Los médicos dan el alta a Jordi Pujol a solo tres días de su juicio
El regreso de Jordi Pujol a su domicilio de Barcelona llega en un momento de enorme carga simbólica y judicial. El expresidente de la Generalitat, figura capital —y polémica— del catalanismo contemporáneo, abandona la Clínica Sagrada Família tras superar una neumonía, pero lo hace con la misma fragilidad física con la que encara uno de los procedimientos más relevantes de su vida pública. A sus 95 años, Pujol vuelve a casa mientras, a apenas tres días vista, la Audiencia Nacional se prepara para juzgar a su familia por la fortuna oculta en Andorra, un proceso que lleva una década orbitando sobre su legado político.
El alta, más que un mero trámite médico, se ha convertido en un movimiento que reordena la escena pública. La salida discretísima por el aparcamiento de su edificio en la ronda General Mitre muestra a un Pujol vulnerable, alejado del aura de control que cultivó durante décadas. Pero también coloca en el centro del debate una pregunta incómoda: ¿está el expresidente en condiciones reales de afrontar una declaración, aunque sea por videoconferencia?
La respuesta, al menos en términos periciales, parece clara. Los médicos forenses que evaluaron su estado concluyeron que su deterioro cognitivo es “moderado”, pero “irreversible y progresivo”, y que no dispone de capacidad para participar en un juicio de forma autónoma. Aun así, está citado para una comparecencia previa a las 10 de la mañana, en la que los forenses deberán ratificar ese mismo informe ante el tribunal.
Mientras tanto, su defensa, encabezada por el penalista Cristóbal Martell, insiste en una tesis contundente: Pujol no puede defenderse, no comprende la complejidad del proceso y, por tanto, la causa debería archivarse respecto a él.
Un proceso sin capacidad procesal
Martell reclama el sobreseimiento del caso para el expresidente alegando que forzarlo a participar sería vulnerar su derecho a una defensa efectiva. El deterioro físico y cognitivo, sostiene, impide cualquier rol dialéctico ante el tribunal.
Aunque la figura del patriarca monopoliza la atención, el procedimiento tiene como protagonistas al resto del clan Pujol Ferrusola, cuyo patrimonio en Andorra abrió una crisis política sin precedentes en Cataluña.
El alta médica de este viernes reaviva la paradoja que acompaña a Pujol desde 2014: mientras su salud se apaga, su sombra política y judicial sigue ocupando el centro del escenario, alimentando un debate que mezcla biografía, poder y memoria colectiva. @mundiario
