¿Se ha ido desenganchando EE UU de Oriente Medio durante el mandato de Obama?

El presidente de EE UU, Barack Obama.
El presidente de EE UU, Barack Obama.

Para Irán, el desarrollo de tecnología atómica susceptible de uso militar es el lógico corolario, siendo su consecuencia paralela la más que probable nuclearización de Arabia por Pakistán.

¿Se ha ido desenganchando EE UU de Oriente Medio durante el mandato de Obama?

En medios de distintos países, el acuerdo entre Irán y el Grupo 5+1, integrado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU más Alemania, ha producido notas y acordes de un angelical optimismo, que pretenden sustentarse en una partitura sin consolidar escrita sobre un curioso pentagrama de siete líneas.

El asunto es suficientemente endeble como para que la Casa Blanca se haya dado prisa por enfatizar que los próximos seis meses serán decisivos para que el acuerdo adquiera solidez si el régimen iraní da los pasos correctos.

Este tema ha de ponerse en sordina, sabida la poca disposición del régimen a satisfacer los compromisos adquiridos en los foros mundiales.

Obama ha apostado fuerte para relanzar su imagen y se la juega en el envite, pero, al tiempo, puede situar a EE UU varios peldaños más abajo en la escalada de tensión con Irán desde la caída del Sha y la crisis de la embajada en Teherán.

Lo supuestamente mejor puede resultar sustancialmente peor y el país oriental extender su creciente influencia y presencia como potencia regional. Es lo que esperan el régimen baasista de Bashar el Asad, Hizbolá y los chíies de Irak, configurándose como contrapunto la constelación de los países del Golfo con Arabia Saudí a la cabeza.

La preocupación de estos países no sólo visualiza la progresión iraní hacia el Mediterráneo, también hacia el sur, es decir, hacia el Golfo, apoyando a una oposición insurgente en territorio saudí, Kuwait, Yemen del Norte y Bahrein. De este modo, el régimen de Teherán dispondría de una poderosa tenaza que asfixiaría al régimen de los Saud y estaría en ventaja estratégica para lanzar ataques contra Israel, poniendo contra las cuerdas a países como Jordania.

Para este gran plan geoestratégico de la administración iraní, el desarrollo de tecnología atómica susceptible de uso militar es el lógico corolario, siendo su consecuencia paralela o inmediata la más que probable nuclearización de Arabia por parte de Pakistán.

Ha sido un acierto por parte del gobierno israelí colocar en la agenda del liderazgo mundial el desarrollo del programa atómico iraní, pero siendo los resultados los que nos ha dejado la conclusión de las negociaciones, ahora es preciso abordarlos con la necesaria inteligencia.

El presidente Shimon Peres ha pedido cautela y juzgar sobre el terreno los resultados del acuerdo y Herzog, nuevo líder de Avoda (Partido Laborista) ha criticado al primer ministro Netanyahu por crear un clima de inquietud con sus palabras.

Lo cierto es que para unos y para otros dirigentes israelíes el asunto no deja de ser grave y espinoso, pues, por un lado, parece (algo también sospechado por los saudíes) que EE UU se ha ido desenganchando de la región durante el mandato del presidente Obama, a pesar de que sus palabras y las de John Kerry hayan venido a asegurar que los intereses de Israel están a salvo.

La democracia israelí ha de tener socios creíbles e influyentes para mantener su status en la zona y poder abordar el contencioso con los palestinos de forma sosegada, aspirar a tener vecinos que si no colaboren directamente, al menos no entorpezcan y que su voz se siga escuchando y se entienda, por tanto, es importante implementar políticas de cohesión interna que contribuyan a fortalecer la política exterior israelí en todas sus facetas.

Israel se debe a sí mismo
La cohesión interna es esencial en esta fase que se abre, no sólo para que todo el país se sienta involucrado en ella, sino además para que los aliados valoren esta circunstancia y obren en consecuencia. Pero, sobre todo, y esto creo que es lo esencial, Israel se debe a si mismo, como ha venido demostrándose a lo largo de su historia moderna. No se puede esperar otra opción, poseyendo Irán unas enormes reservas de gas y de petróleo, que le darían autonomía energética por mucho tiempo y una capitalización gigantesca, ¿para qué habría de necesitar ese país un programa nuclear sino para intimidar a sus vecinos y dejar expeditas su ambiciones hegemónicas en una zona tan inestable? El supuesto programa atómico civil no deja de ser una quimera.

 

¿Se ha ido desenganchando EE UU de Oriente Medio durante el mandato de Obama?
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