Junts intensifica su desafío al Gobierno y someterá la ruptura con Sánchez a la militancia
Junts per Catalunya se prepara para una nueva demostración de fuerza frente al Gobierno. La dirección del partido celebrará este lunes en Perpiñán (sur de Francia) un encuentro clave que podría marcar un punto de inflexión en la legislatura. Sobre la mesa estará una cuestión de fondo: si la formación independentista debe seguir respaldando a Pedro Sánchez o si, por el contrario, ha llegado la hora de romper definitivamente con el PSOE. La dirección sopesa convocar una consulta a la militancia para que los afiliados decidan, tal como se hizo cuando Junts abandonó el Govern en 2022.
El malestar con el Ejecutivo no es nuevo, pero en las últimas semanas ha escalado hasta niveles inéditos. La portavoz de Junts en el Congreso, Míriam Nogueras, lo expresó con una metáfora cargada de ironía: “quizá haya que hablar menos del cambio de hora y más de la hora del cambio”. Sus palabras resonaron como un ultimátum a La Moncloa, donde se interpreta que Puigdemont busca aumentar la presión antes de adoptar una decisión irreversible.
El encuentro en Perpiñán —en el que participará el propio Puigdemont— servirá para hacer balance del llamado acuerdo de Bruselas, firmado hace dos años y que permitió la investidura de Sánchez. En aquel momento, los posconvergentes celebraron el pacto como una victoria estratégica, pero el tiempo ha erosionado esa percepción. Dirigentes de peso en el partido reconocen que “el crédito con el PSOE se ha agotado” y que la mayoría interna se inclina ya por la ruptura.
Junts considera que el Ejecutivo socialista no ha cumplido los compromisos adquiridos. Entre ellos, destacan la falta de avances en la oficialidad del catalán en la Unión Europea, la transferencia de competencias en inmigración, el concierto económico para Cataluña y, sobre todo, la plena aplicación de la ley de amnistía. Carles Puigdemont, principal beneficiario del acuerdo, continúa sin poder regresar a España sin riesgo de ser detenido.
A ello se suma la frustración por el estancamiento de leyes impulsadas por Junts sobre la multirreincidencia o la okupación ilegal, que siguen bloqueadas en el Congreso.
La Moncloa, entre la calma y la inquietud
En el Gobierno reconocen que el enfriamiento con Junts es real, aunque tratan de restar dramatismo. Sánchez, desde Bruselas, insistió en que el Ejecutivo “aspira a cumplir todos sus acuerdos”, aunque advirtió de que algunos dependen también de instituciones europeas o del poder judicial. El presidente consideró “indiscutible” que a Cataluña y España “le sienta bien este Gobierno de coalición”, que desde 2018 propició “un cambio para bien, de avance y no de involución”, en alusión al riesgo de que un eventual adelanto electoral dé paso a un Ejecutivo del PP y Vox.
La Moncloa sabe que la ruptura total con Junts dejaría a la coalición sin mayoría en el Congreso. Sin embargo, confía en que Puigdemont no se arriesgue a provocar un escenario electoral que podría reforzar a sus rivales en Cataluña, especialmente a Aliança Catalana, que crece en las encuestas a costa del espacio posconvergente.
La reunión de Perpiñán se percibe como el prólogo de un otoño que puede redefinir el mapa político español. Junts no descarta opciones intermedias, como suspender temporalmente el diálogo con el PSOE o retirar su apoyo a determinadas iniciativas parlamentarias. Sin embargo, la posibilidad de una consulta interna apunta a un gesto más contundente: trasladar al electorado independentista la decisión de romper con el Gobierno central.
En paralelo, el vicepresidente del partido, Antoni Castellà, ha deslizado la hipótesis de una “moción de censura instrumental” con un candidato independiente para no apoyar al líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en una idea que por ahora parece más simbólica que real, pero que refleja el nivel de desconfianza acumulado.
Entre el desgaste y la estrategia
El dilema de Junts combina cálculo político y necesidad de supervivencia. Puigdemont busca mantener su liderazgo ante una militancia impaciente y un contexto electoral adverso por el auge de Aliança Catalana. Para ello, necesita demostrar que el partido no es rehén del PSOE y que aún conserva capacidad de condicionar la política española. En cambio, una ruptura precipitada podría aislarlo y reforzar a sus competidores tanto en Madrid como en Cataluña.
La tensión entre ambas fuerzas se ha convertido, así, en un juego de equilibrio peligroso: Sánchez necesita los siete votos de Junts para gobernar, mientras Puigdemont necesita demostrar que su apoyo tiene un precio.
Este lunes, en Perpiñán, podría comenzar una nueva fase en esa relación de conveniencia, o su punto final. @mundiario