Más helicópteros que Bruselas: la aritmética imposible del PP
España vuelve a arder y, con ella, se inflama también la política. El episodio más reciente, vivido en agosto, no solo deja un rastro de hectáreas arrasadas y pueblos evacuados; deja, además, un ejemplo de cómo la lucha contra el fuego puede convertirse en munición partidista.
El Partido Popular, a través de sus presidentes autonómicos en Castilla y León, Extremadura y Galicia, elevó el tono hasta lo inaudito: exigieron un despliegue de medios aéreos que duplicaba —sí, duplicaba— la capacidad actual del Mecanismo Europeo de Protección Civil, que cubre las necesidades de 27 países. Bruselas cuenta con 26 aeronaves para toda Europa, mientras que las solicitudes autonómicas sumaban nada menos que 50. En paralelo, Alberto Núñez Feijóo pedía al Gobierno “movilizar al Ejército más allá de la UME”, insinuando que la respuesta estatal llegaba tarde.
La paradoja no tardó en emerger: apenas 24 horas antes de la gran petición, la Junta de Castilla y León aseguraba tener “medios suficientes”. Pasó un día y pedía 20 helicópteros para transporte, 10 helicópteros bombarderos, mil soldados, bulldozers y hasta maquinistas “lo más expertos posibles en monte”. Extremadura, por su parte, solicitaba 10 aviones anfibios y otros 10 helicópteros ligeros. Galicia optaba por la vía maximalista: “todos los medios disponibles”.
¿Eficiencia o gesto? Los hechos invitan a la reflexión. El Gobierno había activado la ayuda europea el 12 de agosto, antes incluso de la escalada retórica del PP, y los aviones italianos y franceses empezaban a operar el 14. Sin embargo, Feijóo acusó al Ejecutivo el 17 de “llegar tarde” y no haber pedido ayuda a Bruselas, pese a que esta ya estaba desplegada. La política del titular rápido se impuso a la gestión basada en datos.
Aquí se abre un debate más profundo: ¿puede el Estado satisfacer cualquier demanda autonómica en tiempo real? Los incendios no se apagan solo con más aparatos en el aire, sino con prevención, gestión forestal y recursos permanentes. Sin embargo, estas medidas carecen de glamour electoral. Son silenciosas, largas y no dan rédito inmediato. Pedir “más helicópteros” vende, aunque se sepa que ni España ni la UE pueden materializar semejante despliegue de un día para otro.
El caso también pone de relieve una tendencia preocupante: la politización extrema de las emergencias climáticas. Si cada ola de fuego se convierte en un pulso entre Moncloa y las autonomías, el verdadero enemigo —el cambio climático y la falta de gestión del territorio— seguirá avanzando sin resistencia real. Mientras tanto, los datos son tozudos: en dos semanas ardieron más de 400.000 hectáreas en Ourense, Zamora, León y Cáceres, y todo apunta a que la improvisación, la falta de planificación y la pugna política agravaron la catástrofe.
La UE, consciente del incremento del riesgo extremo en el sur de Europa, ha reforzado en los últimos años su sistema común, pero sigue siendo limitado. Y lo seguirá siendo mientras los Estados miembros no apuesten de verdad por una política preventiva y compartida. España, que aporta aviones Canadair a la flota europea, también necesita asumir que la gestión del riesgo no puede descansar únicamente en la solidaridad continental.
En este contexto, sorprende que el PP centre su estrategia en el reproche inmediato y el maximalismo retórico. Más aún cuando, desde 2021, el Gobierno ha transferido más de 250 millones a las comunidades para prevención y extinción, ha invertido 149 millones en modernizar brigadas y operativos, y sigue ejecutando fondos europeos que el propio PP menciona para culpar de inacción. ¿Se está fiscalizando la ejecución de estos recursos con el mismo ímpetu con el que se exigen helicópteros?
Lo que arde, más allá de los bosques, es el sentido común. La lucha contra los incendios no admite improvisación ni oportunismo político. Si convertimos cada verano en un ring mediático, perderemos algo más que masa forestal: perderemos credibilidad institucional y, lo que es peor, la oportunidad de adaptarnos a una crisis climática que no entiende de colores ni campañas electorales. @mundiario


