De número dos a apartada: claves de la querella por acoso de la exconcejala de Móstoles
La política municipal de Móstoles se ha visto sacudida por una querella que va más allá de los hechos denunciados: cuestiona las dinámicas de poder, silencio y represalias dentro de las estructuras partidistas. Una exconcejala del Partido Popular ha llevado ante los tribunales al actual alcalde, Manuel Bautista, tras relatar un supuesto proceso de acoso sexual que, según sostiene, derivó en aislamiento profesional y degradación tras negarse a mantener relaciones íntimas con él.
El caso, adelantado por EL PAÍS y formalizado el pasado 16 de febrero, dibuja un relato detallado y cronológico en el que la denunciante describe cómo una relación inicialmente profesional y de confianza se transformó en un entorno hostil. La querella, de 93 páginas, no solo señala al regidor, sino también al propio partido como posible responsable jurídico, abriendo un frente que trasciende lo individual.
Durante meses, según el testimonio recogido en el escrito y al que ha tenido acceso EL PAÍS, la exedil habría sido objeto de insinuaciones reiteradas en contextos privados, especialmente durante desplazamientos en coche. La negativa explícita y continuada a esas propuestas marcaría, según su versión, un punto de inflexión: del acercamiento personal a la marginación política.
Estrategia de desgaste
El relato no se limita a episodios puntuales, sino que describe un patrón de conducta que habría evolucionado hacia una estrategia de desgaste. La denunciante afirma que, tras rechazar cualquier relación, comenzó a ser excluida de actos relevantes, invisibilizada en la comunicación institucional y apartada progresivamente de sus funciones.
La gravedad del caso no reside únicamente en los hechos descritos, sino en su interpretación: un posible uso del poder político como herramienta de presión personal y castigo profesional. En ese contexto, la querella se convierte en algo más que una denuncia judicial; es una radiografía incómoda del funcionamiento interno de ciertas estructuras de poder.
Del ascenso político a la marginación
La exconcejala llegó al proyecto político de Bautista en 2022, sin experiencia previa en primera línea, pero con un perfil profesional consolidado como directora de instituto. Su rápida promoción —hasta convertirse en número dos de la candidatura— reflejaba, según el relato, la confianza depositada en ella.
Sin embargo, ese ascenso meteórico habría coincidido con el inicio de comportamientos inapropiados por parte del alcalde. Las insinuaciones, cada vez más directas, habrían generado un clima de incomodidad que la denunciante trató de frenar con negativas claras. Lejos de cesar, sostiene, la situación se intensificó.
El punto de ruptura llegó cuando, tras una negativa tajante, el comportamiento del entorno político cambió radicalmente. De ser una figura visible y activa, pasó a ser apartada de decisiones, eventos y espacios de representación.
Rumores, presión y desgaste personal
Uno de los elementos más perturbadores del caso es la presunta difusión de rumores sobre una relación inexistente. Según la querella, el propio alcalde habría alimentado comentarios de carácter sexual sobre la denunciante, afectando no solo a su reputación profesional, sino también a su entorno personal.
Estos rumores, de acuerdo con el testimonio, llegaron incluso a su familia, generando situaciones de tensión y vergüenza. Ahora bien, la presión no se limitó al ámbito político, sino que se extendió a su vida privada, amplificando el impacto emocional.
La denunciante describe un proceso de desgaste progresivo, en el que el miedo, la culpa y la ansiedad fueron ganando terreno. A pesar de ello, decidió mantener su posición durante la campaña electoral, en parte por responsabilidad y en parte por temor a las consecuencias de una salida abrupta.
El silencio institucional y la respuesta judicial
Tras las elecciones, lejos de mejorar, la situación habría empeorado. La exedil asegura que fue sistemáticamente excluida de funciones clave, relegada a tareas menores y finalmente despojada de sus competencias. Este proceso culminó con su apartamiento de la concejalía.
Ante la falta de respuesta interna, optó por acudir a la vía judicial. La Fiscalía ya ha solicitado la apertura de diligencias informativas, aunque el juzgado competente aún no se ha pronunciado.
El caso plantea interrogantes sobre los mecanismos de protección dentro de los partidos políticos y la eficacia de los canales internos para abordar denuncias de acoso. También pone sobre la mesa la dificultad de denunciar en entornos donde las relaciones de poder son especialmente asimétricas.
Una historia que trasciende lo individual
Más allá de la resolución judicial, este caso se inscribe en un contexto más amplio: el de las denuncias por acoso en espacios de poder y la creciente visibilidad de estas situaciones. La querella de la exedil de Móstoles no es un episodio aislado, sino parte de una conversación social más amplia sobre los límites del poder y la necesidad de rendición de cuentas.
El desenlace judicial será clave, pero el impacto ya es tangible. La historia ha abierto un debate incómodo, pero necesario, sobre cómo se ejerce el poder en la política local y qué ocurre cuando ese poder se cruza con lo personal. @mundiario



