ENTREVISTA

Méndez Romeu: "Pese a todo, la política es una actividad noble"

José Luis Méndez Romeu. / Mundiario
José Luis Méndez Romeu. / Mundiario

El autor del libro España en discordia afirma que "pactar hoy con tu rival no implica que tengas que hacerlo todos los días y que te entregues a sus postulados".

Méndez Romeu: "Pese a todo, la política es una actividad noble"

Cara a cara a través de la pantalla durante poco más de treinta minutos. Se me hizo corta la conversación con el autor de 'España en discordia', José Luis Méndez Romeu, que ha publicado en Mundiediciones el libro que el lunes 21 a las 19.00 horas se presenta en el Sporting Club Casino (A Coruña). Estará acompañado del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo; del editor del sello editorial, José Luis Gómez, y del extitular del Gobierno gallego Fernando González Laxe.

Doctor en Estudios Literarios, licenciado en Filosofía, Letras y Ciencias de la Educación y columnista de MUNDIARIO, fue diputado y portavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, conselleiro y secretario de Estado del Gobierno de España.

Quien no conozca a estas alturas a Méndez Romeu se dará cuenta de que es un político de los de verdad, de los que tan necesitada está la sociedad. Huye de la crispación, apuesta por las buenas formas, por el diálogo y el conocimiento. Es un hombre de consenso que es capaz de juntar en la misma sala a los colores azul (PP) y rojo (PSOE), cuyas diferencias no son tan grandes como algunos quieren hacernos creer.

Méndez Romeu, con su libro 'España en discordia'./ Mundiario
Méndez Romeu, con su libro 'España en discordia'. / Mundiario

– ¿Cómo se siente al saber que Núñez Feijóo y González Laxe acudan a la presentación de su libro 'España en discordia', una compilación de crónicas periodísticas?

– Personalmente es un honor. Que dos personas que han encarnado la primera magistratura de Galicia acepten hablar conmigo en un acto público de temas actuales como los que aparecen en mi libro, me satisface. Y creo que además ofrecemos un mensaje muy positivo porque este acto no sería posible hacerlo en Madrid... Sería inimaginable. Tampoco en Barcelona ni en muchas capitales autonómicas, incluso en muchas ciudades de Galicia. Esto significa que nos vamos a sentar personas que hemos tenido un determinado talante, que hemos ejercido la política sin acudir a la descalificación personal, al insulto, a la agresión gratuita y que hemos tratado de ofrecer siempre elementos en el debate. Creo que nunca hemos tenido un debate en que se haya producido una situación incómoda para los ciudadanos. Hemos respetado las reglas del decoro y del respeto. Y esto va a permitir que en el acto del lunes 21 los ciudadanos vean, por un lado, que es posible entenderse entre partidos.

– Ahora se tiende a idolatrar a los políticos de antes. Casi parece que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero todos, como seres humanos, han cometido fallos y en ocasiones alguno ha podido tener un comportamiento poco ético. ¿Realmente los representantes de ahora son tan distintos?

– No, lo que ha variado es la sociedad, que ha cambiado la forma de enfocar la política. Es cierto que en un determinado momento en España, sobre todo en el inicio de la democracia, llegaron personas con un perfil muy formado en los años de la oposición al régimen, con un gran bagaje intelectual, humano... con la idea de enfrentarse a los problemas que había en aquel momento: construir una sociedad completamente distinta de aquella España franquista. Hoy la política a nivel visual está muy enfangada en este debate tan polarizado, pero esto es consecuencia de cómo ha cambiado la sociedad. Hace treinta años el bipartidismo agrupaban al 80 % de los electores, y hoy solo al 60 %. La sociedad se ha radicalizado porque la crisis económica, la de 2008, ha sido muy fuerte y también porque la globalización ha quitado a los Gobiernos la capacidad de responder. Por eso muchos problemas que nos parecen importantes, en realidad no se discuten en la esfera pública, porque se considera que dependen de factores completamente ajenos al Gobierno. Ejemplo: la crisis actual energética.

– Hablaba de ese bipartidismo, que antes parecía más unido. Pero fruto de no haber cuidado su relación bien..., y no estoy buscando culpables, surgieron nuevas fuerzas. Eso a priori entiendo que es favorable, el pluralismo es necesario, lo que ocurre es que me da la sensación, y eso se lo digo como ciudadana, de que han nacido formaciones un tanto radicales y con gran poder de exigencia y decisión. Y recordando a Santa Teresa de Jesús: "No son buenos los extremos aunque sea en la virtud". Quizás, si retomaran PP y PSOE esa cordialidad y dejaran a un lado cuestiones muchas veces absurdas, a lo mejor la sociedad evolucionaría mejor.

– Entonces seríamos alemanes, no España. Nosotros tenemos nuestra propia tradición. Primero, la crisis de los partidos grandes ha ocurrido en muchos países europeos; en Italia simplemente desaparecieron las tres grandes formaciones de toda la democracia, en Francia casi ha ocurrido lo mismo. Por lo tanto, el fenómeno español forma parte de una corriente internacional. En segundo lugar, y volviendo un momento a lo que antes comentabas, es cierto que siempre han resurgido conductas poco éticas en la política, porque al final la política la hacen personas con todos los efectos, algunos malos, como es la corrupción, para qué engañarnos. Es más, en España hemos tardado mucho en entender que la corrupción, lejos de ser un problema de determinadas personas, es estructural y va unido a la propia política y, por tanto, debe ser permanentemente vigilado y atacado. Eso lo hemos olvidado mucho tiempo y así lo hemos pagado.

¿Qué ha ocurrido en España con los nuevos partidos? Han surgido coyunturalmente y muy ligados a personalidades determinadas. En el caso de Ciudadanos, que llegó a tener una influencia enorme, fue el primer partido en Cataluña, estuvo en condiciones de formar Gobierno en España con el PSOE, pero el narcisismo extremo de su dirigente lo ha llevado a su situación actual: camino de la disolución. En el caso de Unidas Podemos, ha sucedido algo semejante. Nace en plena crisis económica, al calor de las manifestaciones juveniles y ataca profundamente al sistema político vigente, al que denomina 'La Casta' y que lo censura todos los días, hasta que sus dirigentes pasan a formar parte de ella, se olvidan de todos sus planteamientos y hacen dócilmente lo que les ordenan sus propios gobiernos. El resultado: están camino de la desaparición en todas las elecciones. Ahora asistimos a un fenómeno todavía más complejo: la aparición de los partidos localistas o provincialistas cuyo horizonte empieza y termina en satisfacer determinadas demandas locales. Y en la medida en que no afrontan los problemas generales, simplemente están dispuestos a ofrecer sus votos al Gobierno a cambio de ciertas inversiones. Van a ir a más en el corto plazo, pero es muy difícil que estos se estabilicen. Por tanto, sigue habiendo espacios para otras formaciones políticas como está ocurriendo en los países europeos. ¿Han reaccionado los grandes partidos españoles frente a esto? De momento no mucho. Se han enfangado en un cortoplacismo que los ciudadanos rechazan.

– Casi todas las formaciones tienen algo bueno que ofrecer. ¿Por qué no aparece alguien que aglutine lo mejor de cada uno? ¿Por qué la oposición por sistema dice no a todo lo que propone quien gobierna? ¿Eso es realmente hacer oposición, señor Méndez?

– Se ha instalado una forma de hacer política que se parece al fútbol. Los hinchas no están dispuestos a reconocerle al equipo rival sus méritos y, al contrario, están dispuestos a perdonar todos los errores del suyo. Esto que en el fútbol tiene una explicación o en el deporte en general, en el ámbito de la política es completamente imposible. En ella ocurre algo más sofisticado y es que los partidos toman ideas de la competencia, pero sin reconocerlo. Por eso, y por ejemplo, la política económica varía muy poco sea cual sea la formación que gobierne, varían decisiones concretas, pero las grandes líneas de la política económica afortunadamente son las mismas en España desde hace tiempo. Por la misma razón, cuando cambia el Ejecutivo no nos vamos de la Unión Europea. Hay muchos más puntos de encuentro de lo que se quiere reconocer. En nuestro país estamos tomando una de las peores decisiones, que es la política de bloques, que tiene precedentes y ya se aplicó en el período final de la Segunda República y, evidentemente, fue muy negativo. Significa que al bloque contrario no se le reconoce absolutamente ninguna idea, ningún mérito y no se le vota una iniciativa. Y esto da lugar a que en determinadas áreas, como en educación, cada administración dé una ley para que el Gobierno siguiente la eche abajo, y llevamos así décadas. Es muy difícil llegar a un acuerdo en asuntos que son de muy largo plazo, como la sostenibilidad de las pensiones ¿Y estamos en condiciones de que hoy los partidos busquen puntos de encuentro en lugar de enfadarse cada día? Creo que sí. Probablemente esto dependa más de la calidad humana del dirigente, que se plantee que pactar hoy con tu rival no implica que tengas que hacerlo todos los días y que te entregues a sus postulados. Eso en política se llama una geometría variable. El Gobierno, por cierto, lo ha ensayado con la reforma laboral pactando por primera vez con Ciudadanos en contra de sus socios habituales, y no ha pasado nada negativo.

– Desconozco si para comprender bien el conflicto catalán, al que también hace mención en su libro, habría que irnos también al principio de todo, lo que la periodista y también escritora Nieves Concostrina decía hace unas semanas en la Cadena Ser: "El origen se remonta al fracaso de la batalla de Montjuic el 26 de enero de 1641, que llevó a los catalanes a los brazos de Francia". ¿Tendríamos que saber un poco más de historia para entender lo que está pasando?

– Siempre es bueno para los políticos conocer la historia. La generación actual le presta menos atención a referentes históricos que anteriores generaciones, pero no hay que irse tan lejos. El problema catalán tiene muchas facetas y es muy complejo y por eso muy difícil de aceptar. Por un lado, hay unas raíces históricas que son interpretadas de forma distinta por los nacionalistas y no nacionalistas. Existe una división social muy acusada, y esto es muy importante porque las clases más acomodadas de Cataluña son las que más han impulsado esta idea y han reclamado mayor inversión y atención a sus prioridades... Esto está relacionado con que durante mucho tiempo Cataluña ha sido la región puntera de España. Hoy ya no lo es, por tanto su posición de fuerza no es la misma y trata de recuperarla desde la confrontación. Y todavía hay componentes de carácter cultural... Dicho esto: ¿tiene solución el problema catalán? Ortega decía hace ya ochenta años que hacía falta 'conllevanza', es decir, convivir civilizadamente con el prójimo. No vamos a cambiar la manera de pensar de quienes se consideran agraviados, pero sí podemos evitar que se produzcan otros nuevos perjuicios. Eso sí, es cierto que dentro de la sociedad catalana hay una confrontación intensa y que está mal resuelta.

– ¿Hoy por hoy es rentable ser político en los ámbitos autonómico y nacional? No parece que esté muy bien remunerado serlo dada la gran  responsabilidad, y eso es probable que no genere interés por parte de los mejores, que ganan más en el sector privado. ¿Qué piensa sobre esto?

– Yo no creo que la política esté peor pagada que otras actividades, está pagada de acuerdo con los parámetros de este país. No conozco a gente que no vaya a la política por la retribución, más bien no van por las condiciones que marca, a nadie le gusta ver su vida privada expuesta en las redes sociales, a ser objeto con mucha frecuencia de una persecución judicial. La judicialización de política es una barbaridad, creo que todos deberíamos hacer lo posible para evitarla. La mayor parte de los asuntos que se judicializan terminan en nada. Y esto es lo que disuade a muchas personas para entrar en un camino lleno de espinas, donde las satisfacciones son muy pocas. Y dicho esto: ¿es posible cambiar la situación? ¿Podemos ir a una política más inclusiva, más racional como ocurre en algunos países? Pues a corto plazo lo veo difícil. Mientras en España vivamos en una atomización muy grande que obliga a formar mayorías muy complicadas e inestables, vamos a seguir viendo que estos fenómenos dominan la vida pública. Quizás en el momento en que se consoliden gobiernos más estables, pues sea posible recuperar a personas con vocación para la política y que no tengan que pagar estos peajes tan escandalosos.

– ¿Para cuándo una separación de poderes? ¿La justicia no tendría que ser realmente independiente y que los políticos solo se dedicaran a su labor? No entiendo, y le pido que me lo explique, que sea el Congreso quien se dedique a perseguir delitos como los abusos sexuales a niños por parte de miembros de la Iglesia.

– La verdadera represión de las conductas de pederastia las hace la justicia con el Código Penal y sentencias muy duras. Quizás lo que ha faltado aquí y que no lo va a resolver la intromisión de la política es que la iglesia y otras instituciones que también tienen problemas asumiesen directamente la persecución de la conducta. Son los jueces quienes castigan. Trasladarlas al campo de la política no persigue investigar lo que ha ocurrido, prácticamente es conocido, sino incorporarlo al debate político, como en el caso del jurado de Eurovisión. Ahí no se va a resolver nada, sino a hacer ruido. El problema de la justicia en España es la invasión que ha hecho la política en espacios ajenos a ella, y eso significa que también ha afectado al poder judicial, no a los jueces. En el control de los nombramientos de los presidentes de los tribunales superiores, del Supremo se produce un sesgo. Y eso es tan goloso, que a los partidos les cuesta mucho renunciar. Entonces probablemente en España, como en cualquier democracia madura, tenemos que ir avanzando hacia a la despolitización de determinadas áreas que no tiene sentido someterlas al choque dialéctico.

Portada del libro España en discordia, de José Luis Méndez Romeu. / Mundiediciones
Portada del libro España en discordia, de José Luis Méndez Romeu. / Mundiediciones

– Dice en el prólogo Francisco Vázquez que existe una "resurrección de todos los problemas históricos de nuestro pasado".

– La historia es bueno conocerla aunque sea para no repetirla. Los problemas de la España de hoy no se resuelven mirando al pasado ni aplicando las etiquetas históricas del pasado. Tratar de asociar a un partido nuevo como es Vox con lo que era el fascismo de los años 30 es un error conceptual en España, en Austria, en Hungría, en Polonia y en todos los países donde está presente. Esto lleva a no entender por qué la sociedad vota determinadas opciones hoy y no lo hace por las razones que tenía en los años 30. Y yo creo que a esto se refiere Francisco Vázquez. Tenemos que afrontar libres de prejuicios los problemas de hoy con las soluciones de la sociedad de hoy.

– Me gustaría decirle que hace años admirada a bastantes políticos, a los que quizá tenía un poco idealizados (probablemente por mi juventud). Era de las que pensaban que quien pertenecía a ella era con el firme propósito de ayudar a los demás. Esto sí lo aprecio más en la política local, donde los esfuerzos tienen una recompensa más rápida y el ciudadano puede ver resultados. Pero me siento un poco desencantada.

– Es comprensible, creo que le ocurre a muchas personas. Al final los políticos no deben ser idealizados, son personas normales y siempre es bueno verlos también fuera de la esfera pública para comprobar que se parecen mucho a cada uno de los ciudadanos en sus hábitos, en su manera de vivir la vida privada. ¿Qué es lo que nos cuesta? Asumir que su personaje público es un modelo, porque la simplificación de los debates no coincide con la manera de ver los problemas que tienen muchas personas. Por eso es más fácil identificarse con políticos locales, que hacen cosas muy concretas, que con los que se dedican a temas más abstractos cuyo resultado a veces tarda generaciones en verse (mejorar la sanidad, la educación...), y los debates de política económica se les escapan a muchos ciudadanos debido a su complejidad. Es cierto que los políticos deben aspirar a la ejemplaridad, y al menos tiene que haber una coherencia entre lo que se propone y realmente se hace para evitar que los ciudadanos trasladen su confusión a su voto y que esto redunde en una mayor inestabilidad o en la creación de grupos políticos más artificiales.

– Si nos centramos ahora en el caso del PSdeG, parece que está en horas bajas frente al BNG de Ana Pontón, que está escalando muchas posiciones. ¿Existe realmente un problema de liderazgo, aunque se haya renovado, en la formación autonómica y que los votantes echan en falta a un gran referente como el mencionado Francisco Vázquez o el siempre trendic topic Abel Caballero?

– Pienso que el PSdeG, que ha cambiado recientemente su liderazgo, tiene un problema más complejo. Tiene personalidades relevantes y que colaboran en el proyecto político. Hay otras personas que han suscitado apoyos, como los expresidentes González Laxe y Pérez Touriño. Lo que probablemente ha pasado es que el Partido Socialista no ha sido capaz de volver a hacer lo que hizo anteriormente: proponer a los ciudadanos un modelo inclusivo, mucho  más amplio que el voto tradicional socialista que es lo que nos permitió gobernar en otras ocasiones. Y lo que ha sucedido es que se ha enredado en muchísimos conflictos internos que ahora, afortunadamente, parece haber superado. El BNG lo que hizo fue abandonar la posición muy destructiva en la que se había mantenido muchos años y comenzó a ofrecer un proyecto mucho más abierto y eso le ha dado, para empezar, la hegemonía. Con lo cual, nosotros actualmente tenemos que volver a ser la alternativa principal, lo que nos situaría en condiciones de volver a gobernar la Xunta de Galicia. Yo confío en la dirección recientemente elegida y en que lleven adelante este proceso, que es más difícil de decir que de ejecutar.

– Esta cuestión que le planteo es casi una inquietud personal: ¿los ciudadanos sabemos si el Senado es una institución hoy por hoy útil?

– Bueno, este es un problema clásico del debate político. En la España actual, apenas cumple funciones. Se han hecho varios intentos para que cumpliera un papel distinto, como de cargo territorial, y esto ha fracasado por una razón muy evidente: el poder autonómico no está interesado en esa fuente y el poder político tampoco está interesado en que el poder territorial bloquee la acción de gobierno. Dicho de otra manera: el modelo de Alemania no es trasplantable. A partir de ese momento, nos encontramos con un Senado que es una cámara de segunda lectura y con unas funciones muy limitadas, que en perspectiva teórica podría ser sustituido o podría ser enfocado de otra manera. En la España actual está destinado a políticos que han dejado la primera línea con el fin de intentar solucionar lo que no se ha podido resolver en el Congreso.

– ¿Cómo terminaría nuestra conversación, señor Méndez?

– Me gustaría decir una cosa que a lo mejor no es muy popular, pero la pienso y la ha ejecutado todos estos años. Pese a todo lo que aquí hemos hablado, la política es una actividad noble, que persigue lo más importante para una sociedad, que es tener buenas instituciones, que son las que ayudan al desarrollo de las personas. Y esto implica que participar en la política ya sea de forma pasiva (con el voto) o de forma activa (implicándose en la gestión local o autonómica) es una actividad muy respetable. Por eso pienso que conductas individuales no pueden alterar el valor general de la actividad política. Lo que diferencia a España de países del tercer mundo es la calidad de nuestra Constitución, que se puede mejorar si las personas más capaces se implican en la vida política. @mundiario

 

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