Marruecos y España: una alianza energética que dio frutos durante el apagón masivo
La tarde del lunes, cuando el sur de España sufría por el mayor apagón eléctrico de la historia reciente del país, la respuesta llegó desde el otro lado del Estrecho. Marruecos, tradicionalmente receptor de energía española, activó hasta el 38 % de su capacidad de producción para devolver el flujo en sentido contrario, lo que contribuyó a restablecer el suministro eléctrico peninsular.
La maniobra, coordinada a través de las dos líneas submarinas que unen Tarifa con Fardioua, evitó que el colapso energético se agravara, especialmente en regiones altamente industrializadas y densamente pobladas.
Este gesto no fue solo técnico: fue político, estratégico y profundamente simbólico. La empresa pública marroquí ONEE reaccionó con rapidez tras la petición de Red Eléctrica Española, permitiendo que sus centrales de carbón y gas natural asumieran una demanda repentina. A las pocas horas del apagón, Marruecos pasó de importar 778 megavatios a exportar 519. Aunque en términos relativos representó apenas un 5 % de la electricidad total disponible en España, la contribución resultó clave para reactivar plantas en el sur y estabilizar la red.
Cabe destacar que, pese al esfuerzo extraordinario, la red marroquí apenas sufrió interrupciones internas, salvo por algunos cortes puntuales. Esto evidencia una capacidad operativa robusta, fruto de años de inversiones en infraestructura energética, así como una gestión eficiente del flujo eléctrico transfronterizo.
La cooperación energética hispano-marroquí no es nueva, pero el apagón ha puesto en evidencia su dimensión reversible y estratégica. En tiempos recientes, Marruecos ha dependido crecientemente de la electricidad española, sobre todo tras la interrupción en 2021 del suministro procedente de Argelia por la crisis diplomática entre Rabat y Argel. España, a su vez, regasifica el gas natural licuado comprado por Marruecos en los mercados internacionales y lo envía a través del gasoducto Magreb-Europa, cuya funcionalidad original (norte-sur) ha sido revertida.
El flujo energético entre ambos países simboliza un cambio de paradigma. Ya no se trata de relaciones unidireccionales entre productor y consumidor, sino de una red resiliente y flexible que se adapta a necesidades y emergencias. Esta es, precisamente, la esencia de una transición energética inteligente: garantizar estabilidad, optimizar recursos regionales y actuar con solidaridad cuando se tambalean los equilibrios.
La ministra marroquí de Transición Energética, Leila Benali, ha expresado la ambición de que el país magrebí alcance en 2026 un 52 % de capacidad instalada en renovables, frente al 42 % actual. Al mismo tiempo, Marruecos considera el gas natural una fuente de transición mientras desarrolla proyectos de hidrógeno verde y construye infraestructuras clave como la terminal de regasificación de Nador West Med. Estas decisiones muestran un enfoque pragmático, alineado con las exigencias climáticas y las necesidades energéticas de corto plazo.
Por parte de España, el episodio refuerza la necesidad de mantener e incluso ampliar la cooperación energética con sus vecinos. Con una capacidad conjunta del 2,8 % frente al mínimo del 10 % recomendado por la Unión Europea, la red española opera con márgenes de maniobra muy estrechos ante crisis como el apagón del lunes.
En definitiva, la respuesta de Marruecos ante el apagón no es solo una anécdota técnica: es un anticipo de un nuevo modelo de gobernanza energética en el Mediterráneo occidental. Uno donde la geografía deja de ser barrera y se convierte en puente, y donde la colaboración entre naciones ya no es un lujo, sino una necesidad estratégica. @mundiario


