Juan Lobato, el barón heterodoxo de Madrid que terminó fulminado por el PSOE
En octubre de 2021, Juan Lobato, un técnico de Hacienda, padre de tres hijos y exalcalde de Soto del Real, asumió el liderazgo del PSOE de Madrid tras la debacle electoral en las autonómicas de ese mismo año ante la victoria de la presidenta madrileña, la popular Isabel Díaz Ayuso. Entonces, como golpe sobre la mesa ante el terremoto político desatado por las mociones de censura pactadas entre los socialistas y Ciudadanos en Murcia, Ayuso arrasó en las urnas y Más Madrid se hizo con el liderazgo de la oposición, dejando al PSOE relegado a un papel secundario después de sus peores resultados electorales en la Comunidad de Madrid, encabezados por el actual Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo.
Con un estilo que buscaba atraer a votantes del centro sin perder la esencia socialista, Lobato intentó redefinir la estrategia del partido en la Comunidad de Madrid. Su propuesta inicial de conciliación y renovación, sin embargo, terminó encontrándose con críticas internas, la desconfianza de Ferraz por sus intentos heterodoxos de desligarse de la dirección comandada por Pedro Sánchez y un desenlace abrupto: su dimisión en noviembre de 2024.
Desde el inicio de su mandato, Lobato parecía un verso suelto dentro de su partido, porque también buscaba desmarcarse del Gobierno de Sánchez en ciertos aspectos, una estrategia que generó adhesiones, pero también enfrentamientos internos. Según uno de sus colaboradores cercanos, “tuvo la honestidad y el compromiso de mantener un discurso propio, más alineado con la realidad social actual”, aunque otros lo calificaron de “ingenuo” por creer posible lo que no era viable políticamente.
El liderazgo de Lobato quedó marcado por tensiones con figuras clave dentro del PSOE madrileño y nacional. Ni el alcalde de Fuenlabrada, Javier Ayala, ni la alcaldesa de Getafe, Sara Hernández, principales referentes municipales del partido en Madrid, respaldaron plenamente su proyecto. Ambos criticaron su supuesta falta de firmeza en la defensa de postulados de izquierda.
Lobato fue engullido por la máquina de Ferraz
A nivel nacional, la relación con Moncloa se deterioró tras la filtración de un correo relacionado con el caso de Alberto González Amador, pareja de Díaz Ayuso, en el que se reconocían delitos fiscales a fin de conseguir un pacto de conformidad con la Fiscalía, pero que terminó siendo un escándalo político que ahora tiene imputado al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz.
Lobato, que alega haber recibido la información de parte de la jefa de gabinete de quien previsiblemente será su sucesor al frente de la federación socialista en Madrid, usó este documento en el pleno de la Asamblea de Madrid, acusando a Ayuso de mentir, pero el giro del caso judicial terminó erosionando su credibilidad.
La tensión dentro del PSOE se disparó cuando se supo que Lobato había registrado ante notario las conversaciones con Pilar Sánchez Acero, miembro del grupo del entonces jefe de gabinete de Sánchez en La Moncloa, en las que, según él, se le aseguraba que el correo había sido obtenido a través de los medios de comunicación, es decir, de forma “lícita”. Este acto, percibido como una “traición” y falta de confianza hacia Ferraz, lo dejó políticamente aislado hasta sufrir lo que denominó este martes como un “linchamiento”.
A pesar de que a principios de este mes se encargó de movilizar al partido en la defensa de Begoña Gómez, esposa del presidente, ante la comisión de investigación en la Asamblea de Madrid, el deterioro de su relación con el núcleo duro del PSOE fue irreversible.
Política “sin agresión”
En paralelo a estas polémicas, Lobato intentó mantener un estilo de política “sin agresión”, según destacaban sus discursos, pero fue criticado por representantes del sector más crítico y afín a la secretaría general del partido. “No tuvo la sensibilidad de aglutinar y atraer a quienes estaban en posiciones diferentes”, señalaron algunos. Además, sus intentos de buscar contactos con Ayuso, reflejados en más de 20 cartas dirigidas a la presidenta madrileña en un año, también generaron desconfianza entre los suyos.
Su enfoque conciliador no logró resultados tangibles que satisfacieran a los socialistas. Aunque Lobato visitara prácticamente todos los municipios de la comunidad autónoma en varias ocasiones y defendiera iniciativas para modernizar el partido, no pudo revertir el declive del PSOE en Madrid, donde los socialistas no gobiernan desde 1995 y que se conoce como un avispero desde el traumático cese del secretario general Tomás Gómez, en 2015, también bajo el mando de Sánchez.
Lobato deja el cargo envuelto en una sensación de potencial no realizado. Mientras algunos destacan su capacidad de trabajo y su voluntad de adaptar al PSOE a las necesidades sociales actuales, otros lamentan la falta de unidad que marcó su liderazgo. Su dimisión pone fin a un proyecto que buscaba revitalizar al socialismo madrileño, pero que terminó enfrentándose a las complejidades internas y externas del panorama político. @mundiario


