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La marcha atrás de Podemos en el veto a Ciudadanos demuestra su política de postureo

Primero con un ejecutivo monocolor y ahora con otro de coalición con Unidas Podemos, Pedro Sánchez lleva ya años –que se dice pronto– gobernando con unos presupuestos del PP, prorrogados. Mientras los ministros podemitas y podemizados siguen con sus enredos, corren los plazos.
La marcha atrás de Podemos en el veto a Ciudadanos demuestra su política de postureo
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Mundiario
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. / Mundiario

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

Unidas Podemos renunció al veto a Ciudadanos para negociar los Presupuestos Generales del Estado, un diálogo que afrontará junto al PSOE, el partido del presidente del Gobierno de coalición, Pedro Sánchez. Primero con un ejecutivo monocolor y ahora con otro de coalición con Podemos, Sánchez lleva ya años –que se dice pronto– gobernando con unos presupuestos del PP, prorrogados. Es decir, sus cuentas son en origen las de 2018, obra del Gobierno popular de Mariano Rajoy. Alucinante e impropio de una democracia europea, pero tan real como la vida misma.

Ahora que el socialista Sánchez se propuso tener un presupuesto propio, su socio de gobierno le advirtió de que como pactase con Ciudadanos que no contara con su apoyo. En realidad todo era un cuento, pero al populismo le gusta enredar y levantar cortinas de humo; máxime si tiene problemas internos.

El falso veto de Podemos a Cs era mero postureo. Su planteamiento carecía de fundamento, salvo que quisiera salir del Gobierno, lo cual no parecía ni verosímil ni probable. Todo era tan surrealista que el mismo Gobierno medio populista que venía de pactar con la mafia del fútbol vetaba en cambio a un partido como Cs, errático, pero al menos democrático. Por carecer, carecían incluso de fundamento jurídico. Los Presupuestos Generales del Estado constituyen una ley, la más importante que un gobierno elabora en un año, y para que haya una ley tiene que haber antes un proyecto de ley, que debe aprobar el Consejo de Ministros.

Sería materialmente imposible, por tanto, que el Gobierno aprobase un proyecto de ley para enviar al Congreso y que en la cámara lo boicotease el grupo parlamentario de Unidas Podemos, viendo que Cs daba apoyo a un texto que determina precisamente la política del Gobierno en la mayor parte de sus ámbitos de actuación, incluida nada menos que la propia economía de todo el país.

Con su nueva boutade populista –propia también de tránsfugas como su coyuntural amiga Irene Lozano–, Podemos ignoraba que corresponde al Gobierno del que forma parte la elaboración de los Presupuestos Generales del Estado, y a las Cortes Generales su examen, enmienda y aprobación, como indica la Constitución. Pero el populismo tiene cosas tan extravagantes como que dentro de un Gobierno que aprueba un proyecto de ley pueda haber una parte que no tolera que esa ley la apoye un tercero. Juegan incluso con las cosas de comer y, tal vez sin darse cuenta, acaban aliándose con el PP –autor de los presupuestos prorrogados– antes que con Cs. Un inmenso barullo saldado con el único resultado posible: la marcha atrás de Unidas Podemos.

Mientras los ministros podemitas y podemizados andan con todas estas tonterías, corren los plazos. Sobre el papel, el Gobierno debe presentar ante el Congreso de los Diputados el proyecto de ley de Presupuestos Generales del Estado al menos tres meses antes de la expiración de los del año anterior. En definitiva, el objetivo es que el presupuesto esté aprobado antes del 31 de diciembre de cada año. Pero si la Ley de Presupuestos no se aprueba antes del primer día del ejercicio económico correspondiente –en este caso ya 2021–, se consideran automáticamente prorrogados los Presupuestos del ejercicio anterior hasta la aprobación de los nuevos.

¿Cuándo pondrá Pedro Sánchez un mínimo de orden en su gobierno? ¿O le ha perturbado el flamante pacto de su protegida Irene Lozano con la mafia del fútbol? @J_L_Gomez

El fútbol, otro frente de contradicciones 

Uno de los negocios emergentes en la economía española es el fútbol, que pasó de ser un deporte y una actividad con cierta dimensión en algunos equipos como el Madrid o el Barça a ser un sector más de la economía, con el 1,37% del PIB español y unos 185.000 empleos, producto de mover unos ingresos de 15.688 millones de euros. Parte de ese negocio ha dado lugar a prácticas mafiosas, denunciadas por el Deportivo. También a que el populismo gobernante no sea ajeno a lo que está pasando.

La tránsfuga Irene Lozano –cambió UPyD por el PSOE, tras coquetear con Cs– fracasó con estrépito a su paso por Marca España –ahora denominada España Global– y, una vez recolocada por su protector Pedro Sánchez en el Consejo Superior de Deportes, se ha aliado con el ultraderechista Javier Tebas, presidente de LaLiga. De poco importan en ciertas ocasiones las diferencias ideológicas. Y si no que se lo digan en esto del fútbol a Roures, amigo del independentismo y de los podemitas. Y de Tebas. @mundiario

–––––– PROTAGONISTAS ––––––

> Javier Tebas, presidente de LaLiga.- Es la envidia de cualquier otra patronal. ¿Se imaginan que la patronal bancaria controlase el Banco de España? ¿O que la patronal CEOE tuviese en su seno el tribunal de lo contencioso? Pues Tebas tiene eso y más, con el OK del Gobierno medio populista.  

> Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.- La democracia es algo más que votar cada cuatro años. Al menos en la Europa occidental. Las reglas de la democracia se basan en el Estado de derecho y cuando éste quiebra, la democracia cojea. Su pasión política por Irene Lozano puede salirle cara.

> Javier Losada, delegado del Gobierno.- ¿Alguien que fue Alcalde de A Coruña puede tolerar el agravio causado a la ciudad y a Galicia por una mujer con un alto cargo en el Gobierno que ahora él representa en esta comunidad? Si calla otorga, por lo que solo tiene la opción de forzar su cese o de dimitir él.

> Fernando Vidal, presidente del Deportivo.- Este empresario de éxito que también preside el Deportivo, propiedad de Abanca, tuvo la valentía de denunciar públicamente que el fútbol está condicionado por prácticas mafiosas. No es un asunto menor, dada su dimensión social y económica. @mundiario