Juan III "el Rey que nunca existió" y aquella herencia en Suiza

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Don Juan en sus últimos días. / RR SS.
Coincidiendo con el aniversario de su fallecimiento el 1 de abril de 1993, se rememora la figura de un rey que nunca lo fue y de cuya herencia en Suiza nunca supimos si cumplió con Hacienda.
Juan III "el Rey que nunca existió" y aquella herencia en Suiza

Aprovechando el 28 aniversario del fallecimiento del Conde de Barcelona, don Juan de Borbón, el 1 de abril de 1993, la prensa de cámara ha dedicado las acostumbradas loas a quien decía de sí mismo que pretendía que lo llamaran (Sic) “Maricón y no pretendiente”. No deja de ser curiosa paradoja de quien no recibió en vida los honores que luego fueron otorgados a su hijo –pese al lance de hallarse ahora en forzada residencia en el extranjero—y que nunca fue rey efectivo tenga reservado un sepulcro en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial e incluye la siguiente inscripción latina: “Ioannes III, comes Barcinonae (Juan III, conde de Barcelona).

Peculiar es la forma en que se reescribe la historia y ya muerto fueron muchos los honores otorgados al Conde de Barcelona y negados en vida.  El ex ministro de Franco y consejero de don Juan Pedro Sainz Rodríguez, antes de fallecer ambos, sostuvo siete largas conversaciones con el conde de Barcelona, plasmadas en el libro “Un reinado en la sombra”. Además de la bofetada que supuso para el padre de Juan Carlos I que éste nombrara “Príncipe de Asturias” a su hijo menor Felipe, cuando el depositario de los derechos históricos de la dinastía no había renunciado a ellos, el padre del Rey honorífico recibió otros agravios.  Don Juan no logró que el retorno de los restos de Alfonso XIII, pese a su aparatosidad, se llevara a cabo a su gusto. Además de devolverlo a España en un buque de guerra por Cartagena, de donde partiera al exilio, pretendía que los restos del monarca fueran expuestos en el Palacio Real para que recibiera el homenaje de los Grandes de España, la nobleza, las autoridades de la nación y el pueblo, antes de ser conducido a El Escorial. El Gobierno de la época era consciente de que excederse en los honores a un rey perjuro, que había sido declarado “traidor” y privado de la paz civil por las Cortes de la República, además de gestor de la ayuda de Mussolini a Franco, podría reabrir viejas heridas y provocar rechazo y controversia.

Pero el golpe definitivo a don Juan fue el modo en que tuvo que trasmitir los derechos históricos a Juan Carlos I. Amargamente se quejó a Sainz Rodríguez de que pretendían que lo hiciera por carta, y menos mal que se armó un acto casi familiar en la residencia de su hijo en la Zarzuela el 14 de mayo de 1977. Don Juan querría que la ceremonia se celebra en el Palacio Real, ante el Gobierno y los estamentos de la nación, representaciones de la nobleza incluidas. Ahora resulta don Juan que fue Juan III. Lo cual no deja de ser particularmente insólito al ser un rey que nunca existió. Pero el numeral III ya lo lleva un rey carlista, y en vida del conde de Barcelona fue aceptado como rey por una parte de la Comunión Tradicionalista, entendiendo que en su persona convergían las dos vías y se clausuraba el pleito dinástico que proporcionó a los españoles tres guerras. Todo ello hace todavía más curiosa esta interminable historia de reyes duplicados o triplicados,

El panteón de los Reyes

Desde el día en que fue allí depositado, el ataúd con los restos del Conde de Barcelona aguardaba en el llamado “Pudridero” (la cámara donde se espera que los restos de los reyes y sus consortes se degraden para ser conducidos a los cofres del panteón de El Escorial), los monjes agustinos de la comunidad revisaban el proceso. En una de las últimas comprobaciones se advirtió que el cadáver apenas había experimentado cambios, debido al excelente estado de embalsamamiento. Por ello fue preciso abrir unos agujeros en el ataúd y rodearlo de un producto químico para ayudar a la naturaleza. Es como si el ahora llamado “Juan III” se resistiera a desaparecer de la historia, para ser definitivamente encerrado en uno de los dos cofres vacíos (Uno, reservado para su esposa y el otro para él, en el panteón real, justo encima de la puerta de entrada)

Juan Carlos decidió hacer rey a su padre a título póstumo tras un dictamen escrito por el historiador Carlos Seco Serrano, escrito un año después de la muerte de su padre. El dictamen, publicado en un especial que ofreció el diario “Abc” el 2 de abril de 1994 defendía que el padre del rey debía ser enterrado en el Panteón de Reyes bajo el nombre de Juan III por haber sido rey de Derecho, aunque nunca llegase a reinar. Don Juan, heredero de la dinastía cuando abdicó en él su padre, Alfonso XIII, fue jefe de la Casa Real de España, en el exilio, desde el 15 de enero de 1941 hasta el 14 de mayo de 1977, cuando renunció oficialmente a sus derechos en favor de su hijo, el rey Juan Carlos I. Curioso dictamen. Más serio, el constitucionalista Torres del Moral escribió que la renuncia a sus pretendidos derechos de don Juan fue irrelevante con respecto a la “legitimidad” de su hijo como sucesor de facto y iuri de Franco, por la que adquirió la condición de rey.

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Reyes por triplicado. / Mundiario. 

El 31 de marzo de 2013, el diario El Mundo descubría existencia de la fortuna de don Juan, depositada en Suiza y que frente a las estrecheces que se le atribuían, el padre Juan Carlos, en realidad, “murió rico- A su fallecimiento, el conde de Barcelona dejó una fortuna de 1.100 millones de pesetas, que incluía 728,75 millones en fondos depositados en cuentas en el extranjero. Lo de la herencia en Suiza no parecía nada patriótico. La apertura de su testamento revelaría un legado compuesto por propiedades inmobiliarias valoradas en más de 350 millones de pesetas: el chalé familiar de Puerta de Hierro (Madrid), un apartamento en Estoril y parte de un inmueble de oficinas en la Gran Vía madrileña. Pero, sobre todo, el grueso de su patrimonio lo constituían tres cuentas domiciliadas en Suiza, una en Ginebra y dos en Lausanne. De los documentos, se deducía que una cuenta especial "de usufructo", aparecida dentro del conjunto de bienes, podría ser en realidad la cuenta de socorro abierta por Alfonso XIII que refieren varios biógrafos: un depósito creado por el abuelo del rey para suministrar fondos a cualquiera de la familia que atravesara dificultades. El rey Don Juan Carlos resultó ser el mayor beneficiario del legado de su padre y recibió 375 millones mientras que sus hermanas, las infantas Pilar y Margarita recibieron 131 y 172 millones, respectivamente. Los albaceas recomendaron a los herederos no repatriar el dinero acumulado en el extranjero por cuestión de "imagen”. Al tenerse noticia de estos hechos, cinco partidos, PSOE, UPyD, IU, ICV y BNG mostraron su intención de pedir explicaciones al Gobierno, pero el asunto no prosperó.   Curiosamente, cuando el PSOE está en el Gobierno, como acaba de ocurrir, se aparea con el PP para impedir que se investigue a la Casa Real.

Lo que decía Rubalcaba en nombre del PSOE

Sobre este caso, La serie de iniciativas parlamentarias poco a poco se fueron diluyendo. En medio de esta polémica, el 7 de abril, en una rueda de prensa, el presidente Rajoy terció en el asunto para decir: "una gran mayoría de los españoles sigue apoyando la monarquía que "ha sido muy útil y muy provechosa para España”. Al día siguiente, en unas declaraciones a Onda cero, el jefe de la oposición, Alfredo Pérez Rubalcaba afirmó que el rey debe tener un estatus similar al de un político en cuanto a la declaración de su patrimonio: "Soy partidario de que el Rey tenga un estatus similar al de los políticos, con una declaración de bienes y patrimonio como tenemos los diputados, senadores...”. Al paralizar la Ley de la Corona no parece que el Gobierno de Pedro Sánchez se apunte a lo que anunciaba Rubalcaba.

Finalmente, mientras la Casa Real afirmaba tener la convicción de que el impuesto correspondiente a la herencia recibida por Juan Carlos se había liquidado, y ante las dudas generadas porque no aparecían los documentos del pago de los impuestos por su millonaria herencia suiza, el sindicato de Técnicos de Hacienda replicó que los datos tenían que estar registrados en la notaría donde se realizó la escritura de aceptación y en la comunidad autónoma donde se liquidó el impuesto. No en vano, el secretario general del sindicato de técnicos de Hacienda, José María Mollinedo, manifestó que el entonces rey Juan Carlos como cualquier otro ciudadano, puede autorizar a alguien de su confianza, como es el jefe de la Casa del Rey, a que le represente en la Administración tributaria y solicite esos datos y sugirió  buscar en la notaría: “Los notarios colocan una estampilla en el documento de aceptación de herencia para acreditar que se ha pagado el impuesto de sucesiones y tienen obligación de guardarlo”.

Dinero en Suiza, procedente de España

Don Juan fue vendiendo sus principales propiedades inmuebles, con las que logró acumular su fortuna en Suiza. El dinero, pues, procedía de España. Entre sus más lucrativas ventas, destaca la de la isla gallega de Cortegada, por 68 millones, donada por los gallegos a Alfonso XIII (precedente del Pazo de Meirás) a un constructor de Santiago de Compostela, más tarde vendida a su vez a la Xunta de Galicia. La isla fue parte de la herencia que le dejó Alfonso XIII.  La venta del Palacio de la Magdalena fue negociada con el primer alcalde de la era postfranquista que tuvo Santander, quien se propuso recuperar para la ciudad el singular edificio. El palacio fue valorado en 150 millones de pesetas. Con otro palacio, el de Miramar, situado en San Sebastián, consiguió reunir 102 millones de pesetas, tras traspasarlo al ayuntamiento de la ciudad vasca. Villa Giralda, su residencia en Estoril en el exilio, la vendió a un empresario alemán por 68 millones de pesetas. @mundiario 

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