Mayo del 68 se sigue analizando hoy desde perspectivas no coincidentes

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Sed realistas, pedid lo imposible

El origen profundo estaba en una severa crisis social y de empleo, especialmente apreciable en los suburbios obreros. Pronto aquello transcendió de una mera protesta estudiantil, de modo que sus propias reivindicaciones iniciales pasaron a un segundo plano

Mayo del 68 se sigue analizando hoy desde perspectivas no coincidentes

En mayo de 1968 yo cumplía mi servicio militar en el Regimiento de Infantería Zamora 8, en Ourense. Como sólo tenía que ir al cuartel por la mañana, ya por la tarde iniciaba mi desembarco en el mundo de la comunicación en Radio Popular, el asunto del luego llamado “mayo francés” me interesó desde el primer momento, de suerte que yo seguía el asunto por la propia radio francesa. Es evidente que ni por parte de la televisión española, única de la época, y por falta de análisis críticos, salvo excepciones, en la prensa de la época, disponíamos las personas interesadas de elementos suficientes para hacernos una composición de lugar ponderada. Nos parecía un asunto lejano, pero interesante, aquella alianza de estudiantes y obreros.

Ahora, desde la perspectiva de medio siglo, me parece que no hubo un solo mayo. A mi entender hubo varios en función de la perspectiva desde la que se analice aquel episodio. Hubo, en esencia, tres mayos: el de los estudiantes, el de los políticos, y el de los sindicatos y obreros, que, al final, no se fiaron del de los primeros, y hubo una síntesis diversa que nos ofrecieron los medios. Se ha escrito mucho por qué al final, De Gaulle y los suyos recompusieron la situación, tras temer que aquello acabara en una guerra civil. La extrema derecha francesa, disgustada con el general por el asunto de Argelia estaba dispuesta a no permitir el riego que ocurriera lo que tanto se temía.

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Los eslóganes de mayo del 68.

 

En general, hubo un mayo mítico y mitificado que inventó un mayo irreal, a mi entender. Ahora emerge un mayo nostálgico, al que se atribuyen cualidades y avances, desde la eclosión democrática a la libertad de expresión o la liberación sexual y los modelos sociales. Yo creo, como repetidamente se cita a estos días, que, como dijo Egdar Morín estuvo a medio camino entre la revuelta estudiantil y la revolución social. Claro que a la Francia conservadora le pareció peligrosa y cerró filas en torno a De Gaulle. Pero no es menos cierto que aquella revuelta o revolución obligaría más adelante al Gobierno a introducir reformas en el propio modelo de Estado y en las políticas sociales y laborales. Y eso fue un avance. Sin duda.

Es curioso recordar que poco a poco, los estudiantes revolucionarios que “pedían entonces lo imposible” fueron perdiendo sus primeros aliados, desde los obreros industriales al propio Partido Comunista Francés que, luego de aquello, se hizo más eurocomunista. Queda en la memoria, eso sí, aquella gran huelga de 9 millones de trabajadores y la nueva estética que perduraría duraría hasta nuestros días. Al final, De Gaulle anunció reformas y convocó elecciones, cuyo efecto desmovilizó los intensos acontecimientos que durante dos meses conmocionaron a Francia.

Pero no se debe olvidar que el origen profundo estaba en una severa crisis social y de empleo, especialmente apreciable en los suburbios obreros, pero no sería en París, sino en Nanterre, en cuya universidad surgiría la contestación. Pronto aquello transcendió de una mera protesta estudiantil, de modo que sus propias reivindicaciones iniciales pasaron a un segundo plano.

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Estudiantes y obreros frente a policías.

 

Mayo del 98, como un terremoto, cuyo epicentro estaba en París tuvo réplicas de mucho menos calibre en Alemania y otros países, como España, México, Argentina, Uruguay, Estados Unidos, Checoslovaquia e Italia. En la Universidad Española, sobre todo en Madrid, el férreo control policial no permitió que la cosa pasara de cierto simbolismo, que pese a todo en aquel contexto era muy arriesgado. Aquel mayo no se puede desconectar de la situación del mundo, donde la guerra de Vietnam se hallaba en pleno apogeo, rechazada por una parte de la sociedad norteamericana; pero la influencia decisiva que constituyó el marco cultural que alimentaba a los estudiantes alzados hay que encontrarla en la propia música reivindicativa y en la influencia de intelectuales autores del discurso sobre el hombre nuevo como Marcuse y otros de no menos influencia.

Luego, la propia historia que quisieron cambar siguió su curso alterado y absorbió a los propios personajes de los que tanto se hablaba, como el famoso Daniel Cohn-Bendit, quizá el personaje mítico y la imagen de referencia de aquel mayo de 1968. @mundiario

 

 

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