Llamar gudaris a los etarras, nueva infamia de una historia mitificada

Manifestación de independentistas vascos.
No sólo Bildu pretende el blanqueo de ETA, el propio Gobierno vasco ha querido llevar a la escuela una historia adulterada de lo ocurrido.
Llamar gudaris a los etarras, nueva infamia de una historia mitificada

Una de las más procaces desvergüenzas de Bildu y de su mundo es la indecencia de comparar a los pistoleros de ETA con los gudaris que combatieron en los frentes al Ejército de Franco; pero llevan tiempo en ello, y no sólo Bildu, sino del propio PNV al querer blanquear ese periodo de la historia del País Vasco y España y contaminar la escuela con un relato inexacto, mitificado e indecente. Aparte, de que en la propia historia de la infamia se pueden anotar algunos episodios de los propios gudaris del PNV, nada gloriosos en contra de la postura mantenida hasta el final por los propios batallones de la UGT, o las tripulaciones de los “bous” que se enfrentaron a la Armada alzada contra la República, hecho probado y reconocido.

"Gordexola" es una hermosa palabra. En euskera significa "guardianes del lugar". Pero esta bella palabra está incorporara para siempre a la historia de la infamia. Cuando las tropas de Franco avanzaban sobre el País Vasco, desde la lógica de la guerra - dolorosa, pero lógica- el Gobierno de la República ordenó al mando de Ingenieros que destacara una unidad de zapadores para volar los altos hornos de Baracaldo, misión que se dispuso a ejecutar el coronel Prada. Entre sus soldados se encontraban algunos gallegos, antiguos mineros. Pero el gobierno autónomo del presidente Aguirre, quien por mediación del Vaticano se hallaba en tratos con el conde Ciano, yerno de Mussolini, para pactar la rendición de sus gudaris y una paz por separado, decidió que debían ser mantenidos en pie, lo que equivalía, como así fue, a su entrega a Franco y que, inmediatamente, empezaran a producir para el esfuerzo de guerra del bando rebelde, y para Hitler. No se olvide.

Cuando los soldados republicanos del coronel Prada se acercaron a Baracaldo fueron recibidos con una rociada de balas el tiempo suficiente para la llegada de los soldados de Mola, a quienes las milicias del PNV se rindieron mansamente. En 1976, con ocasión de celebrarse en Vigo el I Congreso de las Sociedad Gallegas en la Emigración, primero en suelo patrio desde la guerra civil, tuve ocasión de conocer a destacados exiliados republicanos. Recuerdo especialmente a dos que me impresionaron particularmente: uno era el intelectual Arturo Cuadrado; el otro un sencillo ex minero de Lausame. Era uno de aquellos leales soldados de la República que sintió en su carne le vergonzosa traición de los vascos. Todavía se emocionaba -y me emocionaba a mí- cuando recordaba el episodio que ahora rememoro. Hay un impresionante libro de testimonios de aquel periodo, del que son autores Luis María y Juan Carlos Jiménez de Aberásturi, titulado “La guerra en Euskadi”, que recoge el testimonio de testigos de aquel tiempo. En cuanto a lo del batallón Gordexola y los altos honor queda claro el calificativo que merece: “fue una traición”.

El regalo a Franco de los Altos Hornos

En su libro "Breve historia del nacionalismo vasco", el abrtzale Francisco Letamendía escribe: "Franquistas y alemanes tendrán la grata sorpresa de encontrarse, a la caída de Bilbao, con un potente mecanismo productivo intacto y listo para satisfacer inmediatamente sus necesidades bélicas". Pero lo peor, aún quedaba por venir: Se denomina "Pacto de Santoña" al ignominioso acuerdo establecido entre el PNV y el fascismo italiano para abandonar a la República y rendir los batallones vascos en el frente de Santander. El diario nacionalista "Deia", número 69, de 26 de agosto de 1977 publicó la versión del PNV de este repugnante episodio de labios de uno de sus principales protagonistas, el "jelkide" Juan de Ajuriaguerra. Lo más increíble de este suceso es que el acuerdo incluía, además de la rendición total, a cambio de la paz por separado, un simulacro de batalla "para salvar el honor de los gudaris". Y pese a episodios como éste, ahora celebra, todos los años, sin rubor alguno el llamado "Día del soldado vasco". No existe antecedente en la guerra moderna de que unidades orgánicas, batallones enteros, con sus jefes al frente, se entreguen al enemigo, como lo hicieron las milicias del PNV. Claro que el tiro les salió por la culata, y Franco se negó a aceptar el pacto que, Vaticano por medio, el PNV había firmado con los de Mussolini. Entre los personajes curiosos que se pasó a Franco destaca el capitán de gudaris Alejandro Goicoechea, luego famoso inventor del “Talgo”.

Pero ni siquiera en la adversidad floreció la flor de la solidaridad. Me contaba nuestro paisano el minero y zapador que, caído el frente Norte, los prisioneros republicanos fueron recluidos en el penal y el campo de concentración de Santoña. También allí había dos bandos: por un lado, el conjunto de soldados de la República, sin distinción; por otro, los del PNV. Existían dos socorros: uno rojo, para los cautivos en general; otro azul, para los del PNV. Eso sí, los gudaris rezaban todas las tardes el Santo Rosario y frecuentaban los sacramentos. Como debe ser. Parece que se ha olvidado que, durante años, gracias al coeficiente de caja, que mantenía cautivo, a disposición del Gobierno, buena parte de las remesas de divisas que los emigrantes gallegos, andaluces o extremeños enviaban a nuestro sistema bancario, hemos estado financiando el desarrollo de lo que Pi y Margall llamaba las provincias vascongadas. Y cuando hubo que crear un Iberpuerto, en gran superpuerto de la penínula, Franco se lo mandó a Bilbao, pese a las inmejorables condiciones de la ría de Arousa, que era la candidatura razonable. @mundiario

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