los falsos EREs y de las irregulares subvenciones. Anda Susana ahora desesperada por no lograr la investidura sin dar nada a cambio, y eso solo era posible antes, en la época de las mayorías absolutas, pero ya no ahora, en el momento de buscar coincidencias de programas. Susana Díaz y su partido no logran ver que aunque formasen gobierno no podría sacar adelante ni un solo proyecto de ley sin apoyos.

En un efecto contagioso el PP también piensa que C's les dará su apoyo en Madrid y donde haga falta, por afinidad, cercanía, y olvidado lo fundamental, que si Ciudadanos es estricto en Andalucía con Griñán y Chaves, es de suponer que lo será más con el PP donde los casos de corrupción son mucho más abundantes porque también su poder es mayor. 

Va a ser difícil, por no decir imposible, que los grandes partidos puedan formar gobiernos si Podemos y Ciudadanos no ceden y exigen la ausencia de corruptos en las filas de los partidos, amén de las particularidades de programa de cada uno en cuando a las primarias, leyes electorales, poder judicial, etc. El PP y todos los partidos con parcelas de poder se han lanzado a la busca del voto indeciso, los que disfrutan de poder local haciendo glorietas, aceras, rotondas, y cualquier cosa que de trabajo, y los que disfrutan del poder nacional, el PP, con bajadas de impuestos, y gastos sociales para las madres y otros que suponen un gasto importante.

Esto no estaría nada mal si hubiese habido reformas de la Administración, si se hubiese reducido el fraude o la economía sumergida, y hubiese presupuesto para ello en base otros recortes diferentes a los sufridos, pero no es así. La búsqueda desesperada del voto ha llevado a un crecimiento de la deuda que ya en abril alcanza el previsto para todo el año, metiéndonos en un atolladero del que solo se podrá salir si el crecimiento del PIB es espectacular y las campañas de las elecciones generales no traen un despilfarro mayor.

Esperemos que la solución sea la que no quieren, que desaparezca la corrupción, los corruptos y los mentirosos, que los partidos de democraticen, que la democracia sea real, que pueda gobernar la lista más votada con la abstención de todos los demás, pero que solo se aprueben proyectos de ley consesuados, y que esto ocurra depende básicamente de Ciudadanos y Podemos ahora, y de la suma de los partidos nacionalistas en las generales, aunque estos ya se consideran tradicionales y también tienen mucho que limpiar, especialmente CIU.

Los partidos no quieren cambiar: ¿es Susana Díaz un claro ejemplo?
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